¿Cuál es la esencia real de Podemos?

Desde hace semanas se viene hablando de las luchas internas en Podemos. El día 11 de febrero celebran un congreso en el que decidirán su nueva estrategia política y su dirección. El fenómeno Podemos me resulta tan apasionante que voy a realizar una serie de entradas en estos días para analizarlo.

Podemos, hijo de la televisión y no del 15-M

La primera cuestión importante es señalar cuál es el origen de Podemos. Desde sus inicios, Pablo Iglesias trató de rentabilizar el movimiento del 15-M divulgando la imagen, falsa, de que ellos habían sido los impulsores de aquella acampada. No es cierto. Fuero los medios de comunicación y,  muy especialmente los linces de la cadena derechista Intereconomía, quienes (el día 25 de abril de 2013, dos años después) contribuyeron decisivamente a la popularización de la figura de Pablo Iglesias y le permitieron granjearse la imagen de representante oficioso del 15-M. Pueden ver el video colgado más arriba para ver esta primera intervención del presentador de La Tuerka. Lo cierto, y basta para ello con echar un ojo a la biografía de Pablo Iglesias en Wikipedia, es que durante los años 2011 y 2012, el señor Iglesias estuvo a sueldo como asesor de Izquierda Unida y de Alternativa Galega de Izquierdas. Es en 2013, tras ser catapultado a la fama por la televisión más derechista de España y luego aparecer de forma constante en La Sexta, cuando se dan las condiciones para que surja Podemos: el conocimiento de la población española de una nueva figura mediática. Es decir, como ocurre hoy con los escritores de moda (como Jorge Javier Vázquez)  la madre real de Podemos es la televisión, un medio en el que Pablo Iglesias ha demostrado sobradamente su habilidad, hasta el punto de granjearse una imagen que le asocia indisolublemente al 15-M sin merecerlo.

Podemos como grupo de amigos

Es más, al crear Podemos, Pablo Iglesias echa mano esencialmente de su grupo de amistades y no de las masas que llenaron la Puerta del Sol y desde el primer momento intenta dirigir de forma centralista la organización. No hay entre sus líderes ni un obrero, ni un empresario, ni nadie que haya tenido un empleo estable fuera de la universidad. “Todo para el pueblo, pero sin el pueblo”, que decían los amigos del despotismo ilustrado. Y es que es curioso y altamente significativo que un partido político que se reclamaba enemigo de la “casta” (ahora menos porque ya son todos diputados), este compuesto esencialmente por un grupo de amigos (tan amigos que incluso ha protagonizado romances con sonoras rupturas entre sí) y que además proceda del medio profesional más endogámico (superando incluso al Ejército) que hay en España: la universidad, una institución donde hay más  enchufes entre los profesores que en las paredes. Y es que si hay una casta en España, no les quepa duda, como señalamos en nuestra entrada anterior, es la de los profesores universitarios. De esa casta procede la que nos va a limpiar el país de la otra.

El hacha y la serpiente: Sociología de la Complutense

La base de Podemos es la facultad de Sociología de la Complutense. De ahí proceden Pablo Iglesias, Monedero, Bescansa, Errejon, Rita Maestre, Ramón Espiran y tantos otros. Ser profesor de esa facultad no quiere decir que sepan más que usted o que yo, sino que simplemente tienen un amigo allí que usted y yo no tenemos. Un apunte sobre la facultad de Sociología. Yo formé parte del Sindicato de Estudiantes durante los años 1986-1987 y era el encargado de ir allí a las asambleas como representante. El lugar, en plena época de los años de plomo del terrorismo etarra, era impresionante. En el aula magna, estaba dibujado, presidiendo la sala, el escudo de la ETA (ya saben, la serpiente y el hacha) rematado por las letras “Bietan Jarrai”. El decano de la facultad permitía esto. El rector de la Complutense también. ¿Se imaginan un congreso científico o una clase en el salón de actos de toda una facultad presidida por el escudo de una organización terrorista? Pues no se lo imaginen: era así. Este es el caldo de cultivo que ha hecho posible que estas personas sean profesores de universidad. Vean esta galería de fotos para hacerse una idea cabal de cómo son ahora allí las cosas.

Puño de hierro interno o la sombra de Lenin

Y desde el principio, Pablo Iglesias ha intentado que el control de la organización no se escape de su mano de hierro. Yo asistí por curiosidad a las asambleas de Podemos que planificaron su primer congreso y pude comprobar el funcionamiento estalinista de la organización. Recuerdo que en la asamblea de El Puerto se nos dijo que los círculos no podían consensuar propuestas con otros círculos para firmar documentos conjuntos para el congreso. No podían hacerse documentos conjuntos. En esa reunión les dije a sus simpatizantes que si no podían hacerse documentos conjuntos en su organización a nivel de la base, el resultado de las votaciones estaría claro: irían a Madrid centenares de documentos pero nadie los leería siquiera. Cada militante conocería el documento de su círculo y el de Pablo Iglesias. Por pura lógica, ganaría el único documento que conocerían todos los militantes antes de llegar allí, el de Pablo Iglesias, que salía todos los días por la televisión y lo difundía urbi et orbe. No me equivocaba. Pablo Iglesias salió elegido por abrumadora mayoría. Es también significativo que una fuerza política que proclama la mayor democracia y la mayor representatividad abogue sin embargo internamente por ser una organización con un fuerte poder centralizado por el jefe. Es el modelo organizativo del leninismo. Pablo Iglesias ha leído el ¿Qué hacer? de Lenin. Yo también.

Lobos y corderos en el mismo corral.

Desde su posición de líder absoluto ideó una estrategia (que fracasó) para tomar el poder en España durante 2016 y proclamó una y otra vez que su fuerza política había nacido para hacer que “el miedo cambiase de bando”, “para asaltar los cielos” y “para enseñar los dientes a los poderosos”. Un discurso agresivo que alternaba con otro un tanto naif  y hasta cursi con el que pretendía enamorar al menos a media España: la sonrisa de un país. Su intención era contentar a todas las personas que podían estar en contra del PP; desde los jóvenes inconformistas y radicales cercanos al separatismo y a los antisistema y a los progresistas desencantados del PSOE. Ser cordero y lobo a la vez. Trabajo complicado que ha estado en la propia esencia de Podemos desde el principio y que hasta ahora no les ha dado el fruto esperado. El futuro dirá si lo consiguen.

¿Quién teme a Donald Trump?

Durante los últimos meses, la prensa española y europea, se ha lanzado a una agresiva campaña contra Donald Trump (el nuevo lobo feroz) que ha sido secundada también por los políticos de todo el continente, exceptuando a Putin y a los partidos xenófobos y ultranacionalistas de la UE, como en Francia (Le Pen) o en Inglaterra (Nigel Farage). Y Donald Trump, que carece al parecer de complejos,  les ha dado material más que sobrado para alimentar su fuego. Comentarios y actitudes machistas (algunas calificadas como delictivas), gestos de megalomanía y poses más propias de un irascible chico de barrio que de un presidente de la mayor potencia del planeta, encargado (aunque él no quiera) de velar por la paz y el desarrollo mundial.  De este hombre, al final, a la prensa y a la Unión Europea en general no nos gusta ni el peinado. Tanto es así, que nada más conocerse su victoria, se decretó una cumbre de ministros de la Unión Europea para hacer frente común contra el trumpismo rampante.

¿Por qué se teme tanto a Donald Trump?

Pues tememos tanto a Donald Trump no por lo que nos pueda dar (que se imagina que no nos va a dar nada) sino por todo lo que nos puede quitar. Y eso son tres cosas: La OTAN, el comercio con Estados Unidos y la estabilidad europea.

El final de la OTAN enfrentará a Europa a su realidad pacifista

Si Donald Trump no paga la OTAN, automáticamente los europeos nos quedamos sin un ejército común, salvo que lo paguemos nosotros. Y teniendo en cuenta que el ejército más poderoso europeo es el británico y ya está fuera de la Unión y que el siguiente en número es el turco, pues eso quiere decir que no habrá ninguna decisión importante en la que los europeos tengan peso. De hecho, la avalancha de refugiados sirios que ha desestabilizado la Unión se ha producido porque Europa ha sido incapaz de intervenir allí, con lo que la población siria se  visto obligada a huir y además ha podido hacerlo sin que nadie lo impidiera. Una intervención militar en Siria habría evitado ambas cosas. En el fondo, Europa pagará el hecho de no gastar dinero en defensa y fiarlo todo al hermano mayor norteamericano. Será como hasta ahora, pero peor; porque todos los poderes medianos y fuertes, desde Marruecos a Rusia, sabrán que cada país de Europa, desde Polonia hasta España, se habrá quedado solo con sus propias fuerzas. Y eso quiere decir que países pacifistas estarán rodeados por países beligerantes. Eso se llama vulnerabilidad. Y como dice el adagio: “la debilidad invita a la agresión”.

La crisis del comercio mundial es la gran amenaza

En segundo lugar, Trump ha prometido a sus votantes (los más pobres de los norteamericanos) que no se importarán productos que puedan poner en peligro sus empleos. Eso quiere decir proteccionismo. Es decir, impedirá que las empresas americanas produzcan en China e impedirá que quien no produzca en Estados Unidos pueda vender allí. De hecho, ya ha amenazado a BMW con encarecer sus coches  con aranceles del 35%. Si Donald Trump hace esto, el comercio europeo y mundial con Estados Unidos decaerá con toda seguridad y eso quiere decir bajadas de salarios y pérdidas de empleos en todo el mundo. La riqueza que ha conseguido la población coreana, china, hindú o en Singapur está en peligro y con ella, el propio crecimiento internacional. Globalización o crisis. Esa es la disyuntiva. Y si hay crisis y guerras comerciales, las guerras de verdad acabarán también produciéndose. Los años treinta empezaron así.

La Unión Europea, con todo lo que implica, está en peligro

Finalmente, Donald Trump simpatiza con todos aquellos que quieren destruir la Unión Europea. Trump solo ha recibido a un político europeo y fue al líder del UKIP (el partido británico que ha alentado el Brexit). El Frente Nacional francés de Le Pen también le felicitó efusivamente. Este año hay elecciones en Francia y Alemania. Si en cualquiera de los dos países, las fuerzas anti-europeas vencen o se acercan a la victoria, la Union Europea estará al borde de la ruptura pues son ellos (sobre todo Alemania quien paga la fiesta). ¿Y qué pasa si se rompe la Unión Europea? Pues que se acabarán para España las ayudas comunitarias que da Alemania para hacer carreteras, pagar subsidios y realizar proyectos (esos que se ven con una bandera comunitaria). Además (y esto es lo peor para los que vivimos hipotecados) nos saldremos del euro y tendremos que devolver nuestra hipoteca en euros (o marcos alemanes, tanto da) mientras que volvemos a cobramos en pesetas, con lo que se encarecerá de forma considerable. Así mismo, las facciones internas españolas de separatistas y anti-sistema ganarían fuerza y adeptos, con lo que entraríamos inevitablemente ante una crisis nacional de dificilísima gestión. El paraguas europeo desaparecería y España se enfrentaría sola a un escenario muy similar al de los años treinta.

Todas este apocalipsis depende de lo que haga este hombre en los próximos años. Dios le ilumine. Y si no es así, a los demás, que nos pille confesados.

Rectores de copia y pega

Había una vez en ochenta universidades españolas (pues ahora las hay hasta en los lugares más insospechados) un ser humano muy prestigioso y, sobre todo, muy bien relacionado. Al parecer era un hombre que había estudiado mucho, por lo que decían de él que se había convertido en un profesor ejemplar e intachable, digno de ser imitado. Este hombre siempre tenía un padre (como todo el mundo) que era profesor universitario (no como todo el mundo) y tenía también un hijo que se parecía mucho a él (no en vano eran abuelo, padre e hijo) así que, para que le imitase completamente como un clon, decidió incorporarle a una profesión llena de riesgos, aventuras y desventuras: le hizo profesor universitario como él y como su propio padre (abuelo de la universitaria criatura). Podemos (y no queremos aludir con esto a ningún partido político) decir que copió y pegó a su hijo en la universidad, de la misma forma que había sido copiado y pegado por su padre. Lo llevaban en los genes (y no es que fueran una casta, ¿eh? ¡Hasta ahí podemos llegar!).

Pero su hijo (copiado y pegado en la tarima ante la pizarra; así, de repente) se aburría en la universidad. Esto de investigar era un rollo. Menudo petardo la costumbre esa de leer libros y, sobre todo, de extraer ideas propias. ¿De dónde iba a sacarlas si él mismo era una copia? Por otro lado, ni se le pasaba por la imaginación ser otra cosa en la vida que no fuera ser lo que habían sido su padre y el padre de su padre:  personal docente e investigador (eso es lo que dice en el contrato de todos los profesores universitarios). Si su padre y el padre de su padre le habían copiado y pegado ahí, por algo sería…

Lo malo es que había que ser además de ser humano, docente e investigador. ¡Ahí es nada! ¡Cómo si a todos se nos ocurrieran cosas que investigar! Eso era muy difícil, porque ¿a quién le importa realmente nada? ¿cómo se le puede ocurrir algo útil que investigar a quien ha nacido y se ha criado fuera de la realidad ajena al campus universitario? Pero claro; por otro lado, ¿cómo podía ser un ser humano como él personal docente e investigador sin investigar nada? Había que investigar algo, lo que fuera. Oía a otros compañeros que le decían que estaban investigando temas decisivos para la sociedad,  como el crecimiento del clítoris de las moscas del vinagre, la reproducción de los helechos arborescentes afectados por el cambio climático o la tasa agropecuaria de repoblación interprofesional y sus efectos en la economía del Valle del Tuérano.  ¡Qué rabia le daba su portentosa imaginación! Pero es que a él, Dios mío, no se le ocurría nada y, ,en el fondo en el fondo, la verdad es que todo le daba igual, salvo el calor de la calefacción de su despacho y su cómoda nómina mensual y vitalicia. Así que el primer día de investigación, tras pasar un par de minutos pensando, se desesperó. ¡Es que no se me ocurre pero nada de nada, recórcholis ! (porque este ser humano no dice palabrotas nunca). Así que a los tres o cuatro minutos se animó  a copiar. Y le fue bien. Le sentó mejor que un par de alprazolanes o un whisky doble: se le quitaban todas las angustias rápido. Era fácil,  iba a las bibliotecas, enseñaba su carné de docente investigador, pedía libros a los humildes conserjes (viles seres humanos sin capacidad investigadora por lo que cobraban bastante menos que él) y copiaba párrafos de lo que habrían escrito otros cualesquiera sobre cualquier cosa. Tras la copia, los escribía en su propia investigación con una sonrisa de genio.

El mejor día de su vida fue cuando aprendió que con un programa informático llamado Word Perfect se podían copiar y pegar textos enteros sin necesidad de hacerlo a mano. ¡Menudo chollo! ¡Esto de los ordenadores sí que era un invento! Copia y pega sin fronteras. Mientras tanto, las universidades se multiplicaban en España, por lo que cada vez había más seres humanos como él, copiados y pegados. Y todos eran amigos y se copiaban y pegaban todos sus trabajos de investigación sin delatarse unos a otros, por lo que todos acumulaban sus sexenios sin pestañear. Frases por aquí, parrafitos por allá, una media tesis por otro lado; porque, al final, ¿para qué estudiar nada? Para redondear la orgía de copia y pega, este profesor cortado y pegado por su padre daba clases y a sus alumnos les permitía también copiar y pegar. ¿Por qué no? ¿Acaso tenía que leerse esos rollos de trabajos que le presentaban? ¿Para qué? Buena nota a todo el mundo y a vivir, que son dos días.

Lo mejor era lo de los congresos de investigación. Viajes pagados por España (con suerte por medio mundo) para dejar de dar clase una semana y leer ante otros colegas generosos unos parrafitos copiados de un trabajo ajeno escrito hacía diez años y hecho rodajas de sabiduría por parte de nuestro ser humano tan finas que en cada congreso hacía una glosa amplificativa que luego servía en universidades de todas las latitudes. Los otros profesores asentían mientras leía monocorde y, generosos, aplaudían al finalizar. Así se garantizaban ir en otro congreso a la universidad de nuestro personaje.

Gracias a este mundo de copia y pega, el ser humano copiado y pegado por su padre y por su abuelo y por tanto, el mejor copiador del Reino, fue elevado a la dignidad de jefe de todos los copiones. Se reunía con otros jefes para pedirle al Gobierno más y más dinero para investigar. Y si no se lo daban, golpeaban la mesa con sus puñitos y se ponían a hacer pucheros. Luego, llamaban a los estudiantes y les convencían de que hicieran huelga para que el Gobierno claudicase. A cambio,  prometían a sus alumnos aprobados generales y notas altísimas a los que mejor copiaran.

Pero ahora parece que este hombre tiene problemas. le han pedido la dimisión y al final ha tenido que renunciar al cargo. ¿Pero, por qué, Dios mío? Si a él mismo lo copiaron  y pegaron allí. Si él no tiene culpa de nada… Porque vamos a ver, ¿qué culpa tiene él de que no haya ninguna universidad española entre los mejores ciento cincuenta del mundo? Si al fin y al cabo, su propia universidad ni siquiera sale en el ranking ese de Shangai…  Si es que son ganas de liarla….

La culpa de que no haya reválidas es de Franco

Ministerio de Educación, Madrid

En un artículo anterior, analizaba por qué el pacto educativo ha sido muy difícil en los últimos cuarenta años. Decía que había cinco sectores con poder social que situaban sus intereses como grupos por encima del interés social y del de los estudiantes. Esos cinco grupos son profesores universitarios, los partidos separatistas, los sindicatos y partidos de izquierda, la Iglesia y los centros concertados y los profesores de secundaria y maestros. Hoy quiero tratar las ampollas concretas que levantan las reválidas. ¿Por qué han sido  y son las reválidas la línea del frente de esta guerra educativa?

¿Qué son y a qué llamamos reválidas?

Las reválidas son exámenes que dan lugar a la obtención del título académico correspondiente. En Europa existen las reválidas en bachillerato en todos los países excepto en tres: Suecia, Turquía y España. Estos exámenes garantizan que los aprendizajes de todos los alumnos del país son similares pues las pruebas son organizadas estatalmente.

¿Por qué son buenas las reválidas o exámenes externos?

Aportemos el sentido común. Cuando contratamos un hotel o pensamos ir a un restaurante o hacemos cualquier compra, ¿acaso no acudimos a evaluaciones externas?, ¿o bien nos fiamos de la propia propaganda del local en cuestión sin obtener otras fuentes de información? Dicho de otra manera, ¿por qué existe la Guía Michelín o por qué seguimos los comentarios del Trip Advisor, el Airbnb o Booking? Pues porque son evaluaciones externas, reválidas. ¿Por qué pedimos auditorías en las cuentas de partidos y empresas? Pues porque son evaluaciones externas. ¿O es que a alguien le parece serio que un restaurante se posicione según su propia valoración en la Guía Michelín o un hotel se haga sus propios comentarios en Booking?

Las evaluaciones externas son una garantía de calidad.

Si los títulos dependen de los profesores de cada instituto, todos van a tender a dar por bueno lo que sea, pues si suspenden mucho, su propio trabajo será cuestionado. Es igual que si un cocinero pusiera en la puerta de su local. Aquí, el 50% de los platos están por debajo del 5. ¿Quién va a hacer eso?

¿Pero es que acaso quien paga el sistema educativo, la sociedad, no tiene derecho a evaluarlo?

Obviamente, sí. Es una cuestión de pura lógica y sentido común. Es la forma, además, de garantizar que el trabajo de profesores, alumnos y demás implicados en el sistema es correcto y que el dinero que se invierte en educación y se paga a los profesores está bien invertido. Los profesores universitarios se quejan de que los alumnos de los institutos están mal preparadores y echan la culpa a los de secundaria, y éstos a los maestros… Todos queremos ir a un hospital y que médicos, enfermeros, auxiliares y celadores estén bien preparados y sean amables. Las empresas quieren contratar graduados en Económicas que sepan su trabajo. Esto en España no está garantizado.

Además, las reválidas sirven para que haya una garantía de igualdad de derechos en todos los institutos de España. Al pasar el mismo examen final, todos los profesores se ven forzados a dar los mismos niveles en los centros de los barrios más humildes y en los pudientes y no como ocurre ahora, cuando los sectores más humildes reciben una educación de segunda categoría porque los profesores “se adaptan al contexto”. Hoy, lo cierto, es que el nivel de los institutos es radicalmente distinto. Todo el mundo sabe que las notas de Bachillerato o 4º de ESO se ponen en función de las necesidades de los alumnos para obtener una nota alta que les garantice el acceso a la universidad y la permeabilidad del claustro de profesores a estas presiones. Muchos padres cambian a sus hijos de instituto para llevarlos a los más “benevolentes”. Todo esto acabaría con las reválidas.

Las reválidas se parecen al cuento del traje del emperador (¿recuerdan?: ese que hacen un traje de mentira a un emperador que solo pueden ver los capaces para su cargo) porque son la prueba que  nos van a decir si el emperador va desnudo o vestido realmente; es decir, si el sistema es bueno o malo.

Entonces si son tan buenas… ¿por qué nadie quiere las reválidas?

Pues la respuesta está en el inicio de esa artículo. Los grupos de presión social que dominan el sistema educativo no quieren este sistema de reválidas. Veremos por qué razones.

Los profesores universitarios, verdaderos amos del sistema (son gente ciertamente preocupada por la educación), no quieren reválidas porque son almas tan caritativas que quieren que todas las personas (pero todas, todas) puedan acceder a la Universidad. Es por humanidad. No tiene nada que ver que la instauración de las reválidas supone que el grifo de acceso a la universidad dejaría de estar controlado por ellos. La conferencia de rectores universitarios ha estado machacando al Gobierno hasta que ha conseguido que el examen de selectividad siguiera siendo como hasta ahora; es decir, puesto por las propias universidades y diferente en cada comunidad. ¿Por qué? Pues porque eso les garantiza que el 97% de los alumnos aprueba y por tanto, ellos obtienen las subvenciones que otorga el Estado por cada alumno y, por tanto, les garantiza sus cómodos y vitalicios puestos de trabajo a todos. Si con reválidas de ESO y Bachillerato, la tasa de aprobados bajase al 60% (algo perfectamente posible), la conclusión sería lógica: el 40% de los profesores tendría que ir a la calle. Será imposible que estas buenas gentes estén a favor de las reválidas si no se les garantiza que ellos controlarán el proceso de acceso a la universidad.

Los separatistas tampoco quieren las reválidas ya que han sido elegidos entre los mortales para velar por las esencias de sus patrias inventadas y de bolsillo. Las reválidas las pone el Estado (esa odiosa España, ¡qué asco!) y de esta forma los alumnos tendrían que aprender Historia y Geografía y Literatura y Lengua española forzosamente Y ellos no quieren que los alumnos aprendan la cultura española. Será imposible que estén a favor de las reválidas salvo que estas no sean españolas, sino catalanas o vascas.

Los sindicatos y muchos profesores y maestros son muy buenas personas y se hartan de pedir dinero (al que le llaman calidad) para  el sistema educativo. Pero no quieren reválidas ya que tienen tal confianza en el sistema y en su propia capacidad  como profesionales de la enseñanza que no quieren destacar y ser bien considerados socialmente. Además, bajo ningún concepto quieren segregar a los alumnos y generarles un trauma. ¡Pobres niños! (o mejor chavales, que es la terminología que a ellos les gusta).. Lo cierto y verdad es que las reválidas suponen un elemento de calidad en el sistema que a ellos les aterra. Si se empieza a evaluar externamente a los alumnos, automáticamente se sabrá que tal instituto tiene un 86% de aprobados y otro el 50%, con el consiguiente quebradero de cabeza para esos profesores y centros. Llegará la temida diferenciación… Es más, si eso ocurre en un instituto, bien pronto se sabría qué profesores concretos de este centro garantizan e imparten mejor docencia que sus compañeros. ¿Para qué diferenciarse si todos unidos e iguales somos invencibles? Esto fragmentaría la igualdad por lo bajo que siempre defienden los sindicatos y abriría la puerta a procesos de diferenciación entre los buenos profesores y los malos, cosa que a estos últimos y a los sindicatos les aterra. Solo habrá apoyo de estas personas (que son la mayoría del sistema) a las reválidas si estas no son externas y son los propios profesores quienes ponen las notas a sus alumnos.

Y finalmente, la Iglesia y la patronal de los concertados están en contra de las reválidas (y por ello no han alzado la voz cuando todos los demás se han puesto contra ellas) porque ellos han trucado las notas de sus alumnos de toda la vida. Y esto lo sabe en España cualquier persona que se dedique a la educación. La privada pone mejores notas que la pública. Siempre. Y los maestros de la privada saben muy bien lo que tienen que hacer para mantener su puesto de trabajo y ser bien considerados por su patrón. Cualquier mecanismo que haga que la nota privada pierda peso o desaparezca sustituida por la pública está en contra de sus intereses.

¿Y cómo se defiende todo este conglomerado de intereses inconfesables?

Pues sin confesarlos. Ninguno de estos sectores va a confesar abiertamente que está en contra de las reválidas porque ponen en peligro sus intereses. Y entonces aparecen las divinas palabras  que, como en la obra de Valle Inclán, paralizan a todo el mundo: Las reválidas son segregadoras, injustas y sobre todo, franquistas. ¿Y quién quiere ser franquista salvo para usar el sistema sanitario de la Seguridad Social que fundó el franquismo? Vaya, nos hemos quedado solos, me temo…

Y con esta palabra mágica en la boca, los cuarto sectores sociales se van a los medios de comunicación que controlan  y la repiten sin pudor. Mientras la Iglesia calla… y otorga. Pase que en programas chabacanos y sin ningún rigor como el Intermedio ese chiste cuele, pero es que también aparece esta información en todos los medios separatistas, El Mundo, El País o la Cadena Ser y hasta en la propia Televisión Española, supuestamente controlada por el Gobierno. Y el resultado de todo ello es que  la sociedad española, malinformada y desarmada, acepta que el emperador no va desnudo sino vestido. Las reválidas son franquistas. Punto y final.

Así pues, difícil lo va a tener este país nuestro de cada día para dejar de ser uno de los tres países europeos que no tienen reválidas. Y la culpa, ya lo sabemos, es de Franco.

Los sueños sociales de unos son siempre las pesadillas de todos los demás.

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Ayer, 6 de diciembre de 2016,  en el Parlamento de España hubo diputados que quisieron marcar su oposición a la Constitución de 1978. Es para ellos una ley que supuso una traición y que no merece respeto leal. Es una ley que no les representa. También en algunas ciudades de España, grupos separatistas han ofendido nuestra ley suprema de diferentes maneras. Es evidente que hay muchas personas en España que cuestionan el marco social vigente. ¿Somos conscientes de lo que eso supone?

La democracia es ley antes que nada

Muchas personas creen que la democracia es votar. Y es cierto que esa es una parte de la democracia. Pero no es la única. El voto ha de tener límites para que un estado sea democrático. ¿Se puede votar en España que los negros o los judíos son inferiores? ¿Por qué no? ¿Acaso no tenemos derecho a votar y el pueblo es soberano? ¿Se puede votar en España que determinado líder político (o usted o yo mismo) es un imbécil? La respuesta es no. La Constitución garantiza sus derechos (y los míos). Por esa misma razón, hay otras muchas cosas que tampoco se pueden votar. Porque la ley que garantiza la estabilidad y la concordia, la Constitución lo impide.

Así pues para que haya democracia es  que haya una ley que garantice el derecho al voto y unas normas muy básicas que todos se comprometen a respetar siempre, pase lo que pase. En España esa ley es la Constitución de 1978 y quien la toca, solo la puede sustituir por otra que tenga más apoyo que la actual.

La democracia solo sobrevive en  la moderación

La democracia es siempre el terreno de la estabilidad y la moderación, del acuerdo y la cesión. De forma forzosa e imprescindible. Y cuando esto deja de ser así, es que estamos caminando, lo queramos o no, hacia el enfrentamiento y la guerra. Y por tanto, hacia el final de la democracia. Apliquemos el sentido común. Si en una democracia, un grupo de personas quiere cambiar las normas del juego y otros grupos  están en contra, el grupo renovador solo puede plantearse cambios menores y que no resulten traumáticos a los otros grupos sino quiere crear un enfrentamiento social. Si por el contrario, los cambios planteados son radicales y amenazan con modificar el estatus quo de los demás; es decir, el marco que ha garantizado hasta ese momento la convivencia entre todos, es seguro que la otra parte de la sociedad, que sigue aceptando el marco social vigente, que les ha garantizado la convivencia, se asustará y por tanto, se radicalizará para evitarlo. Esto es absolutamente lógico.

Es más, históricamente, cuando una de las partes se ha radicalizado, el clima social se ha ido tensando hasta desembocar en graves disturbios, asesinatos, revoluciones y guerras. Toda Europa vivió este proceso de radicalización durante los años 30 del siglo XX, una etapa histórica que acabó con la instauración del nazismo en Alemania, del fascismo en Italia, la Guerra Civil española y, finalmente, la devastadora Segunda Guerra Mundial. Todo esto costó decenas de millones de muertos. Ese fue el precio del fin de la democracia.

Los sueños tienen siempre un coste

Que nadie se engañe. Cuando alguien habla de que va a imponer sus sueños, al tratarse de ideas que están muy alejadas de lo que ahora ocurre (si no, no serían sueños), son a la vez la pesadilla de los demás. Los sueños de unos son obligatoriamente las pesadillas de todos los demás. Y esto lo vemos día a día con mayor insistencia en España.  Es muy fácil hacer la carta a los Reyes Magos y pedir que lo pague el vecino. Y es absolutamente ingenuo pensar que el vecino (que es el que tiene el dinero) lo va a pagar. alegremente. Si es poco el pago, se resistirá poco; pero cuanto mayor sea la cuenta, mayor será la resistencia. Esto es de una evidencia palmaria.

Y conseguir los sueños en la tierra no es gratis. Justamente porque son sueños.

Los sueños individuales nos exigen enormes esfuerzos personales, sacrificios, renuncias y pérdidas de todo tipo en aras de lo que queremos conseguir. Seamos deportistas, artistas o simples seres humanos que conocemos el esfuerzo que cuestan las cosas, sabemos que solo con el dolor se alcanzan los sueños. Con nuestro propio dolor, no con el ajeno.

Los sueños sociales también exigen esfuerzos personales, pero además de los nuestros exigen torcer la voluntad de muchas otras personas y obligarles a pasar por sacrificios que no quieren y no tienen por qué asumir. Y la cuestión no es si una cosa es más injusta o menos, porque lo que para unos es justo, para otros no lo será. No hay que quedarse solamente en lo que queremos o nos parece bien, sino que hemos de pensar de qué forma se puede conseguir y si estamos dispuestos a ese coste. Para hacer una tortilla hay que romper los huevos. Y eso no es justo ni injusto; simplemente es. Y solo hay una manera de conseguir sueños sociales, y es por medio de la violencia. “La revolución es la partera de la historia”, decía Carlos Marx, que era un revolucionario valiente y sin careta . Lo que todos los seres humanos hemos de preguntarnos es qué precio estamos dispuestos a hacer pagar a nuestros semejantes por imponer nuestros sueños sociales. ¿La represión y la cárcel? ¿los campos de concentración? ¿el atentado terrorista? ¿el asesinato? ¿la revolución y la guerra? Solo cuando hayamos contestado a estas preguntas, podemos seguir la senda de la radicalización y de los sueños.

La democracia es el sistema del cambio pacífico

Esto no significa que no se puedan cambiar las cosas. La democracia es el terreno del cambio posible y pacífico. La democracia permite que las sociedades han cambiado y cambian, diariamente, sin violencia. De la sociedad española de mi infancia a la actual hay cambios tremendos. La libertad política, el ingreso pleno de España en Europa y en el mundo occidental, la incorporación de la mujer al trabajo, la generalización de los anticonceptivos o la instauración de la informática en nuestras vidas han supuesto un cambio radical en la sociedad española. Todos esos cambios han sido posibles dentro del marco constitucional vigente. Un marco democrático y reformista. No fueron posibles en el marco anterior (el del general Franco), ni tampoco lo serían en el que nos prometen los que proclaman sus sueños, nos prometen asaltar los cielos y en la práctica gestionan las peores  pesadillas en Cuba o Venezuela, aunque ellos prefieran vivir aquí en este lodazal de corrupción. Sacrificados que son, sacrifican sus sueños por nosotros.

Querámonos a nosotros mismos y busquemos la concordia. Cualquier grupo que aspire al cambio de la Constitución de 1978 debe garantizar un consenso mayor que el que se consiguió entonces. Lo demás es conducir a la población (y no como Marx, con la verdad por delante, sino con engaños y embelecos) por la senda que lleva al enfrentamiento violento, al asesinato y la guerra.

¿Por qué es tan difícil el pacto educativo?

Congreso de los Diputados, MadridDe todos es sabido que en España no ha habido un pacto educativo nunca. ¿Por qué? ¿Es el diablo quien está detrás del asunto? ¿Por qué una cosa tan elemental no se lleva a la práctica desde hace cuarenta años? ¿Por qué la educación es siempre zona de litigio? Hoy hacemos una pequeña aproximación al asunto.

El lunes, la conferencia sectorial, que reúne a todos los consejeros de Educación de las autonomías con el ministro, fue una balsa de aceite. En las imágenes televisivas podíamos apreciar rostros muy sonrientes y cordiales abrazos. No era para menos. El ministro de Educación, Méndez de Vigo,  les había anunciado a sus adláteres la muerte de la LOMCE. Tal y como sucediera con la LOCE de Pilar del Castillo, la ley del PP no ha resistido dos asaltos. En su lugar, todos los partidos políticos se embarcarán en la creación de un pacto estatal por la educación.

¿Porque ese pacto no se ha producido hasta ahora? ¿Por qué el pacto es tan difícil?

Si ese pacto es tan necesario como todos sabemos, ¿por qué no se ha producido hasta ahora? Pues porque es muy difícil. La educación tiene en España un grave problema y es que las personas implicadas en la misma ponen sus propios intereses por delante del de los estudiantes y del propio país. Eso es lo que ha impedido (y va a dificultar enormemente) un pacto por la educación.

Los culpables o implicados

Pensemos quienes son los sectores implicados y al ver sus intereses, tomaremos conciencia de la dificultad de cuadrar el círculo. Haré un análisis del problema situando sus causas de mayor a menor.

Los separatistas

Por un lado están las fuerzas separatistas, que desde un inicio han concebido el sistema educativo  como el resorte ideal para hacer propaganda de su credo. Y así, comenzaron llevándose las competencias educativas a principios de los ochenta, prosiguieron diferenciando los currículos, prohibiendo o dificultando la enseñanza y el uso del español y ahora emplean  a los estudiantes criados por su sistema como ariete de la separación de España. ¿Cree alguien que una estrategia que les ha dado un éxito tan soberano va a ser abandonada con facilidad? El PSOE acaba de pactar con el PNV que Euskadi es una nación. ¿Una nación, la gran nación vasca, va a renunciar a tener un sistema educativo diferenciado?

Los profesores universitarios

Por otro lado están  los profesores universitarios y la universidad en general, que en España está sobredimensionada. En nuestro país hay unas cincuenta universidades (en California, nueve con cuarenta millones de habitantes), la mayoría surgidas al calor de la LOGSE. Para entender esto, hay que saber  que el profesorado universitario en España entra por enchufe directo. Las universidades desde 1975 han servido para dar trabajo a miles de personas cercanas a los partidos de izquierda (sobre todo PSOE y PCE) pues son los profesores en activo quienes enchufan a los que llegan nuevos por afinidad política. Esto es lo que explica que gran parte de los políticos sean profesores universitarios. Para llenar las universidades y dar trabajo a esta santa compaña es preciso que todos los alumnos  aprueben el bachillerato y que la selectividad o las reválidas no existan o no supongan una criba. ¿Por qué en la prueba de Selectividad, que controlan las universidades, aprueba el 97% de los alumnos? ¿Por qué es tan fácil aprobar ahora las carreras? Como en los juicios americanos, no hay más preguntas. Estos señores viven del sistema y no querrán bajarse de su posición. Están más preocupados por mantener su puesto de profesor universitario que por el futuro de sus alumnos al acabar sus estudios. De ahí su oposición al Plan Bolonia.

Los sindicatos y partidos de izquierda

Otra pata del banco son los sindicatos y las fuerzas de izquierda, que también esperan que el sistema educativo ideologice a los alumnos, preocupándose mucho más de que se les aleccione en  valores supuestamente progresistas como el pacifismo, el feminismo o el ecologismo que en que los profesores sean buenos y los alumnos aprendan sistemas de ecuaciones y sean evaluados objetivamente.. Es algo parecido a lo que hacen los nacionalistas, pero aplicado a la ideología de izquierdas. Para contar con más fuerzas en los centros impusieron los consejos escolares, ganando a padres indómitos en defensa de sus intereses (los de las fuerzas de izquierda).

Los centros concertados y la Iglesia

Otro elemento clave son los centros concertados, que están más preocupados por el dinero que les da graciosamente el Estado para pagar las nóminas de sus empleados y por la libertad para imponer sus criterios ideológicos y curriculares en los centros que por el futuro de los alumnos españoles. Esto quiere decir que a estos empresarios les va mejor cuanto peor vaya y más se desprestigie la educación pública, por lo que el deterioro de los centros públicos en los últimos veinte años les ha venido de perlas. No hay que olvidar tampoco que la mayor parte de estos centros concertados forman parte de la estructura de la Iglesia Católica, por lo que a sus intereses económicos se unen los religiosos.

Los profesores de instituto y los maestros

Y finalmente, forman parte del problema una gran parte de los profesores de instituto y de los maestros del sistema público, que están más preocupados por vivir de forma cómoda y tener un trabajo eterno que por el futuro de sus alumnos. Una parte importante de ellos ha accedido a la docencia y hasta se ha convertido en funcionario sin superar unas pruebas exigentes. A todos se les llena la boca de Finlandia, pero lo cierto es que las pruebas de cultura general para las oposiciones de maestro de la comunidad de Madrid fueron suspendidas por más del 80% de los maestros que se presentaban. Y preguntaban cosas como las provincias por las que pasa el Duero; es decir, los mismos conocimientos que ellos han de impartir. Esta es la situación real del profesorado en España. ¿Por qué muchos profesores no quieren reválidas ni ninguna prueba externa? ¿Acaso no le va mejor a un mal restaurante una guía Michelin donde cada uno se ponga sus estrellas?

Dios bendiga el pacto

Como podemos ver, son muchas las fuerzas más preocupadas por si mismas que por el futuro de los alumnos. Eso es lo que explica que no haya habido hasta ahora un pacto por la educación y eso es lo que explica que este pacto sea tan difícil.

En todo caso, hay también elementos a favor y es que por primera vez los partidos parecen decididos a hacerlo. Esperemos que sean capaces de cuadrar el círculo por el bien de todos. Ah, y que el pacto sea bueno… que esa es otra.

Nace Palabras de Agua y de Fuego

 

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Este blog se llama Palabras de Agua y de Fuego porque creemos en la fuerza de las palabras; más perdurables y verdaderas que las imágenes. Se llama Palabras de Agua porque queremos ser manantial que brote de la pureza, río que serene las conciencias y mar que reúna voluntades.  Se llama Palabras de Fuego porque queremos ser antorcha que guíe en la oscuridad, hoguera que caldee el alma y fuego que purifique la tierra.

¡Quiera Dios que lo consigamos!

Sobre la corrupción.

Hoy ha muerto Rita Barberá. Yo no sentía la menor simpatía por esta persona. No la conocía de nada. Sabía que estaba acusada de corrupción, como todos los españoles. Y cuando se ha pedido un minuto de silencio por su muerte en el Congreso, algunas personas, espoleadas por su líder, han abandonado el parlamento para no secundar la muestra de dolor. La razón oficial es que era una corrupta. Y puede que sea verdad. Ya lo dirán los tribunales.
Pero todo lo ocurrido es tan español, tan genuinamente hispánico, que no me resisto a comentarlo.

En España la corrupción no comienza con los políticos.. La corrupción surge en España hace siglos y recorre nuestra historia y literatura como cualquier persona con una cultura mínima conoce. De hecho, el género picaresco y su máximo representante, Lázaro de Torrmes es tan español como cualquiera de nosotros. Y se publicó allá por 1554. Los españoles somos corruptos y cínicos desde entonces, por lo menos.

Hace poco hablaba cordialmente con una persona que votaba a Podemos y me decía que estaba muy orgulloso de hacerlo. Se trata de un afamado profesor de música en una academia también muy famosa. Le llegan alumnos de otros continentes para recibir sus clases. Cuando le pregunté por qué votaba a Podemos, me contestó que estaba harto de los políticos y su corrupción. Entonces, yo le pregunté si él cotizaba a Hacienda todos sus ingresos. No se lo dije con acritud, sino cordialmente, con una sonrisa. Me reconoció que no, “pero es que eso es distinto”. Yo entonces le dije que la corrupción era coger agua de un río que no es nuestro y que la diferencia entre nosotros y un político es, simplemente, que el político tiene a su cargo el Amazonas, el Ebro, el Turia o el Manzanares y cada uno de nosotros un grifo en nuestro trabajo.

¿Quién no conoce a un chapucero que no hace facturas? ¿Quién no le ha contratado en alguna ocasión sin pagarle el IVA para que todo nos salga más barato? ¿Quién no ha dado o recibido clases particulares sin cotizar? ¿Quién no da dinero a un familiar sin dar parte del mismo (como es obligatorio) a Hacienda? ¿Quién no conoce a personas que han cobrado una paga del Estado mientras trabajaban? ¿Es que en España los bares, los pescaderos o los panaderos declaran religiosamente cuánto ganan? ¿Por qué España concentra más del 50% de los billetes de 500 euros de la UE? ¿Quién no conoce gente que se lleva hasta las toallas de los hoteles? ¿Quién no conoce a personas que trabajan para el Estado y han empleado su trabajo para llevarse a casa materiales diversos? ¿Quién no conoce profesores que ponen aprobados a alumnos sabiendo que deberían suspenderlos corrompiendo así el sistema educativo y el futuro de la nación? ¿Quién no conoce médicos que van a congresos pagados por las farmacéuticas o personas que se llevan materiales de los hospitales?

Y el día que estas personas se mueren, ¿acaso no vamos a su funeral?

España, tristemente, nunca ha dejado de ser corrupta y lo que no ha cambiado en 500 años, no lo va a cambiar nadie en dos días. Porque eso, como tantas cosas, no pueden cambiar. No pueden cambiarlas. Aunque se llamen Podemos. No seamos ingenuos.

Y no seamos tampoco cínicos, como los clérigos del Lazarillo. No seamos sepulcros blanqueados. Un señor de Zaragoza (que, al parecer, es discapacitado) no declaraba lo que pagaba a su cuidador. Otro señor recibía un piso por medio de un enchufe de una cooperativa y pegaba un pelotazo y se ganaba más de 20.000 euros. Otro cobraba una beca y no aparecía por su puesto de trabajo y su profesor le cubría las espaldas. Otro recibió 400.000 por un estudio que no declaró tampoco a Hacienda. Pero es que eso era distinto…

Antes de mirar la paja en el ojo ajeno, mira la viga en el tuyo.
Y quien esté libre de pecado, que tire la primera piedra.

Guía mínima para comprender a los demás

Es común que en el debate político se agreda, se insulte y se descalifique. Ello es comprensible porque todos tenemos vísceras, sangre y opiniones y muchas veces al exponerlas se nos olvida cuál es la finalidad verdadera del debate, que no puede ni debe ser otra que el encuentro de ideas para concordar lo que sea posible. Y eso no se consigue ni insultando, ni descalificando.
Hemos naufragado juntos y tenemos que vivir todos juntos en esta isla llamada España de forma obligatoria muchos años. Hagámoslo aplicando el sentido común. Hagámoslo en paz y concordia.
Llegan las elecciones, la investidura o cualquier otro acontecimiento político y leemos en Facebook a decenas de personas maldiciendo la victoria del PP e insultando a sus votantes como si fueran estúpidos o corruptos o encendemos una emisora y escuchamos a tertulianos ejecutando radiofónicamente a Pablo Iglesias. Ese no es el camino de la paz; ese es el camino que hace un siglo nos condujo a una guerra civil de la que pocos fueron culpables (en los dos bandos) y muchos víctimas (en los dos bandos).
La finalidad verdadera del debate democrático es alcanzar el pacto para caminar todos juntos. Y eso no puede hacerse desde la descalificación de quien piensa distinto de uno, sino intentando comprender las ideas de los demás. Creo que es muy importante cuando no estemos de acuerdo con alguien que pensemos que esa persona podría ser nuestro hijo y que con ese cariño le miremos y le escuchemos. Esto no solamente debe ser así por respeto, humanidad y bondad, sino que además es la única manera de alcanzar el nuevo pacto social. Nadie va a convencer a nadie después de haberle desautorizado, menospreciado e insultado. Así que lo inteligente y lo humano es escuchar a los demás valorando lo que dicen y explicando luego nuestros puntos de vista para intentar llegar a acuerdos.
Yo creo que hablo con personas de todos los signos políticos y soy capaz de comprender sus posiciones. Voy a intentar expresarlas intentando luego llegar al denominador común.
Comencemos por la derecha. Las personas que votan al PP no quieren que en España haya corrupción. Esta idea, a poco que la pensemos, nos daremos cuenta de que es absurda. ¿Cómo va a querer nadie la corrupción? Las personas que votan al PP creen que la corrupción es inherente a cualquier sociedad y muy singularmente a la española desde hace siglos. Y creen que habrá corrupción gobierne quien gobierne. Quieren que España sea un país próspero, unido, donde todos tengan su propio piso y su trabajo y que no haya un carné de identidad diferente y derechos diferentes en Cataluña, Galicia, Vasconia o Madrid.
Sigamos por Ciudadanos. Los votantes de Ciudadanos quieren también que España sea un país próspero, unido, donde todos tengan su propio piso y su trabajo y que no haya un carné de identidad diferente y derechos diferentes en Cataluña, Galicia, Vasconia o Madrid. Pero además quieren que se ataque radicalmente la corrupción política y económica y están convencidos de que acabar con esta lacra es posible y necesario.
Los votantes del PSOE también quieren que España sea un país próspero y unido donde todos tengan su piso y su trabajo pero comprenden que hay que admitir diferencias entre las distintas comunidades debido a su historia y a sus lenguas diferentes. Además quieren que se gaste más dinero en sanidad y educación garantizando el acceso universal a estos servicios sin observar si estas personas han cotizado más o menos (o no han cotizado nunca) a la caja común de la Seguridad Social.
Los votantes de Podemos no quieren que España se convierta en Venezuela, sino en un país próspero y unido de verdad y no por la fuerza, donde todos tengan su piso y su trabajo y admiten que las diferencias entre las distintas comunidades debido a su historia y a sus lenguas diferentes deben resolverse por medio de referéndums en las comunidades respectivas, porque eso les parece lo más democrático. Ponen lo que llaman “justicia social” por encima de todo y por eso quieren que se gaste más dinero en sanidad y educación garantizando una renta básica para todo el mundo sin observar si estas personas han cotizado más o menos a la Seguridad Social o no han cotizado nunca. Eso es lo que consideran justo. Creen que son las grandes fortunas quienes deben pagar el sobrecoste que estos gastos puedan producir porque eso les parece justo. Odian la corrupción y creen que la derecha está absolutamente corrupta por lo que debe ser desalojada del poder inmediatamente.
Los votantes del nacionalismo no quieren que España sea un país próspero y unido. Quieren irse del marco de convivencia común cuanto antes mejor y empleando los medios que les permitan hacerlo con la mayor facilidad y menor riesgo.
Creo que esta es la síntesis del mapa político español. A partir de aquí, las conclusiones. Y la mejor manera de llegar a acuerdos es viendo qué es lo que compartimos todos. En mi opinión, la mayoría de los españoles comparte las siguientes ideas:
1. La importancia de que el país prospere económicamente. Los españoles quieren en realidad cosas muy elementales y básicas. Una vivienda y un salario que garantice su acceso a los bienes de consumo (el coche, las vacaciones, el Smartphone e Internet) y el de su familia. La inmensa mayoría de los españoles desea adquirir productos y servicios más caros de los que hoy se puede permitir.
2. La unidad del país. A la mayoría de los españoles les gustaría que el país siguiera unido.
3. Hay que atajar la corrupción política y económica.
Esta es creo yo, el elemento que nos une a todos. A lo mejor, luego, cada cual, tiene sus propias ideas que pueden ir desde la prohibición del aborto hasta retirar las estatuas de Franco de las calles. Qué se yo… Pero para unir, si queremos unir, hay que partir del denominador común y no del divisionismo por el divisionismo. Tenemso que vivir todos juntos en la misma isla de forma obligatoria. Hagámoslo en paz, por favor.

Sobre la guerra civil española

Lo peor de la guerra civil española es que más de ochenta años después de su inicio, sigue influyendo sentimentalmente en la vida nacional. Ayer o antes de ayer, leíamos un mensaje breve de un joven político español (nacido en 1986) en el que proclamaba al mundo: “Somos los hijos de los obreros que nunca pudisteis matar. Somos también de los que perdieron la guerra civil.” Este joven reproducía el estribillo de una legendaria canción de La Polla Records “No somos nada” grabada cuando él tenía tan solo un año. Pero treinta años después su mensaje había conectado con tal fuerza con sus sentimientos que se había visto impelido a lanzarlo a los cuatro vientos.

Es imposible que las consecuencias de una guerra no influyan en la vida de los que nacen después de su final. Los descendientes de los musulmanes que perdieron la Reconquista y fueron expulsados de España hoy viven en Marruecos en uno de los regímenes musulmanes más democráticos del mundo árabe. Los descendientes de los cristianos que expulsaron violentamente a los musulmanes y repoblaron después Cataluña, Castilla, Valencia, Andalucía o Extremadura (es decir, nosotros) seguimos disfrutando de ese beneficio y vivimos en el mundo desarrollado y libre. De igual forma, los españoles que ganaron la guerra civil (y muchos de los que la perdieron. pero tenían hermanos, familiares o amigos en el bando vencedor) se aprovecharon para situarse en el nuevo régimen y acrecentar sus ingresos hasta alcanzar una sólida posición económica. Muchos de los políticos actuales de izquierdas (desde las viejas hornadas nacidas en 1940 hasta los descastados nacidos después de 1975), muchas de las personas que hoy se declaran de izquierdas (millones de personas) han disfrutado de un estatus económico y han alcanzado posiciones sociales elevadas gracias precisamente a que sus antepasados ganaron o se amistaron con quienes ganaron la guerra civil. Todavía no he conocido el caso de nadie que haya decidido devolver las propiedades que su familia amasó durante el franquismo o haya decidido desposeerse de los títulos universitarios que pudo alcanzar mientras millones de españoles no habían podido acabar la educación primaria. Esto, logícamente, sería absurdo y solo el hecho de plantearlo, entra en el terreno de la demagogia.

Así que, sabiendo que no podemos ni queremos subvertir el orden que nos ha situado en la cúspide de la escala social y ni se nos pasa por la imaginación irnos a Marruecos a vivir en Ouazarzate o devolver nuestras propiedades familiares a los musulmanes que dominaban Hispania o a las víctimas de la guerra civil, todo queda reducido al edificio sentimental que construyamos en torno a estas cuestiones. Y ese es, tristemente, el terreno en el que nos movemos cuando hablamos de la guerra civil. No una construcción objetiva y real, sino un edificio sentimental que se paga con el dinero, el presente y el futuro de todos.

Porque el relato de la guerra civil dominante es el de La Polla Records que tan sólidamente exponía en pocas palabras este político. Yo lo reduciré a nueve palabras. “Nosotros somos los buenos y ellos son los malos.” Observemos la primera persona del plural del presente de indicativo. “Somos”. Es nuestra esencia. Somos el resultado del conflicto. Y es que esta visión explica nuestro hoy político, no el de hace cien años.

¿Qué es lo que explica que el Partido Popular sea considerado el partido de derechas más reaccionario de Europa? ¿Su política social que ha mantenido los subsidios a los parados de larga duración? ¿Su política fiscal que recauda hasta el 47% de las rentas obtenidas por el trabajo si estas superan los 60.000 euros anuales? ¿Su política contra el aborto que lo ha conducido a seguir siendo legal? No, por pienso. Su estigma proviene de que son tratados como herederos de los vencedores de la guerra. ¿Qué es lo que hace que los partidos de izquierda (desde el PSOE a Podemos) simpaticen con el separatismo (profundamente insolidario hacia los obreros españoles en cada una de esas regiones) en vez de defender el derecho de un niño a ser educado en su lengua materna? El hecho de que los miren como hermanos de sangre en la lucha contra el fascismo. El Pacto de San Sebastián de 1930 sigue en pie casi un siglo después. Las fuerzas de izquierda, republicanas y separatistas unidas para luchar contra la dictadura y la monarquía. Si eso supone la quiebra del propio Estado que queremos construir es un daño colateral asumible. Esa política no la realiza ningún partido político de izquierdas en ningún país del mundo.

La guerra civl lleva décadas envenenando el corazón de millones de españoles (el de todos nosotros) que, obviamente, no vivimos la contienda y que tenemos una idea sobre la misma basada en lo que nos han contado otros que tampoco la vivieron. Según este relato, la guerra civil dividió en dos bandos a todos (o a casi todos) los españoles que, llevados por su ideología, se enfrentaron heroicamente durante tres años en campos de batalla.

Pues alegrémonos, amigos, porque este relato es falso. La guerra civil no dividió a todos los españoles en dos bandos antagónicamente enfrentados, como se nos ha contado. De otra forma, la convivencia tras el final de la guerra hubiera sido imposible. La guerra civil no enfrentó ideológicamente a todos los españoles. Eso no es verdad. España tenía entones 25 millones de habitantes. Tan solo 220.000 fueron voluntarios. El resto de combatientes (2.500.000) , la inmensa mayoría, se vieron obligados a combatir como soldados de reemplazo. Obligados. Y el resto de la población (el 99% restante) tuvo que seguir también el humor de estos 220.000 y de otros tantos que sembraron el terror allí donde pasaban o vivían. Pero la inmensa mayoría, los españoles como usted y como yo, pacíficos, asistieron a aquella explosión de violencia con estupor y sin poder hacer otra cosa que intentar sobrevivir a aquella carnicería. Fue una minoría la que se dedicó a aterrorizar a la población de los dos lados. No hacen falta millones de personas para asesinar o aterrorizar a todo un pueblo. Pongamos un poco de sentido común. Una barriada entera, un pueblo de treinta mil habitantes puede ser aterrorizado por treinta personas armadas, muy violentas y sin escrúpulos. Si hay una época de nuestra vida en la que la violencia física es cotidiana, es la infancia. Un solo niño de cinco años basta para aterrorizar y exigir pleitesía a toda una clase. Con un fusil y ante una población desarmada ese mismo niño violento, con veinte años más, aterroriza él solo a mil personas. Vean las fotos del asalto al Cuartel de la Montaña en Madrid. En una ciudad de un millón de habitantes combatieron en esos primeros días de fuego y plomo, tan solo unos centenares. A mí me lo contó Tuñon de Lara en el colegio como si toda la población de Madrid se hubiera lanzado contra el cuartel. Falso. La guerra civil fue el resultado de la locura de centenares de miles de personas violentas que impusieron su lógica brutal a muchos más millones de víctimas. Verdugos, personas a las que les gusta la violencia y la consideran legítima, contra víctimas. En ambos bandos. Esa es la verdad de la vida. Hay gente que disfruta desde niño violentando a otros. Cuando esa gente tiene ocasión, la emplean al máximo. Esa es la verdad de la guerra civil española.

Pero el relato de lo que ocurrió en la guerra civil la construyeron los perdedores en el combate y muy singularmente, los profesores universitarios del tardofranquismo. La mayor parte de ellos, cercanos al Partido Comunista. Era y es un relato interesado, que intenta hacernos creer que los españoles se dividieron en dos bandos gigantescos y que ellos son los herederos de los buenos, mientras que sus rivales políticos actuales son los herederos de los malos. Más lejos todavía, han intentado y conseguido que ese odio llegue hasta nosotros. No renunciaron a sus cátedras ni al estatus que alcanzaron en plena dictadura en una universidad pública que montó la propia dictadura mientras millones de españoles no podían ir al instituto. Ni pensaron en donar a los pobres su patrimonio familiar. Su petición de responsabilidades no llegaba a tanto. Ni siquiera acabaron culpando a sus propios padres (tampoco lo hace este joven político). Encontraron otro enemigo al que convirtieron en el chivo expiatorio de todos sus males y de su propia posición: el general Franco, el gran culpable de todo. Parece un relato infantil, pero es real y nos afecta cada día.

Que no nos envenenen, por favor. Hoy también nos rodean personas violentas, marcadas por el odio. Todos tenemos derecho a sentir, incluso a odiar y a estar resentido, pero nadie tiene derecho a imponer sus sentimientos como forma de quebrar la convivencia y la paz. Tengamos sentido común y busquemos la concordia. Alejémonos de los que hacen apología de la violencia. Difundamos el relato de la guerra civil que construye un futuro gris, sí, poco romántico, pero en paz y libertad, no el que reivindica la violencia gloriosa de amaneceres rojos.