¿Cambiar la Constitución o cambiar la ley electoral?

Desde hace años (y más desde hace meses) se oye que hay que cambiar la Constitución. Todavía más, la respuesta que el PSOE ha dado al órdago separatista catalán ha sido, precisamente, crear una comisión que estudie el cambio en la Constitución para dar “encaje” (eufemismo que quiere decir en realidad concesiones) a la ambición catalanista.

La supuesta crisis de Estado que vivimos no es en el fondo más que la consecuencia de una desafortunada ley electoral que nos ha condenado a la mayoría de los españoles a ser chantajeados constantemente por las minorías. Nos explicaremos.

Hay dos grandes focos que cuestionan el marco constitucional: los neocomunistas de Podemos y los separatistas. Para empezar, hay que señalar que con otra ley electoral ni unos ni otro tendrían el peso que hoy tienen. Con la ley electoral alemana, por ejemplo, no se hubieran sentado en el Congreso de los Diputados ni los separatistas catalanes, ni los vascos, ya que para acceder al Bundestag es preciso alcanzar el 5% de votos nacionales y CiU en sus mejores tiempos bailaba en torno al 3% (y no es ironía). Por otro lado, con una ley electoral como la francesa o la inglesa, Podemos no tendría apenas representación parlamentaria porque en esos países solo alcanza sillón parlamentario quien tiene la mayoría en una circunscripción y eso no lo consiguen los podemitas en casi ninguna provincia. Es decir, que los mayores focos de resistencia anticonstitucional se deben, no a la fuerza de sus votantes, sino a una ley electoral que alimenta la diferencia y que ha sido y es un permanente foco de inestabilidad social.

En las épocas anteriores, los separatistas del PNV o de CiU se valían de su voto en Madrid para ir arrancando concesiones al Gobierno de la nación. Es decir, para poder gobernar, los separatistas exigieron a Felipe o Aznar un chantaje. O me das más concesiones o no te apoyo. Lo malo es que el pago del rescate no lo hizo ni el PP ni el PSOE de sus propios fondos sino que pagaron usando como moneda la propia nación española (que es de todos), Es decir, fueron al casino de los trileros separatistas apostando no su propio capital, sino lo que no era suyo  y sí era de todos: la nación española.

Tras la crisis económica, ceder al chantaje se volvió  imposible porque, nuevamente ( y van tantas desde 1898) los separatistas explicaron que las causas de una crisis mundial eran una consecuencia de la opresión española. Y es que cualquier problema internacional, nacional o regional es explicado siempre por los separatistas como una consecuencia de la “opresión” española. El odio a la idea de España es la base de su pensamiento.

Además, tras la crisis, ha surgido de la órbita del viejo PCE más fundamentalista , un partido antisistema y neocomunista que trata de destruir la convivencia, simbolizada en la Constitución. Todo ello ha desembocado en esta crisis de Estado.

Las leyes electorales proporcionales garantizan la dictadura de las minorías

Las leyes electorales son filtros, que traducen los votos en bruto de los ciudadanos en fuerzas de poder político capaces de gobernar un país. Una ley que no garantiza la gobernabilidad es estéril, pues no cumple su función. De poco sirve ser puristas en este sentido. La práctica demuestra que los países en los que ese filtro es inexistente o poco eficaz, tienen gobiernos débiles. Es el caso de Israel, donde hay un sistema muy proporcional en el que un 20% de votos equivale casi a un 20% de diputados. Esto ha conducido a que sea casi imposible que el partido mayoritario (sea el Partido Laborista o el derechista Likud) gobierne en solitario, por lo que al final ha tenido que pactar traidcionalmente con los partidos religiosos,  que para realizar el pacto (como aquí´los separatistas catalanes y vascos) han ido poniendo condiciones cada vez más duras. En la práctica, por tanto, el modelo proporcional es el gobierno de las minorías por encima de las mayorías. Sí, igual que el 3% de CIU o del PNV imponían la política regional a Felipe o a Aznar por encima del deseo mayoritario de los españoles (con lo que la minoría se imponía  sobre la mayoría) allí el Shas imponía sus prebendas para las sinagogas y los judíos ortodoxos por encima de la opinión mayoritaria en Israel. Las consecuencias, en ambos casos, están a la vista: mayor radicalización de ortodoxos y separatistas, menor poder de la mayoría. Es decir, las leyes electorales proporcionales garantizan la dictadura de las minorías.

Las leyes electorales mayoritarias son garantía de estabilidad

Por contra, los países más estables políticamente son aquellos en los que el sistema electoral es abiertamente mayoritario. En  Inglaterra o Francia, para entrar en el parlamento hay que obtener la mayoría en una circunscripción. La segunda fuerza no tiene representación. Y no digamos la tercera: está directamente fuera del mapa. Eso quiere decir que los extremistas (que inicialmente siempre son minoritarios) nunca van a acceder al parlamento con lo que entrarán en un circulo vicioso. Al no entrar en el parlamento, no obtienen dinero de los presupuestos para financiarse, ni tienen presencia mediática, ni obtienen atención de los ciudadanos, con lo que, por lógica, acaban en la cuneta del tablero político. En Gran Bretaña, un partido como Podemos es imposible e inviable como partido gobernante. En Alemania, también, pero por otras razones pues el comunismo está prohibido por ley.

¿Qué ley nos conviene a los españoles?

Algunas personas plantean que se debe ir a un sistema de listas abiertas dentro de un sistema proporcional. Esto es un error que no va a arreglar nada. Nadie conoce a las personas que integran las listas de diputados que vota. De hecho, en el Senado hay listas abiertas y los ciudadanos votan a partidos.   Eso demuestra que esta propuesta no tiene mucho sentido, porque la población no va a hacerle caso.

Hoy, una gran parte de la población está cansada de los partidos. Pero hay un ámbito en que esto es diferente y es en las elecciones locales desarrolladas en los pueblos. ¿Por qué? Pues porque ahí las personas sí conocen personalmente a quién votan y votan a una persona y no a un partido. En el ámbito rural, el alcalde tiene mayor prestigio entre sus vecinos que el diputado entre sus votantes y se preocupa por sus ciudadanos, pues sabe que su permanencia en el cargo depende de ellos. Es más, es común que el alcalde que se ha pasado de un partido a otro haya seguido manteniendo el apoyo de sus vecinos. Esto hace que en ese ámbito la fuerza de esos partidos que emponzoñan la vida nacional sea menor. Aprendamos la lección y hagamos lo siguiente.

Circunscripciones pequeñas y voto mayoritario. Como en Gran Bretaña. Hay en España 35 millones de votantes. Eso quiere decir que en un parlamento de 350 diputados habría un diputado por cada 100.000 habitantes. Si doblásemos el número de diputados (lo que podría hacerse fácilmente suprimiendo el  Senado), habría un diputado cada 50.000 habitantes.

Hechas estas circunscripciones pequeñas al estilo inglés, nos encontraríamos con que Jerez tendría dos diputados y Alcorcón, uno (igual que San Sebastián). Mientras tanto, Gerona (que no llega a los 100.000 votantes) tendría que sumarse a los pueblos de los alrededores para tener un diputado. En las grandes ciudades, como Madrid o Barcelona, los diputados serían diputados de sus barrios y no de los partidos.

Una vez hechas estas circunscripciones el voto sería mayoritario. En cada ciudad y en cada barrio habría un solo elegido: el más votado.

¿Cambiaría la ley electoral el mapa político?

Los partidos perderían fuerza, pues dependerían de sus diputados y no al revés. Y esta fuerza de los diputados sería en realidad la fuerza de los ciudadanos.  Para hacer campaña en un barrio o en un pueblo no hace falta mucho dinero, hace falta que la gente conozca al candidato de toda la vida, de que ha vivido allí y ha hecho cosas por la comunidad.

El separattismo estaría muerto con un sistema así pues no podría chantajear a la mayoría nacional. ¿Estaría en duda la Constitución? ¿Habríamos estado sometidos a la dictadura separatista estos últimos cuarenta años? ¿Se habrían aprobado las discriminatorias y segregadoras leyes lingüísticas catalanas y vascas?

El comunismo también estaría muerto, pues es una fuerza forzosamente minoritaria y que solo alcanza el poder porque otra fuerza también minoritaria la apoya como demuestran las alcaldías que controlan. Podemos no ha sido mayoritaria en ninguna de las capitales en las que gobierna.

En síntesis, hablamos de reformar la Constitución, hablamos de radicalización, de crisis de Estado y a veces hasta de guerra civil. Y no merece la pena tanto dolor y tanto sufrimiento como hemos vivido en Cataluña. Reformemos la ley electoral en las líneas más arriba planteadas y todos los españoles seremos más felices y viviremos con mayor paz y armonía. Seguro.

¿Hay sentido común en el sistema educativo y la sociedad?

A menudo se afirma que el sentido común es el menos común de los sentidos. ¿Y qué es el sentido común? El uso del razonamiento lógico para resolver los problemas que nos interpone la vida cotidiana. Es decir, están relacionadas con el sentido común capacidades como la inteligencia y la lógica. Actuar con sentido común supone prever qué puede ocurrir en una situación dada anticipándonos a las consecuencias de nuestros actos y optando por la solución mejor, que nunca es la óptima. Es decir, supone aplicar el razonamiento hipotético deductivo y asumir que las utopías no forman parte del paisaje cotidiano y que hay que pactar con la realidad para alcanzar avances prácticos. Supone que cada vez que pensamos en una determinada medida, nos planteamos cuáles serán sus efectos reales en la población y si estos son perniciosos, por buena que idealmente sea la medida, no la realizaremos. Es el realismo por encima del idealismo.

Contra el sentido común se oponen el dogma y el prejuicio; es decir, no el pensamiento lógico, sino la creencia o el principio moral. Es el idealismo por encima del realismo.

Cualquier que haya leído hasta aquí creerá que nos estamos refiriendo a ese conjunto de dogmas de fe, axiomas y creencias que conforman las religiones. Y es cierto, de eso también hablamos; pero no solo de eso, sino también de los sistemas morales que acaban siendo un obstáculo para el desarrollo lógico y natural de las cosas y que, por tanto, acaban creando perversos círculos viciosos en la política o la educación, que es el caso que aquí nos ocupa. En la actualidad, los paladines del prejuicio, los maestros y sacerdotes del pueblo, no acuden a Dios o a la fe, sino a principios morales que nos hablan no de cómo son las cosas, sino como deberían ser (como deberían ser para estos individuos, por supuesto). Y estos monjes del prejuicio, estos maestros de pueblo, imponen su credo a todos los demás sin pensar en las consecuencias de las medidas que pretenden implantar. Las cosas deberían ser así y punto. Y si no lo son, nos negamos a aceptar la realidad. Ese es el círculo vicioso e insano del pensamiento apriorístico, que, como en el cuento del emperador, obliga a todo el mundo a decir que el emperador está vestido aunque esté desnudo.

Pondremos algunos ejemplos referidos al sistema educativo, donde hay legión de maestros de este tipo. El sentido común y la observación de la naturaleza en general y de los seres humanos en particular, nos muestra las enormes diferencias que existen entre unos seres humanos y otros. No hay hombre igual a otro; ni mujer igual a otra mujer.; ni mucho menos hombre igual a una mujer. Es más, cuando nosotros vamos a adquirir un producto o requerir un servicio, somos conscientes de que lo mejor es que sea personalizado e individualizado; cuanto más personalizado e individualizado mejor, pues por pura lógica (por puro sentido común) responderá mejor a los intereses de cada cual. Eso es el realismo y cuando cada uno paga las cosas de su bolsillo, busca exactamente esto. Y cuando acepta un producto no individualizado es por abaratar costes, no porque crea que es mejor.

Sin embargo, la moral dominante en la actualidad es la del igualitarismo, que no es la igualdad de derechos con la que estamos de acuerdo, sino la creencia de que todos los seres humanos somos iguales. Ese virus tiene totalmente infectada la sociedad y también el sistema educativo. Y por ello, en el sistema educativo (que no olvidemos, paga el Estado) obligamos a alumnos que naturalmente no tienen el menor interés por estudiar a que estudien porque deberían sentir ese interés. Obligamos a seres humanos activos y poco sedentarios a los que les gusta esencialmente moverse y hacer cosas más que discurrir sobre ellas (lo cual es perfectamente respetable) a que se sienten durante seis horas en una clase aunque los supuestos beneficiarios crean que están perdiendo el tiempo. Como creemos que lo bueno  y asumible es que titule el 85% d los alumnos que hacen ESO, pues nos dedicamos a facilitar los aprobados sin pensar en las nocivas consecuencias que eso tiene para la sociedad y que ya se están manifestando en todos los órdenes.

El sentido común también nos dice que las experiencias y la moral aprendida en el sistema educativo por un joven repercutirán en su vida y en toda la sociedad futura con lo que la actitud y moral de los enseñantes es clave. ¿Cómo explicarle a un ser humano que ha aprobado hasta una carrera universitaria sin dar un palo al agua (lo que como todo el mundo sabe es hoy moneda corriente) a que las cosas cuestan un esfuerzo? La salida natural a este tipo de existencia es la petición de una renta básica sin trabajar: es decir, el pan y circo romano. Y así, hoy ya hay organizaciones políticas que plantean en sus programas electorales dar dinero a muchas personas solo por el hecho de haber nacido. Se supone que eso es bueno porque es humanitario. Otra vez se impone el idealismo y la moral cristiana sobre el sentido común. ¿Qué ocurrirá si tal hacemos? ¿Que nos dice el sentido común? Pues obviamente que muchísimas personas no querrán esforzarse ni trabajar y se convertirán en parásitos de los que si trabajarán. Si estas ideas se extienden por parte de demagogos, maestros y sacerdotes del pueblo, el choque social está servido. Y la caída de la producción también. Al final, no trabajará nadie.

¿Por qué hay tanta gente contaminada de prejuicios morales? Ya Piaget señalaba que la mitad de la población era incapaz de desarrollar el pensamiento hipotético deductivo. Creo que una parte de la explicación va por aquí. Son recetas sencillas y moralmente agradables. ¿Quién no quiere ser solidario, buena persona; es decir, un buen cristiano o un comunista de buen corazón?

Por favor, apliquemos el sentido común a todo y neguémonos a escuchar las ideas de los moralistas, los maestros y los sacerdotes del pueblo.