¿Por qué el PP no va a formar gobierno? 

Este será un artículo breve. Ayer fueron las elecciones generales. Los resultados son estos:

 DiputadosVotosPorcentaje de voto
PSOE1227.760.97031,70%
SUMAR313.014.00612,31%
ERC7462.8831,89%
JUNTS7392.6341,60%
EH BILDU6333.3621,36%
EAJ-PNV5275.7821,12%
BNG1152.3270,62%
TOTAL BLOQUE GOBIERNO1791241170250,68%
PP1368.091.84012,39%
VOX333.033.74412,39%
CC1114.7180,46%
UPN151.7640,21%
TOTAL BLOQUE PP17111.292.06646,11%

Esto quiere decir que el PSOE formará el Gobierno de España si consigue 172 votos en la segunda votación por mayoría simple. Para ello solo hace falta que alguno de los partidos de su bloque se abstenga y los otros voten a favor, cosa perfectamente posible. Es decir, este bloque ha ganado las elecciones y el bloque de derechas las ha perdido.

A partir de estos resultados, cada formación ha hecho su valoración. Los vencedores están exultantes, pues temían la derrota y los perdedores están dolidos pues creían que la victoria estaba al alcance de su mano. Los tres ideas que se han lanzado desde esa especie de analistas, llamados tertulianos de derechas, son que el electorado español ha validado las políticas de Pedro Sánchez, que el PP ha sido estúpido en su campaña al atacar a VOX buscando el voto de los socialistas desencantados y que el votante de VOX es culpable, pues no ha concentrado el voto en el PP. Creo, humildemente, que la clave no está ahí sino en que hay dos regiones de España en las que se vota de forma totalmente diferente al resto del territorio nacional. Esas dos regiones son la Comunidad Vasca y Cataluña. Veamos los datos.

Resultado electoral sin la Comunidad Vasca y Cataluña

 Diputados
PSOE98
SUMAR23
BNG1
TOTAL BLOQUE GOBIERNO122
PP128
VOX31
CC1
UPN1
TOTAL BLOQUE PP161

Así pues, no son correctos los análisis antedichos. En primer lugar, el votante de VOX sí ha concentrado el voto (igual que han hecho las izquierdas) y eso es lo que explica que ambas formaciones pequeñas (VOX y SUMAR) hayan sufrido una importante caída (en el caso de VOX de 51 a 33 diputados). El problema para la derecha es que en dos comunidades autónomas, el PP y VOX no consiguen un resultado mínimo para aspirar a gobernar España. 

Cataluña

 DiputadosVotosPorcentaje de voto
PSOE191.213.00634,49%
SUMAR7493.59814,03%
ERC7462.88313,16%
JUNTS7392.6341,60%
TOTAL BLOQUE GOBIERNO402.562.12163,28%
PP6469.11713,34%
VOX2273.0237,76%
TOTAL BLOQUE PP8742.14021,1%

Comunidad Vasca

 DiputadosVotosPorcentaje de voto
PSOE5289.82625,27%
SUMAR1127.03111,07%
EH BILDU5274.67623,95%
PNV5392.6341,60%
TOTAL BLOQUE GOBIERNO161.084.16761,89%
PP2131.78911,07%
VOX029.0432,61%
TOTAL BLOQUE PP2160.83213,68%

Y a partir de ahí, ya se pueden hacer las valoraciones que se quieran. Pero si no se identifica con claridad la situación, difícilmente se puede analizar para buscar sus causas y sus consecuencias políticas

¿Por qué me hice de derechas?

Muro de Berlín con los nombres de los asesinados al intentar escapar de la Alemania comunista.
De DoD – DoD photo, VIRIN DF-ST-92-00211, Dominio público,
Campo de trabajos forzados Perm-36. Rusia comunista.
Gerald Praschl – Own work
Hambruna en Ucrania provocada por la colectivización forzosa. Fotografía de una calle de Járkov realizada por Alexander Wienerberger en 1933.

Este artículo está dedicado, con todo el cariño, a todas esas personas que son amigas mías y que son de izquierdas. No tiene otra finalidad que exponerles serenamente mi postura ideológica, esperando a cambio el mismo cariño y comprensión que yo siento por ellas.  

Apelo a nuestra amistad para pediros que lo leáis hasta el final. ¡Gracias!

Tratamos con muchas personas de izquierda

En mi vida cotidiana tengo trato, como cualquiera, con muchas personas de izquierdas. Es más, a lo largo de mi vida he tratado con mas izquierdistas que derechistas, pues yo mismo fui uno de ellos durante muchos años. Y es por ello que tengo mi propia opinión sobre las personas de izquierda formada a partir de mi experiencia. 

Por lo general, las personas de izquierda en España se muestran alegres, abiertas de mente, afables, tolerantes, honradas, llenas de buenos sentimientos hacia la humanidad e imbuidas de los valores más elevados. 

En ese trato cotidiano creo que mis amigos de izquierdas descubren en mí un espejo de ellos mismos y ven en mí sus mismas virtudes, con lo que nuestra relación es siempre afable y cordial. Por eso somos amigos. Si no les advierto que están ante un adversario ideológico, creen que yo soy de izquierdas también, por lo que se quedan bastante extrañados y hasta desorientados cuando comienzo a expresar abiertamente mis ideas políticas o les digo directamente que soy de derechas. 

¿Y qué es ser de derechas?

Explicaremos en primer lugar que, al igual que las izquierdas, las derechas son una región ideológicamente muy amplia que incluye a los liberales, los demócratas cristianos, los conservadores, etc. Así pues, antes de todo, se trata de identificar los denominadores comunes de todas las derechas. Yo creo que podríamos señalar los siguientes:

  1. El convencimiento de que la economía de libre mercado, con todas sus desigualdades, es el motor de la sociedad, pues es la que genera más riqueza y permite vivir mejor a la población de todas las clases sociales. 
  2. El respeto a la propiedad privada como fundamento del orden y el progreso social.
  3. La creencia en la necesidad de unas leyes democráticas y de un Estado nacional o supranacional que vele por su mantenimiento y las haga cumplir (si es preciso por la fuerza) por encima de cualquier otra consideración.
  4. La creencia en que la democracia parlamentaria es el mejor de los sistemas políticos conocidos. 
  5. La igualdad de derechos entre todos los ciudadanos del Estado sin discriminación de ningún tipo.
  6. El convencimiento de que la separación de poderes es básica para que la sociedad minimice en lo posible la lacra de la corrupción política y social. 

En todos estos aspectos, las izquierdas proponen y desarrollan políticas diferentes a las derechas. Las izquierdas, además, creen que sus políticas tienen una superioridad moral sobre las ideas de derechas y, por ello, una vez alcanzado el poder, las ejecutan sin el menor reparo; esto es, sin detenerse a pensar si de este modo pueden dañar la convivencia o fracturar la cohesión social. 

¿Por qué yo soy de derechas? 

Yo fui de izquierdas aproximadamente hasta 2002 e incluso voté por correo a Rodríguez Zapatero en las elecciones de 2004. Es decir, mi voto no estuvo condicionado por el atentado del 11M, pues había votado la semana anterior ya que salía de viaje. 

Así pues, ser de derechas, en mi caso, es el resultado de un proceso. Y creo que, precisamente por eso, merece la pena hacer un esfuerzo y explicar a estos amigos por qué yo me hice de derechas y cuál fue la travesía ideológica que realicé para llegar a las ideas en las que hoy creo. 

Yo me hice de derechas porque el principio de la realidad se impuso sobre el ideal. Es decir, lo posible se puso por encima de lo deseable. Y esto se produjo porque llegué al convencimiento de que el ideal socialista era una utopía irrealizable que, empaquetada en un envoltorio muy atrayente, solo podía conducir a la violencia, la miseria, el crimen y el terror. Era el alma de un monstruo escondida en el cuerpo de una ninfa. 

¿En qué consistía mi visión del socialismo?

Inicialmente, como a todos los izquierdistas, las ideas socialistas que me habían inculcado mis maestros comunistas del colegio Siglo XXI en mi infancia me parecían las más justas, igualitarias y humanas. ¿Cómo no abrazar un credo que aspira a que todos los seres humanos seamos iguales y vivamos holgadamente como hermanos sin que exista la pobreza, la maldad  y la corrupción sobre la faz de la Tierra? Solamente personas dominadas por la avaricia, el egoísmo y la maldad podían oponerse al socialismo. ¿Qué es lo que había detrás de una empresa capitalista? Unos burgueses sedientos de dinero que, como lobos, estaban dispuestos a someter, explotar y hasta matar para aumentar sus beneficios y defender sus privilegios a costa de lo que fuera. Y cómo es la maldad quien era en realidad nuestro oponente, los socialistas teníamos derecho a combatirla con todos nuestros medios, violencia incluida. Y esa violencia era pura y divina porque era producto de la búsqueda incansable de la especie humana en pro del progreso, la justicia y la bondad. Tras ese último combate violento contra la burguesía y el capitalismo, se abriría una nueva era, que supondría el final de la historia: el paraíso socialista, en el que, como decía Marx, todos los seres humanos trabajarían en lo que quisiesen las horas que deseasen y se dedicarían al arte y a disfrutar de su tiempo libre. Esta idea aparece en el Manifiesto Comunista y es el ideal socialista ortodoxo. También en la letra de la Internacional (que siguen cantando los militantes socialistas y comunistas de todo el mundo) podemos verlo con claridad. 

Del pasado hay que hacer añicos,
legión esclava, en pie, a vencer,
el mundo va a cambiar de base,
los nada de hoy todo han de ser.

Para hacer que el tirano caiga
Y el mundo siervo liberar
Soplemos la potente fragua
Que al hombre libre ha de forjar.

Agrupémonos todos
en la lucha final
del género humano
en la Internacional.

El eje central de la ideología socialista es el necesario combate por la igualdad económica entre los seres humanos. Y, por tanto, el fin irrenunciable es la aspiración a una sociedad sin clases, en la que nadie parta ni viva con ventajas sociales. Todo lo que no sea así es una injusticia social que es inmoral y, por tanto, debe combatirse por todos los medios.

Esta visión cuasi religiosa y este lenguaje apocalíptico son los mismos que yo mismo tenía desde la infancia cuando el comunismo ocupó el mismo espacio emocional y práctico que en otras personas ocupaba el cristianismo. Esta visión religiosa de la política es la que justifica moralmente cualquier acción (incluso violenta) de la izquierda: hay un fin moral superior en la ideología socialista que justifica cualquier medio empleado, por violento que sea. Como decía el propio Marx, “no hay nada más arbitrario y autoritario que una revolución”. 

¿Por qué podemos decir hoy que el socialismo ha fracasado históricamente?

Pero el acierto de una idea política no se mide por su finalidad moral, sino por sus efectos prácticos, por sus consecuencias reales. Con esto no queremos decir que la política haya de ser amoral y no buscar el bien común, sino que ese bien común debe ser posible, efectivo, real y no una simple utopía imposible y, por tanto, engañosa, frustrante, y por ello, perversa, pues conducirá a sus seguidores y a la propia sociedad a la destrucción y al pasado en vez de al progreso y al futuro. El propio Marx dejó escrito que el socialismo tendría derecho a existir y a sustituir al capitalismo en tanto en cuanto desarrollase más que el capitalismo las fuerzas productivas; es decir, el socialismo tendría derecho a la existencia siempre que fuera capaz de crear más riqueza y más productos que el capitalismo. Marx nunca imaginó que el capitalismo pudiera hacer que los obreros vivieran mejor bajo el capitalismo que bajo el socialismo. Y lo cierto, casi doscientos años después de Marx, tras la existencia de la URSS durante setenta años y de la China comunista desde casi cien y tras los desastrosos experimentos socialistas en los cinco continentes, es que es un hecho incuestionable que las sociedades capitalistas ofrecen un nivel de vida y de derechos democráticos que son incomparablemente superiores a los de las sociedades socialistas. Eso es lo que explica (mejor que cualquier argumento teórico) que los pobres de todo el mundo emigren a los países capitalistas y nunca al revés. Todos los países socialistas, sin excepción, han provocado un exilio forzoso de sus respectivas poblaciones. En el socialismo solo viven bien sus élites dirigentes. 

¿Por qué el capitalismo es el mejor de los mundos posibles conocidos?

Así pues, lo que hay que preguntarse no es qué sistema es superior, pues esto está fuera de toda duda, sino por qué es mejor el capitalismo. 

De nada sirve imaginar un mundo donde llueva de abajo arriba, por justo que sea, sí esto no es posible que ocurra jamás. De nada sirve pedirle a un león que no coma carne. De nada sirve pedirle al ser humano que no se mueva por su propio interés individual, porque, aunque haya seres humanos que en determinadas circunstancias no actúen así, la historia de la humanidad demuestra que el motor fundamental de nuestra especie es la mejora de las condiciones de vida individuales de cada persona. Este deseo está siempre por encima y por delante de la búsqueda de la mejora social. Es el caballo que hace avanzar el carro del progreso, la técnica y la historia. Esto podrá gustarnos más o menos, pero es así incluso entre los dirigentes socialistas desde Lenin a Kim Yu Sun (digno heredero de su padre Kim Yu Sun) pues, una vez alcanzado el Poder, siempre han buscado y conseguido para sí y para sus familiares los mismos privilegios que criticaban. 

El eje de la existencia humana es la satisfacción de los deseos personales, sean estos cuales fueren. Y precisamente por ello, la política debe conjugar, siempre en la medida de lo posible, el beneficio individual de sus integrantes con el avance social. ¿Y cuáles son esos deseos personales? Por norma general nuestros deseos primarios tienen que ver fundamentalmente con la alimentación, la satisfacción de las necesidades sexuales y afectivas, el disfrute de posesiones materiales, el poder y la adquisición de conocimientos. Estos deseos se darán en cada persona en diferente orden y en diferente medida, por supuesto. 

¿Por qué se equivocan los socialistas?

Esta es la realidad humana que los socialistas no toman en consideración al plantear sus ideas. Piensan en sus ideas de forma abstracta. ¿Son buenas? ¿Son justas? ¿Son ideales? Sí, sí y sí. Pues entonces no hay más que valorar. ¡Luchemos por ellas! 

Y esta lucha de los socialistas (final o ultima, que decía la Internacional) es la que desencadena la tremenda tragedia que durante el siglo XX provocó millones de muertos de hambre y hace que todas las personas que viven bajo la esclavitud del socialismo quieran escapar de él jugándose la vida huyendo de Rusia, de China, de Cuba, de la República Democrática Alemana, de Hungría y de todas las llamadas irónicamente  “repúblicas populares”. El Muro de Berlín lo levantó el socialismo para que los seres humanos del lado socialista no pudieran pasarse al “terrible e injusto” mundo libre. La realidad demuestra que Estados Unidos, el país más terrible y desigual del mundo, es la Tierra Prometida donde la “famélica legión” espera encontrar su oportunidad para mejorar como seres humanos. Esta es la verdad. Como dijo Kennedy en su viaje al Berlín sitiado en 1963: “Nuestra sociedad es imperfecta, pero no hemos necesitado nunca levantar muros para que las personas no se puedan escapar.” Y esto es una verdad incuestionable.

Esta realidad es ignorada por las teorías socialistas, pero no por sus dirigentes que, en cuanto acceden al Poder, lo primero que hacen es robar las viviendas y propiedades de los antiguos opresores para ocupar ellos mismos sus puestos. Esto ha ocurrido en Rusia, China, Cuba, Nicaragua y en todos los países que han caído bajo el yugo comunista.

La vida real y el ser humano tienen sus propias normas que se han manifestado de forma indefectible durante los miles de años que nuestra especie ha existido. Y esas características humanas han de ser los límites en los que ha de moverse la política si quiere realmente cumplir su objetivo de mejorar la vida humana. 

La política ha de buscar el progreso social de forma realista y efectiva

No vale de nada tener las ideas más bonitas y refulgentes si en la práctica no producen los efectos deseados. No se puede valorar la bondad de una ley sin calibrar las consecuencias reales que produce. 

Y ahí es precisamente donde el socialismo ha demostrado en todas las ocasiones en que se ha llevado a la práctica, sin excepción alguna, que sus leyes y sus políticas han conducido a sus naciones a la pobreza, el éxodo, la represión, el crimen generalizado y la muerte, bien por enormes hambrunas, bien por el uso del Terror como arma política. 

Este punto que acabo de señalar, el de los efectos reales del socialismo, es crucial y es el que los socialistas no pueden o quieren ver. Unas personas no pueden verlo porque son incapaces de acceder a una información real sobre lo ocurrido en Rusia, China, Cuba o en el régimen republicano español. ¿Por qué? Pues porque la maquinaria propagandística y cultural del socialismo es muy potente y la mayoría de los transmisores culturales de Occidente (profesores universitarios, artistas, intelectuales, publicistas y periodistas) creen honestamente que el socialismo es la ideología que supone el mayor bien moral y la protegen como oro en paño. Así, de forma sistemática, cada vez que conocen los continuados fracasas socialistas los achacan a la maldad personal de tal o cual dirigente (Stalin, Mao o Castro, por ejemplo) y así ya no llaman a su sistema “socialista “ sino que hablan de “estalinismo”, “maoísmo” o “ castrismo”. De este modo, la idea mantiene su bondad incólume. 

Así, llegar a la verdad supone buscar entre muchísimas obras literarias e históricas las que reflejan esa verdad de forma incontrovertible y eso es muy difícil porque las élites ideológicas establecen una barrera, un “cordón sanitario” (obsérvese como a la censura se le pone un nombre aséptico) para que su sola mención procure urticaria en las personas de izquierda. Basta con que esa élite cultural eleve una ceja contra esas obras para que los socialistas de todo el mundo eviten la lectura de Archipiélago Gulag o La casa eterna. Como dato significativo es conveniente señalar que la única entrevista que ha desaparecido del archivo de TVE es precisamente la que José María Íñigo realizó al autor de Archipiélago Gulag, Alexander Solchzenitsin, en 1976. Incluso recopilar imágenes que ilustren este artículo en la Wikipedia es harto complicado, pues no hay fotos que muestren los crímenes, las muertes por hambre y los millones de exiliados que ha provocado el genocidio comunista desde 1917. Por el contrario, encontrar fotos que ilustren el genocidio nazi es extremadamente sencillo.

¿Por qué las ideas de derecha son mejores que las ideas socialistas?

Y ahora, una vez explicado por qué el socialismo no “ha demostrado su derecho a la existencia” (como decía el propio Marx) pasaremos a explicar por qué son mejores las ideas de derecha que enunciamos más arriba una a una:

  1. El convencimiento de que la economía de libre mercado, con todas sus desigualdades, es el motor de la sociedad pues es la que genera más riqueza y permite vivir mejor a la población de todas las clases sociales. 

El ser humano busca obtener mejores condiciones vitales para sí y para sus seres queridos. Este es un deseo humano y natural. Eso le lleva a discurrir acerca de cómo obtener esos bienes y riquezas. Y para conseguirlas por medios lícitos busca satisfacer las necesidades de otras personas. El emprendedor gana dinero siempre y cuando consiga satisfacer algo que necesite otra persona. Esta necesidad puede ser material o espiritual. Es decir, al ser humano le gusta moverse: viajar por placer y también necesita moverse para conseguir cosas. Y por ello algunos seres humanos crean desde el inicio de la historia vehículos que satisfagan esa necesidad. Quien hace coches gana dinero en la medida en que sus vehículos satisfagan las necesidades de los compradores. Al darse el libre mercado, el ser humano puede elegir el coche que más se ajuste a sus necesidades. El precio acabará siendo, precisamente por la competencia, el más ajustado posible respetando el beneficio del productor. Ese beneficio debe mantenerse pues es el motor de la riqueza. Es decir, si no hay beneficio, no hay producto ni tampoco innovaciones tecnológicas, que surgen del beneficio obtenido. Nadie arriesga su dinero y monta un negocio si no piensa obtener un benéfico. Si no hay beneficio, no se desarrollan las fuerzas productivas ni se crea nueva riqueza. Esto es así y no puede ser de otra manera. Yo recuerdo a un conocido socialista que no comprendía eso hasta que se metió en la plataforma llamada Bla, bla, car. Ofertaba viajar a otras personas y, lógicamente, no sólo tenía en cuenta el precio de la gasolina, sino todos los costes que el coche le suponía. Y a eso le añadía una cantidad que a él le parecía justa por conducir y ofrecer su coche valorando el tiempo que él dedicaba a llevarles y a hacerles el viaje agradable manteniendo el vehículo limpio y cuidado. Cuando yo le dije que se estaba convirtiendo en un capitalista, me dijo que no, que su caso era diferente. Y, efectivamente, para él era diferente porque su coche no era su medio de vida, pero la lógica que aplicaba para fijar el precio del viaje era la misma que emplea cualquier empresario. Lo mismo me pasó con otro conocido que vendía bocadillos de forma ilegal por la noche en la Gran Vía madrileña, que ofertaba los bocadillos a un precio que le hiciera ganar algo de dinero y que resultara atractivo a los clientes para competir con los establecimientos legales. Eran capitalistas, sin quererlo y sin saberlo. Pero ambos eran de izquierdas….

Lógicamente, el sistema capitalista tiene sus problemas, sus injusticias, sus disonancias y hasta sus crímenes. El ser humano es egoísta por naturaleza y por ello debe haber leyes y un Estado que controlen este egoísmo, pero sin impedir que exista el libre mercado y la creación de riqueza. Es decir, hay que controlar y castigar a quienes venden productos sin pagar sus impuestos o en malas condiciones, a quienes estafan, a quienes se asocian con la competencia para fijar precios abusivos, a quienes corrompen a gobernantes para ganar dinero o se dejan corromper por ellos para obtener contratos públicos, pues todo eso se produce. Pero a pesar de que eso existe, el capitalismo ha demostrado indiscutiblemente desde su aparición que es un sistema que crea más riqueza que el socialismo y es capaz de ofrecer un nivel de vida y de libertades personales que supera con creces a ningún otro sistema habido en la historia de la humanidad. Y esto es indiscutible. 

El otro gran problema que se le critica a este sistema es la desigualdad social. Y esta es cierta y es absurdo negarla. Pero la desigualdad es algo natural. Todos los seres humanos queremos diferenciarnos de los demás. Y para eso tenemos un nombre por el que nos gusta ser llamados con cariño. Nuestro camino de construcción personal, es precisamente, un proceso de individualización. Eso es natural. La desigualdad es lo natural en la especie humana. Así que, efectivamente, este sistema genera desigualdad, pero al generar tantísima riqueza, hasta los más pobres viven mejor que esa inmensa mayoría igualada en la miseria en las sociedades socialistas. Es perfectamente asumible socialmente la desigualdad si el nivel económico de la clase más baja es más alto que el del socialismo. 

2. El respeto a la propiedad privada como fundamento del orden y el progreso social.

Esta es la base fundamental del sistema. Las personas gastan sus energías y su tiempo y arriesgan su dinero para obtener riquezas para sí y sus seres queridos. La propiedad privada garantiza que esas riquezas alcanzadas serán suyas y de sus seres queridos cuando ellos mueran. Efectivamente, esto también entraña un problema moral. ¿Y las personas que por su herencia o cómo efecto de donaciones pueden vivir sin trabajar? Es cierto que esto es así y no es deseable, ni moral ni materialmente. Pero nuevamente, es una lacra del sistema que hemos de admitir para que el sistema funcione en su conjunto. Si no se permitiera la herencia, las personas intentarían donar sus propiedades a quienes deseasen en vida y si esto también se prohibiera, las personas dejarían de crear riqueza, pues al no poder disponer de sus bienes libremente, desaparecería el aliciente que los lleva (también a nosotros) a la creación de la riqueza.

3. La creencia en la necesidad de unas leyes democráticas y de un Estado nacional o supranacional que vele por su mantenimiento y las haga cumplir si es preciso por la fuerza por encima de cualquier consideración.

Como decíamos antes, no hay ninguna sociedad perfecta, pues está compuesta por seres humanos. Y dentro de los seres humanos anida el mal: la envidia, la corrupción, la avaricia, el crimen, el robo, el asesinato… Es preciso que haya una institución que monopolice legalmente el uso de la represión y la violencia para imponer unas leyes de forma que los individuos por violentos o poderosos que sean no osen enfrentarse al bien común.

El Estado nacional, además, debe velar por su propia integridad y mantener como un principio básico la represión de todas aquellas fuerzas que estén en su contra y pretendan desintegrarlo, sean estas fuerzas separatistas o anticapitalistas.

4. La creencia en que la democracia parlamentaria es el mejor de los sistemas políticos conocidos. 

Ese Estado es mejor cuando tiene un funcionamiento democrático porque, como dijo Churchill, con todas sus tensiones e imperfecciones, la democracia es el más detestable de todos los sistemas conocidos exceptuando todos los demás, pues permite que el Poder cambie de manos de forma pacífica y de acuerdo con las preferencias de un sector mayoritario de la sociedad. 

5. La igualdad de derechos entre todos los ciudadanos del Estado.

Este es un elemento fundamental, pues es la base de la movilidad social y esta movilidad es imprescindible para que los sectores más humildes confíen en sus posibilidades de progreso individual. Es en este sentido, absolutamente vital, que el Estado garantice a todos sus ciudadanos una educación de calidad y un sistema meritocrático que permita, efectivamente, esta movilidad social.  Algo parecido podemos decir de la sanidad. Es preciso que todos los habitantes tengan derecho a la educación, a la sanidad y a otras prestaciones sociales que permitan la movilidad social, sin que esto suponga que no pueda hacer instituciones educativas o sanitarias privadas. 

6. El convencimiento de que la separación de poderes es básica para que la sociedad minimice en lo posible la lacra de la corrupción política y social. 

La democracia no es simplemente el resultado de unas elecciones ni un Gobierno salido de las urnas. Esas votaciones y ese Gobierno deben hacerse realidad de acuerdo con los principios del Estado, cuyas normas fundamentales estarán expresadas en una Constitución. No se puede votar contra ninguno de sus principios; es decir, no se puede votar por disolver el Estado, ni por deponer el derecho a la propiedad, ni a favor de las discriminaciones personales, ni por acabar con el sistema demócratico. No se puede votar para establecer leyes de discriminación sexual o racial. Estas leyes han de estar por encima de las votaciones, pues son las que garantizan la creación de riqueza y la seguridad jurídica. Nadie invertiría en un país que corra riesgo de desintegrarse o en el que pueda ser abolida la propiedad privada. Debe existir un parlamento que apruebe leyes de acuerdo con esa Constitución. Debe haber, así mismo un poder ejecutivo que se encargue de gobernar el país de acuerdo con las leyes que fije el Parlamento. Estos tres poderes deben ser elegidos de forma totalmente independiente y ha de evitarse en la medida de lo posible la intromisión de uno en el ámbito de los otros. 

A estos tres poderes ha de unirse la libertad de prensa y de expresión organizada libremente como el mejor mecanismo de control del poder legislativo, ejecutivo y judicial.

Conclusión

Todo esto es lo que pensamos los ciudadanos que somos de derechas. Queremos una sociedad que funcione bien y que permita el desarrollo individual de todo el mundo. No somos monstruos. Somos personas que creemos en lo que decimos y tenemos el mismo derecho que tú a exponerlas, votar por ellas y defenderlas. 

No espero tu adhesión, pero sí tú respeto. Muchas gracias si has llegado hasta aquí. 

Saludos cordiales. 

PD: Si quieres saber más, te recomiendo que leas La casa eterna de Yuri Slezkine o que veas la serie de documentales Apocalipsis, la guerra de los mundos en RTVE play.

Sobre los términos “fascismo” y “fascista” y su función social

Introducción

Desde el surgimiento del fascismo en Italia en los años veinte del siglo pasado hasta la actualidad, los términos “fascismo” y “fascista” han seguido una gran evolución semántica que tiene que ver con su función pragmática-social. Resulta interesante seguir este proceso, pues da cuenta de la extraordinaria movilidad de los significados que se produce en los vocablos relacionados con los discursos políticos y de su estrecha relación con las necesidades políticas de quienes los crean, emplean y modifican.  

¿Qué fue el fascismo en sentido estricto? 

Como bien sabemos, el fascismo es el nombre del movimiento político creado y encabezado por Benito Mussolini en los años veinte del siglo pasado. 

El fascismo combinaba el totalitarismo político con la presencia de elementos económicos socialistas (como la intervención estatal en la producción, los salarios y el mercado) y un exacerbado nacionalismo. Tenía, por tanto, similitudes con los idearios de los nazis alemanes y los comunistas rusos. Los parecidos con los comunistas rusos estribaban en el carácter revolucionario de su movimiento (esto es, la utilización de la violencia para alcanzar el poder y mantenerse en él), la prohibición de los partidos opositores, la negación del liberalismo económico y político y el control de la producción por medio del llamado “corporativismo”. 

¿Qué diferencia hay entre el fascismo y el comunismo? La propiedad privada

Las diferencias entre el fascismo y el comunismo estribaban en que, mientras que los comunistas no respetaban la propiedad privada, los fascistas sí lo hacían, aunque poniendo a las empresas bajo la autoridad del Estado. Es decir, en el fascismo, el patrón seguía siendo el dueño de su empresa, pero no tenía libertad plena para dirigirla, ni para optimizar su beneficio, sino que estas decisiones dependían total o parcialmente del Estado. En el comunismo, la empresa era expropiada y el patrón perdía su propiedad, pasando la misma a ser propiedad del Estado y siendo gestionada por las personas que el Estado designase.

¿Qué diferencia hay entre el fascismo y el comunismo? La supuesta participación democrática de la población.

Los comunistas señalan como otra diferencia el hecho de que en su régimen, son los obreros quienes detentan supuestamente el poder político y eligen sus representantes democráticamente. Pero en la práctica, todos los regímenes comunistas desde la URSS hasta China se han caracterizado, como todos sabemos, por la existencia de un partido único y una dirección política a cargo de la elite del Partido Comunista, de la misma forma que el régimen de Mussolini también tuvo su propia elite dirigente y también hacía elecciones restringidas.

Tabla comparativa entre democracia liberal, fascismo y comunismo

Simplificando, podemos comparar los sistemas políticos y sociales en esta tabla en la que observaremos que entre el comunismo y el fascismo hay más parecidos que diferencias.

Regímenes liberalesFascismoComunismo
Acceso al poder exclusivamente por vías democráticasAcceso al poder mediante elecciones o la violencia revolucionaria.Acceso al poder mediante elecciones o la violencia revolucionaria.
Libertades políticas y elecciones libres.Régimen de partido único. Censura. Represión violenta de los oponentes políticos.Régimen de partido único. Censura. Represión violenta de los oponentes políticos. 
Libertad de prensa y de expresión. Utilización sistemática de la violencia, la cárcel y el asesinato contra sus enemigos políticos.Utilización sistemática de la violencia, la cárcel y el asesinato contra sus enemigos políticos.
Libertad de empresaEconomía planificada por el Estado.Economía planificada por el Estado.
Existencia de propiedad privada.Existencia de propiedad privada.Ausencia de propiedad privada.
Control de la empresa por sus propietarios.Participación del Estado en el control de las empresas.Expropiación y nacionalización de las empresas.

¿Qué designan los términos “fascismo” y “fascista” hoy día? El proceso de generalización y envilecimiento.

Sin embargo, el significado de estas palabras en la actualidad es mucho más amplio de lo que fue en sus inicios hace cien años. Desde el punto de vista semántico, se han producido en ellas dos procesos: los llamados “generalización” y “envilecimiento”. 

Llamamos “generalización” al cambio semántico que supone que el significado de una palabra pase a designar algo más general o amplio de lo que designaba originalmente. Y así, mientras que en los años veinte, “fascista” se aplicaba de forma estricta a los seguidores de Mussolini, hoy día se emplean los términos “fascismo” y “fascists” de forma generalizada refiriéndose como “fascismo” no a ese movimiento concreto sino a todas las ideologías que se consideran autoritarias, poco democráticas o directamente violentas y de la misma forma se definen como “fascistas” a quienes se considera que defienden estas ideas. 

Además ambos términos (“fascismo” y “fascistas”) han sufrido un proceso de envilecimiento, pues han pasado de designar de forma neutra a los fascistas originarios (que entonces y ahora se siguen proclamando como tales de forma orgullosa)  a utilizarse como insulto individual y colectivo, con connotaciones claramente peyorativas.  

¿Cómo y por qué se generalizó y envileció el término “fascista”? 

El vocablo “fascista” dejó de ser una denominación objetiva, con significado denotativo como seguidor de Mussolini y comenzó a ser utilizado como insulto con significado connotativo contra quienes no eran realmente fascistas a finales de los años veinte. Esta obra de modificación semántica se debió al comunismo ruso, sus ideólogos y propagandistas.

Comenzó por el uso del vocablo “social-fascista”, que fue una creación de la Internacional Comunista (Komintern) en su VI Congreso en 1928 para atacar a sus (entonces) enemigos socialdemócratas. Inicialmente, este término se empleó como insulto y forma de señalamiento y aislamiento contra los partidos socialistas europeos en una época en que los comunistas pugnaban por diferenciarse nítidamente de todo aquel que no fuera comunista. Recordemos que los enfrentamientos entre estos partidos socialistas y comunistas habían sido muy fuertes llegando en algunos lugares al asesinato como ocurrió en Alemania. Los comunistas habían escindido la II Internacional y creado la III Internacional o Komintern acusando a los socialistas de “criminales”, “revisionistas” y “traidores” a la clase obrera. Recordemos que, por ejemplo, el líder obrero de la UGT y del PSOE, Largo Caballero, que luego sería llamado el “Lenin español”, formó parte del gobierno del dictador Primo de Rivera. Así, los miembros del PSOE o del SPD alemán pasaron a ser llamados por los comunistas “socialfascistas”.

Pero tras la llegada de Hitler al poder en 1933, el VII Congreso de la Internacional Comunista de 1935 impulsó por toda Europa la creación de “frentes populares” con los partidos socialistas, por lo que los socialdemócratas pasaron de ser enemigos a ser aliados de los comunistas. Por ello, se dejó de emplear el término “socialfascista” y se pasó a generalizar el término “fascista” para designar de forma genérica a los principales opositores al comunismo, que dejaron de ser los socialistas para ser todos los grupos de derecha. Durante la Guerra Civil española, el término se generalizó todavía más, pasando a designar no solo a los seguidores de Falange, sino a los militares, a los religiosos y sus fieles católicos y a las personas de clase media o alta independientemente de su ideología. Todos ellos pasaron a ser “fachas”. Podemos ver ejemplos de este análisis, por ejemplo, en la interesante obra de Clara Campoamor La revolución española vista por una republicana reseñada aquí.

El termino “fascismo” y su función pragmática como chivo expiatorio

Hay una parte de la humanidad que muestra una evidente tendencia a desviar sus problemas y errores hacia los demás. De esta forma, de verdugos o culpables pasan a mostrarse como víctimas. Con esto consiguen limpiar su conciencia, desviar el enfado y el dolor hacia sectores más débiles de la sociedad y, además, recabar simpatías hacia ellos mismo. Se conoce la figura del chivo expiatorio desde la Antigüedad con el sacrificio ritual de personas luego sustituidas por animales y podemos advertir esta misma tendencia en cualquier grupo humano, entre pandillas de amigos, en las clases de los institutos, en las familias y, por supuesto, en la política. Y así, este proceso de asilamiento social y deslegitimación que en ámbitos familiares llamamos ser el “garbanzo negro” y en el ámbito laboral hoy llamamos “acoso”, en la política se ha empleado también con profusión desde los inicios. Ya se hablaba entre los griegos del “ostracismo”, durante la Edad Media se generó el antisemitismo y a partir de nuestro Siglo de Oro, la leyenda negra ha sido el elemento clave usado por los protestantes para estigmatizar a los españoles como punta de lanza del catolicismo y hacerse con el dominio mundial fragmentando la comunidad hispanohablante.

Se trata, por tanto, de un fenómeno tan viejo como el hombre y que sigue hoy día teniendo plena efectividad. Hoy día, en España, se sigue hablando por parte de la izquierda o de los partidos separatistas de establecer “cordones sanitarios” contra Vox o contra el PP, con la carga semántica que esto conlleva. Al emplear esta terminología, las personas contra las que se establecen esos cordones sanitarios son, por tanto, convertidas en gérmenes patógenos, deshumanizándolas de hecho.

Los nazis hicieron eso mismo con los judíos. Primero los señalaron como culpables de la decadencia de Alemania, después los animalizaron comparándolos con cucarachas o ratas, luego los aislaron socialmente, después los encarcelaron y finalmente los asesinaron por millones. Este comportamiento inhumano ha convertido a Hitler en el enemigo público número uno de la historia de la humanidad y buena prueba de ello es que en el reciente conflicto ruso-ucraniano, los dos bandos califican a sus rivales como “nazis”. Esa es la etiqueta que acepta toda la humanidad como significante de las mayores cotas de crueldad e inhumanidad posible. En esto hay un consenso casi universal. 

Sin embargo, como muestra de forma irrebatible Yuri Slezkine en su magnífico ensayo La casa eterna, quienes desarrollaron ese sistema de violencia social y lo llevaron a sus mayores cotas de inhumanidad y exterminio, tanto en número de personas como en el perfeccionamiento cruel de las torturas y asesinatos fueron los comunistas rusos desde Lenin en adelante.

La creación constante  de un enemigo imaginario

Y fueron los comunistas rusos quienes comenzaron sus “cordones sanitarios” desde su acceso al poder. La Revolución rusa, desde el principio, fue un baño de sangre ejecutado por los comunistas rusos en el que murieron por violencia política e ineficacia administrativa decenas de millones de personas. Repitámoslo: a pesar de que han sido los nazis quienes han acabado como representantes máximos de la maldad humana, decenas de millones de rusos habían muerto en la URSS a manos de los comunistas rusos antes de que Hitler llegara al poder. Obviamente, ante esa avalancha de hambrunas y asesinatos masivos en la URSS, los dirigentes solo vieron una forma de impedir la rebelión social, como muy bien señala Orwell en su obra 1984: reprimir hasta la cárcel, la tortura y la muerte cualquier foco de disidencia posible o inventado y generar un enemigo al que echarle las culpas del desastre económico que las ideas comunistas habían producido. Crearon desde el principio una policía política, el NKVD (en el que luego se inspiró la Gestapo) y se aprestaron al señalamiento de disidentes reales e imaginarios, para luego ejecutar sobre ellos la más cruel represión. Los encarcelamientos y asesinatos ejecutados además contra supuestos enemigos (muchas veces militantes comunistas) cuya inocencia era conocida perfectamente por familiares, compañeros de trabajo o camaradas del partido, servía para crear un ambiente de Terror social del que era imposible sustraerse. En ese clima terrible, en el que los propios hijos denunciaban a sus padres, se criaron todas las generaciones soviéticas desde 1917 hasta 1989. 

De esta forma, los bolcheviques desde Lenin hasta la actualidad fueron poniendo nombre a los supuestos enemigos que impedían el progreso de la URSS, a los que hacían culpables de todos los males que asolaban el país. Primero, nada más tomar el poder, fueron los “zaristas”, denominación en la que incluyeron por ejemplo a los cosacos. Cuando violaron, mataron y robaron a todos los “zaristas”, los enemigos de la Revolución pasaron a ser los “burgueses” y los “intelectuales”. Tras el encarcelamiento o fusilamiento de miles de familias enteras de la clase media rusa, los comunistas designaron un nuevo enemigo: los “kulaks”. Era el tiempo de la colectivización forzosa (que generó una hambruna que solo en Ucrania costó más de cinco millones de muertos). Entonces, cualquier propietario de tierras por minúscula que fuera su propiedad podía ser considerado un “kulak”, lo que suponía el requisamiento de las cosechas, la expropiación de sus tierras y su encarcelamiento en Siberia para realizar trabajos forzosos. Es ahí cuando surge el Gulag, el impresionante y terrible conglomerado de campos de concentración soviético que luego imitarán, pálidamente, por supuesto, los nazis. Cuando los comunistas soviéticos acabaron con la clase de los “kulaks”, la economía seguía yendo fatal y el nuevo enemigo fueron los “saboteadores”, que al parecer no tenían mejor cosa que hacer que sabotear los procesos económicos para empobrecer Rusia. Otros tantos millones de personas, entre ellos muchísimos líderes comunistas, fueron encarcelados y asesinados acusados de ser “saboteadores”. Después vinieron los “agentes provocadores”, luego los “social-fascistas” y finalmente los “fascistas”. En todos los casos, lo que menos importaba era qué quería decir el vocablo, porque en realidad siempre quiso decir lo mismo: enemigo que hay que eliminar como a “insectos”. Este lenguaje, consistente en animalizar a los enemigos reales o imaginarios, fue inventado por el propio Lenin y como demuestra Slezkine está en todos sus artículos, documentos y correspondencia privada. Para Lenin los enemigos son insectos, cucarachas, etc. No es un proceso inventado por Stalin, aunque él mismo lo desarrollara como nadie, sino que surgió con el propio comunismo real. 

Los términos “fascista” y “fascismo” como polarizadores sociales y chivos expiatorios del comunismo: El caso de Andrés Nin

Este proceso, en España, mostró muchísimos ejemplos tras la llegada de los espías rusos del NKVD durante la Guerra Civil, donde con la anuencia de los sucesivos Gobiernos prosoviéticos, organizaron y dirigieron el SIM (Servicio de Inteligencia Militar). El PCE consiguió en aquellos tiempos popularizar el término “fascista” (con su variante española: “facha”) entre los comunistas y sus aliados contra sus enemigos políticos, independientemente de que fueran fascistas en sentido estricto o no. De hecho, fueron decenas de miles las personas asesinadas por los comunistas durante la Revolución española desde 1931 hasta 1939 acusadas de ser “fascistas” y posteriormente. Tal fue el caso de Andrés Nin, que había sido secretario personal de Trostky, enemigo de Stalin (también asesinado en 1940 por un agente estalinista, el español Ramón Mercader).

Nin era el líder del POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista) que, dentro del bando republicano, se enfrentó durante la Guerra Civil al todopoderoso PCE proponiendo unas políticas más abiertamente revolucionaria. Este proceso lo describe muy bien George Orwell en su Homenaje a Cataluña, pues el escritor inglés participó en nuestra guerra enrolado en las milicias del POUM. De su experiencia en nuestra guerra surge precisamente su visión sobre el comunismo que plasma en 1984. Tras los sucesos de mayo de 1937 en Barcelona (una pequeña guerra civil entre los comunistas del POUM y la CNT dentro de la Guerra Civil contra los estalinistas), el PCE publicó una falsa carta en la que Nin, supuestamente, proponía a Franco ayudarle a invadir Barcelona. Hoy todo el mundo sabe que esa carta que se empleó como prueba acusatoria era torpe y absolutamente falsa, pero las cosas no eran tan sencillas en 1937 y, de hecho, a las pocas semanas, el periódico del POUM (La Batalla) fue prohibido por el Gobierno prosoviético de la República y Nin fue secuestrado por agentes del espionaje soviético (NKVD) y conducido a Alcalá de Henares, donde fue despellejado y asesinado por los espías rusos. Su cadáver aún no ha sido encontrado, aunque no parece que haya nadie interesado en encontrarle, lo cual puede estar relacionado con lo que estamos hablando.

Cuando esto ocurrió, los militantes del POUM lanzaron una consigna en pintadas callejeras que rezaba: “¿Dónde está Nin?”. A esta campaña por esclarecer el secuestro y asesinato de su líder, los comunistas del PCE contestaban jocosamente escribiendo debajo: “En Burgos, en Roma o en Berlín.”; es decir, tras haberlo asesinado, tildaban a Nin de fascista. Incluso Negrín, el presidente del Gobierno, declaró que Nin estaría “con sus amigos de la Gestapo”. Recordemos que, en esos mismos momentos, era el propio Stalin quien se disponía realmente a negociar con los nazis un pacto que suponía la repartición de Polonia entre ambos países.

El antifascismo como plataforma de masas del comunismo 

El antifascista como antónimo del fascista.

Es también una creación de la guerra española la figura del “antifascista”, como ser político cuya finalidad principal es noble y altruista, pues se trata, simplemente, de un “enemigo del fascismo”. A ese banderín de enganche intentaron unir los comunistas (y con mucho éxito) a todos las personas (de buena o mala fe) que pudieron. Desde el inicio de la contienda, una de las más significativas en lo relativo a la propaganda, los comunistas crearon un relato según el cual la Guerra Civil española era el combate entre un gobierno democrático legítimamente elegido y un grupo de fascistas que se había alzado en armas contra él. Este relato no fue creído por las democracias burguesas de la época y de ahí que tanto Inglaterra como Francia o Estados Unidos firmaran el famoso pacto de no intervención.

Pero otra cosa fueron las masas de estos países y del mundo occidental que, como democracias, eran muy susceptibles a la propaganda. Y a esta tarea se aprestaron los comunistas, lanzando la dicotomía “democracia-fascismo”, que ocultaba la real “comunismo-anticomunismo”, que era la que realmente entre la población española operó durante todo conflicto.

En esta tarea singularmente se intentó polarizar a los escritores y artistas, intentando que firmaran “manifiestos antifascistas” por el tremendo efecto propagandístico que ello tenía en todo el mundo. Y con esa finalidad, los comunistas crearon la Alianza de Intelectuales Antifascistas (AIA) en la que figuraron prestigiosas personalidades como o se hicieron manifiestos en Hollywood. 

Fue así como surgió el término “antifascista”, intentando dividir el mundo en dos facciones opuestas e irreconciliables. Por un lado, estarían los “fascistas” que, como ya hemos visto, eran una creación del comunismo que englobaba a todos los enemigos políticos del comunismo y, por el otro, estarían los antifascistas, que era el término con el que los propios comunistas se designaron a sí mismos y a quienes les quisieran acompañar en su viaje.  La elección de este término intentaba agrupar a toda la población a la que le repugnaba el fascismo, buscando de esta forma atraer a la ideología y estrategia comunista a personas inicialmente no comunistas para instrumentalizarlas para sus propios fines. Esta técnica tan simple como efectiva sigue siendo utilizada hoy por los comunistas en todo el mundo y sigue recogiendo simpatías entre las personas más ingenuas.

Los términos “fascismo” y “fascista” tras la Guerra Mundial

Tras la Guerra Mundial y la derrota de los países del Eje, que podían ser clasificados como “fascistas” (Japón, Alemania e Italia), surgió el Telón de Acero y la Guerra Fría: el mundo de los bloques comunista y anticomunista, el Pacto de Varsovia y la OTAN. Esto hizo que, por ejemplo, la dictadura de Franco y otras similares fueran toleradas por las democracias liberales en la medida en que formaban parte del bloque anticomunista. Esto hizo que el término “fascista” y “fascismo” retrocedieran en su uso y pasaran a ser utilizados en Estados Unidos o Europa solo por los comunistas o filocomunistas.

Estos pasaron a asociar ambos términos a las dictaduras militares de todo el mundo, independientemente de que pusieran o no la economía en manos del Estado. Así la dictadura de Franco o Pinochet fueron caracterizadas como fascistas mientras que con la de Perón el juicio es más benévolo y la de Fidel Castro, directamente no era “fascista”, pues era comunista. Tampoco se designaron así los grupos terroristas de izquierda que defendían ideas comunistas (y por tanto totalitarias) mediante el crimen y el asesinato.

El sinónimo referencial actual del fascismo: el término “ultraderecha”

En los últimos años, se ha producido en toda Europa el surgimiento de unos partidos que manifiestan un abierto rechazo ante la inmigración ilegal, reivindican las tradiciones culturales y la identidad política de sus propios países, son conservadores y cristianos desde el punto de vista moral y desconfían de las regulaciones de corte socialdemócrata que imperan en la Unión Europea. Este bloque ha sido tildado de “ultraderecha” sin atender a las diferencias que pueda haber entre ellos. En la mayor parte de los casos, estos mismos partidos no han mostrado gran interés en deshacerse de esta etiqueta. El auge de estos partidos ha conducido a que, sobre todo en medios socialistas, se haya comenzado a emplear este término en vez del de “fascismo”, pero buscando las mismas finalidades. Este uso se debe a que ninguno de estos partidos reivindica la violencia ni la llegada o mantenimiento del poder por medios violentos.

Los términos “fascismo” y “fascista” en España

El caso español es el más interesante para nosotros, pues es el país en el que vivimos y quizás en el que el término se ha revitalizado con mayor vigor en la última década empleado por dos sectores muy marcados: los comunistas y los separatistas catalanes y vascos. 

La utilización actual se debe, en primer lugar, a las tendencias que en la izquierda española se dieron de forma recurrente tras la Transición a romper el pacto del olvido de lo ocurrido en la Guerra Civil y que daba por supuesto crímenes nefandos por ambos bandos. Este pacto de convivencia se rompió bien pronto y la acusación de “fascismo” abierta o encubierta contra los partidos de derecha y sus militantes se dio desde la izquierda (singularmente el PSOE de Felipe González) desde la propia aprobación de la Constitución (1978) y se revitalizó cada vez que la izquierda vio peligrar su mayoría parlamentaria (singularmente en las elecciones de 1996 con el spot donde se representaba al PP con un dóberman, perro de connotaciones nazis) y eso a pesar de que cuatro de los siete redactores de la Constitución eran de derechas. Esta tendencia llevó a que la derecha española haya sido acusada reiteradamente por los líderes socialistas de ser “heredera del franquismo”, de “no ser homologable a la derecha europea”, de tener comportamientos antidemocráticos o incluso, directamente (en el caso de Vox), de ser fascista. Esta línea de propaganda socialista ha sido secundada por los comunistas sobre todo tras la irrupción de Podemos.

Por otro lado, los separatistas han empleado los términos con igual profusión y así tanto el mundo de la ETA como el separatismo catalán han tildado como “fascistas” a quienes se le han opuesto e incluso ha intentado deslegitimar a España calificándolo como “Estado fascista”, insistiendo en que pervive en nuestra nación el franquismo y justificando de forma constante las agresiones, el aislamiento y hasta el asesinato de de sus opositores (muy singularmente de las casi mil víctimas de la violencia etarra).

La finalidad pragmática: la extensión del terror. 

Desde un punto de vista pragmático, la voz “fascista” se empleó y se emplea, por tanto, por elementos comunistas y filocomunistas contra una persona o un partido con la intención de aislarlo socialmente y, posteriormente si se dan las circunstancias oportunas o necesarias, reprimirlo, prohibirlo, agredirlo y asesinarlo. Es decir, el término, como todo insulto, es el paso previo en la escalada de la violencia, convirtiéndose además en la justificación del empleo de métodos violentos contra las personas que primero han sido así caracterizadas. Es decir, primero se le adjudica el calificativo de “fascista” a algún grupo de personas y eso sirve como justificación suficiente para repudiarlo, aislarlo socialmente, prohibir la difusión de sus ideas, encarcelarlo o asesinarlo. Por tanto, la finalidad pragmática del vocablo es la instalación del terror social, favoreciendo de este modo la pasividad y la inacción ante las políticas comunistas. 

De este modo, además, se realiza una política disuasoria y preventiva. Si una organización a la que previamente hemos catalogado como “fascista”, alcanza el poder democráticamente, nos sentimos legitimados para utilizar cualquier medio para derribarla, singularmente el caos y la violencia. Un ejemplo claro de esto lo pudimos ver en España en 2019, cuando Podemos reaccionó a su derrota electoral y a la victoria del PP declarando la “alerta antifascista”, que consistió en promover conflictos callejeros incluyendo violencia y vandalismo, que no llegaron a más no por falta de interés de sus promotores, sino por el escaso eco social obtenido.

Ese mismo proceso se sigue utilizando hoy por parte de toda la izquierda. Tanto el PSOE como Podemos y sus terminales mediáticas repiten hasta la saciedad la acusació a Vox de ser fascistas y la derecha de ser “cómplices del fascismo y la ultraderecha”, término que es ahora más utilizado para referirse a los enemigos del socialismo y el comunismo. Esto es perceptible cada día en el Telediario o en las declaraciones de los grupos de izquierda. Solo hace falta tener ojos y mirar la realidad de manera objetiva.

Lo más singular de la evolución del término es que algunos partidos de derechas en España, Ciudadanos y el PP, también han empleado últimamente estos términos para designar a sus enemigos políticos, con lo que la generalización del término es ya absoluta llegando a grados de confusión tragicómicos. De este modo, es la misma derecha quien renuncia a explicar a la población qué es el fascismo y cuáles fueron sus causas, para asumir la propia lógica del comunismo, pero encauzándola fuera de su significado primigenio y dirigiéndola hacia otro objetivo externo a ellos: los propios comunistas, singularmente cuando emplean métodos de tipo violento. De este modo, para los ideólogos de la derecha, “fascista” es un sinónimo de “autoritario” o “violento” y no un seguidor de Mussolini.

Conclusiones

Finalizamos por fin esta serie con las siguientes conclusiones fundamentales:

1. El término fascista se asocia con el totalitarismo, la ausencia de libertades, la tortura, la represión y la muerte. Hitler sería el máximo exponente del mismo y el enemigo más importante de la humanidad. 

2. El término fascista se utiliza de forma generalizada por las izquierdas para designar a personas que no son objetivamente fascistas. 

3. La finalidad de su uso es aislar a los colectivos sociales que la izquierda elige como enemigos. Su significado acaba quedando realmente vacío, pues se aplica de forma arbitraria. Su sentido es siempre el de “ser despreciable”. La finalidad es el aislamiento social de estos grupos y finalmente, si se dan las condiciones, su represión, encarcelamiento y asesinato.

4. La segunda finalidad de usar ese término es polarizar la sociedad y dividirla. Al designar a una parte como fascistas, se persigue conseguir que el resto de la sociedad también se declare anti-fascista y simpatice por tanto con la ideología comunista. De estas simpatías provendrán alianzas, influencias ideológicas e incluso la hegemonía ideológica sobre las masas.

5. La tercera finalidad de usar este término es ocultar con esta cortina de humo que las prácticas totalitarias, la negación de las libertades, los robos, las torturas y los asesinatos masivos han sido ejecutados sobre millones de personas allá donde el comunismo ha gobernado o ha intentado gobernar. Es decir, se acusa a un supuesto rival exactamente de los mismos delitos que en la práctica los comunistas han cometido de forma constante.

6. Las derechas han sido incapaces de revelar ante la población este burdo juego semántico y han calcado sus expresiones y conceptos y son ellos mismos quienes emplean también los términos “fascistas”, “cordón sanitario” o “ultraderechistas”. De esta forma, se muestra su incapacidad para dotar a sus bases sociales de una explicación racional de la sociedad quedando a remolque de los conceptos generados por la izquierda.

7. En España, el término se ha usado con profusión sobre todo por los terroristas etarras y por la izquierda en general, bien de forma explícita o bien de forma subliminal al indicar que la derecha española es heredera del franquismo, nostálgica del mismo o no es homologable a la europea. La finalidad ha sido siempre aislar las ideas de derechas en la sociedad. El éxito de esta propaganda es innegable.

Viva el dinero

Hace muchos años que a una buena amiga le dije que tenía que escribir un día un breve artículo para alabar el dinero. Alguien debe hacerlo y hoy es ese día. Y es que hay pocos objetos que tengan tan mala prensa. La corrupción, el crimen y la injusticia están asociados a él en el imaginario popular. También podemos leer las famosas poesías contra el «vil metal» del Arcipreste de Hita, Quevedo o Góngora.

Hoy es ese día porque mi artículo a favor del dinero lo estamos escribiendo entre todos con nuestros actos: la terrible actualidad ejemplifica tan perfectamente lo que quería decir que no hace falta que gaste muchas palabras. La terrible tragedia de los refugiados ucranianos pone de manifiesto una vez más, pero ahora con nitidez absoluta, el enorme valor benéfico del dinero. ¿Cómo podríamos ayudar a los ucranianos sin dinero? El dinero es ahora un puente de solidaridad que lucha por la justicia y lleva la bondad por encima de las bombas, la muerte y la destrucción.

Y es que el dinero es uno de los mejores inventos de la historia de la humanidad y, quizás por ello, es uno de los elementos más despreciados (que no despreciables) por gran parte de los seres humanos que lo han convertido injustamente en el chivo expiatorio de sus propios males. En verdad, también el dinero se puede emplear para hacer el mal, pero su naturaleza es benéfica.

Podemos ver el enorme valor del dinero con más claridad si nos hacemos esta pregunta: ¿qué ocurriría si no existiera el dinero? De la misma manera que somos conscientes del valor del oxígeno para respirar justo cuando estamos debajo del agua, comprendemos el valor del dinero si nos planteamos cómo sería el mundo si el dinero no existiera. El mundo sería mucho peor porque, obviamente, todo intercambio humano solo podría darse por medio del trueque y eso repercutiría en que, por ejemplo, un productor de plátanos de Tenerife, solo podría obtener cosas de otras personas a las que les gustasen los plátanos y solo en su propia isla, ya que sería muy complicado que ningún barco quisiera aceptar los plátanos de este agricultor como pago por llevar una parte de ellos fuera de la isla para ser cambiados por otros objetos. Por otro lado, sería complejísimo el cálculo que debería hacer nuestro agricultor tinerfeño para cambiar sus plátanos por tornillos, una azada, un coche o una vivienda. ¿Cuantos tornillos tendría que darle el ferretero a cambio de un plátano? ¿Cuántos plátanos valdría un piso? Todo ese complejísimo cálculo lo simplifica el dinero que fija un valor monetario en función del coste, de la oferta y de la demanda de la propia mercancía que se lleva al mercado. Por otro lado, sin dinero tampoco sería posible viajar, porque ese vendedor de plátanos no podría acarrear sus plátanos (su energía y su esfuerzo) a ningún sitio para pasar allí sus vacaciones. Ni a Madrid, ni fuera de España tampoco. De hecho, las letras de cambio se inventaron ya en la Edad Media para favorecer las peregrinaciones a Tierra Santa.  

Finalmente podemos ver el valor del dinero cuando se produce una catástrofe. Todos queremos dar parte de nuestra energía en ayudar a otras personas. Si no existiera el dinero, la mayor parte de esa ayuda sería imposible. Por tanto, el dinero es algo humano y algo muy positivo.

El dinero (como era el oro para los cabalistas) es la cristalización de nuestra energía. Los seres humanos tenemos una energía personal que nos lleva a imaginar y crear; es decir, a producir objetos. Todo lo que imaginamos y creamos, todas las horas de esfuerzo dedicadas a producir cosas es susceptible de convertirse en dinero al vendérselas a otros seres humanos. Nuestro tiempo y nuestro esfuerzo son dinero. Todo el esfuerzo y el talento que atesora un agricultor, un pescador, un cocinero, un cantante, un profesor, un médico, un camarero o un obrero de la construcción al formarse y al ejercer su trabajo se convierte en dinero. Y esa persona puede transformar ese dinero que recibe de los demás en cualquier otra cosa que desee. Este carácter proteiforme hace que sea el bien más preciado porque al poderse transformar en cualquier otro objeto o en otra moneda con gran facilidad. El valor de cambio del dinero es lo que le convierte en una de las mercancías más importantes del mundo.

Y entonces, ¿por qué tiene el dinero tan mala prensa? No lo sabemos a ciencia cierta. Una parte de los ataques al dinero quizá proviene de las personas que no lo poseen en el grado en que desearían hacerlo y por ello envidian a las personas que tienen más (algo que siempre les parece injusto). La segunda es la estupidez. Hay muchas personas a las que les avergüenza decir que les gusta ganar dinero (como si ganar dinero no fuera una consecuencia de nuestro valor como personas). La última es el amor por la pobreza y por los pobres que sienten algunas personas que se sienten más necesarias en un mundo de pobres que en uno de ricos, cuando no hay nada que desee más un pobre que dejar de serlo.

Y esto es lo que tenía que decir sobre el dinero hoy.

Sobre la coherencia en la vida

A menudo en la política nos quedamos en los grandes titulares, en las grandes ideas, en los programas. Pero yo creo que es siempre útil ver qué personas están detrás de ellas. Porque las ideas son, en esencia, ideales, abstractas (quiero decir que se formulan en palabras y en el fondo no son sino declaraciones de intenciones), mientras que los actos son reales y concretos y manifiestan la verdad.

Como decía el Evangelio: “Por sus obras los conoceréis”. Y como dice el refrán español: “Del dicho al hecho, hay mucho trecho.” También dice Cervantes: “Nadie es más que nadie si no hace más que nadie”. Y hasta el propio Marx: “la verdad es concreta”. Así que creo que la mejor manera de analizar a las personas (y los políticos son personas), es, más que por lo que dicen, por lo que hacen.

Busquemos la coherencia en todos los que vemos por la televisión, en las élites, en los artistas, em la casta. Hay personas famosas que poseen varios pisos, mientras se manifiestan en contra de los desahucios; hay quienes en galas espectaculares de Hollywood se manifiestan contra el cambio climático y tienen aviones privados o coches que gastan muchísima gasolina; hay quienes se preocupan de erradicar la pobreza infantil, pero antes de eso ya se han comprado una mansión; hay quienes son paladines de los pobres, pero se curan en la sanidad privada en cuanto enferman. Tienen derecho, por supuesto. Todos tenemos derecho a la incoherencia. Y todos somos incoherentes, pero es mayor la incoherencia cuanto más se aleja nuestro pensamiento de la realidad que vivimos. Es duro asumir que hay pobres mientras que nosotros somos ricos y famosos; es difícil aceptar que nos gusta el poder y el mando desde que éramos hijos únicos y mimados. Pero esa es la realidad de muchas personas que ocultan estos rasgos personales tras un discurso falso. Por favor, que no tengamos que pagar los demás su complejo de culpa o su egolatría.

Predicar ideas agradables, humanitarias y pretendidamente bondadosas es relativamente sencillo. Basta con hacerse entender (aunque sea despreciando la gramática como sufrimos casi a diario) y basta con tener un cierto empuje personal (tampoco hace falta valentía, porque estas ideas estupendas siempre han sido muy bien acogidas por los semejantes).

Defender la igualdad universal, la paz, la bondad humana y especialmente la inocencia de los más humildes, atacar la maldad intrínseca de la sociedad o la injusticia del poder establecido ha sido siempre muy popular, hasta el punto de que esta defensa no ha precisado nunca de una elaborada argumentación. Son esas ideas bienintencionadas con la que todos los niños se identifican en los festivales navideños. Los humildes de corazón y los ingenuos de todas las épocas han sostenido con candor y sostienen hoy y siempre a los predicadores de este credo.

Lo que nunca ha sido fácil es ser coherente con lo que se predica. No lo es para nadie, así que mucho menos para aquellos que hicieron de la defensa de lo común y el olvido de lo propio su razón de vivir, aquellos que nos convencían de que su mayor anhelo era arreglar la vida de los pobres, los desvalidos, los desheredados; aquellos que decían que para avanzar teníamos que avanzar todos juntos, pero que en la práctica alcanzaron su meta personal antes de que los pobres salieran de la casilla de salida.

Y así, la inmensa mayoría de los predicadores, los apóstoles de lo común, a la vez que reclamaban el reparto de la riqueza, estaban amasando la suya propia, acumulando propiedades de elevado valor. Pedían el reparto de los bienes ajenos entre los pobres, pero ni renunciaban a la herencia de sus padres ni descuidaban la de sus hijos.

Pedían la igualdad entre todos los seres humanos, sí; pero sin abandonar su papel preeminente (y por ello, desigualitario) en sus partidos. Maldecían toda jerarquía, excepto la que garantizaba su papel dirigente en sus propias organizaciones o en la propia sociedad.

Proclamaban la importancia de la tolerancia, excepto con aquellos que les contradecían. Defendían la democracia y el sufragio universal hasta que alcanzaban el poder y encarcelaban, torturaban y asesinaban a quienes se les oponían.

También estaban en ese grupo los defensores de la patria, esos que ponían el mismo celo en alentar las guerras que en evitar los campos de batalla con un fusil en la mano. Y no nos olvidemos de los que pidieron la libertad  para sus pueblos negando ek derecho a la vida de sus propios vecinos.

Todos somos capaces de poner rostros, a lo largo de la historia, desde la Antigüedad hasta hoy a estos falsos profetas. Somos capaces de recordar a estos demagogos que, difundiendo estos postulados, llevaron a la muerte a centenares de millones de personas solo en el siglo XX.

Y muchos sabemos también en qué caladeros han pescado siempre a sus seguidores estos farsantes. Los han pescado entre aquellos que escuchan sus voces y no analizan sus actos, entre aquellos que se dejan llevar por los afectos más que por la razón, entre aquellos que se quedan en las intenciones sin ver las consecuencias de los actos. Es decir, entre las personas más ingenuas e idealistas, que son engañadas en su bondad de espíritu por estos falsos profetas, que predican el bien común y la igualdad, pero que siempre se favorecen en el reparto. Como decía Orwell en Rebelión en la granja: “Todos somos iguales, pero algunos somos más iguales que otros.”

Afortunadamente, hoy no podemos identificar a políticos en España como pertenecientes a esta ralea. ¿O sí se puede?.

Feliz puente de la Constitución

En los últimos días, tanto entre familiares, amigos y conocidos reales como en Facebook, he asistido con verdadera preocupación a un aumento vertiginoso de la tensión política. No diría que me quita el sueño, pero sí he dedicado bastante tiempo a preocuparme y reflexionar sobre la España que se avecina. El resultado de las elecciones en Andalucía, con el ascenso de Vox, ha encendido una hoguera de palabras gruesas y de insultos como yo no recuerdo en muchos años. Así que considero que una reflexión serena sobre lo que ocurre no está de más. Ojalá que los amigos (muchos algo más jóvenes que yo) que inicien la lectura de este texto sean capaces de terminarlo. Muchas de las personas que leerán este escrito me conocen personalmente y me tienen cierto cariño o respeto y de este conocimiento quiero valerme para hacerles llegar un pensamiento que considero importante hoy. Intentaré ser breve.

Hoy es 6 de diciembre de 2018. Como todos sabemos, es festivo, y este año, como muchos otros, se convierte en un puente, que en Portugal llaman “de los españoles” y que en España llamamos “de la Constitución”. A partir de esta realidad, voy a permitirme realizar una metáfora que considero hoy más necesaria que nunca.

En 1975 murió el general Franco y acabó su dictadura militar. Una dictadura surgida en 1939 como consecuencia de una guerra civil. Una guerra civil declarada, que ya se había iniciado de forma larvada muchos años atrás pues, como todos sabemos o deberíamos saber, el asesinato y la aceptación de la violencia como arma política fue una constante en la España de inicios del siglo XX y mucho más durante la II República. Basta leer Luces de bohemia o los versos de Machado (y muchos lo habéis hecho) para comprobar cómo la intelectualidad alentaba o comprendía lo que estaba pasando y el vendaval de violencia que se avecinaba. La guerra civil no es un incidente aislado, sino la traca final de todo un proceso anterior de décadas violentas, desde la Semana trágica hasta la acción directa anarquista o el pistolerismo patronal. Quien no sabe esto es que desconoce la historia de España y creo que debe aprenderla con urgencia, si no quiere volver a vivirla en sus propias carnes, porque lo que está ocurriendo en España en los últimos dos años tiene evidentes paralelismos con el proceso que llevó al colapso de la Segunda República.

Como hemos estudiado, nuestra guerra civil costó centenares de miles de muertos y dejó a muchos millones más sin sus familiares. Cada ejército movilizó a más de un millón de españoles que, forzados (pues la tasa de desertores era elevadísima en ambos bandos), se dedicó sistemáticamente a matar y, sobre todo, a que no le matasen. A pesar de esto, se calcula que murieron unos 350.000 españoles, lo que equivale a la población actual de muchísimas ciudades españolas. ¿Todos los habitantes de Jerez muertos así de golpe? ¡No, el doble! Los muertos por la salvaje represión en ambos bandos fueron también numerosísimos. Solo en Paracuellos del Jarama murieron fusiladas más de seis mil personas por orden del bando republicano. A muchos de los fusilados por el bando nacional todavía los están buscando. Monjas violadas, sacerdotes y católicos, asesinados por un lado. Milicianos asesinados, familiares de milicianos asesinados por el otro. Comunistas, socialistas, falangistas, verdugos de otros españoles. A sangre y fuego,la colección de cuentos del socialista (exiliado para evitar su muerte a manos de los comunistas), Rafael Chaves Nogales es hoy lectura obligada. Mis alumnos lo leerán como optativa este año.

Unos españoles, los fachas, ganaron la guerra; otros, los rojos, la perdieron. Los fachas contaban la historia durante décadas como ganadores; los rojos callaban como perdedores. ¡Qué nombres más insultantes! ¿verdad? No eran ni son definiciones políticas, sino armas arrojadizas, hechas por unos y otros para herir a sus semejantes. ¡Rojo asqueroso! ¡Puto facha! La paz o, mejor dicho, el final de la guerra, hizo el silencio… Los rojos y los fachas vivían en realidades paralelas, en un mundo en el que había muros de grueso cristal blindado. Unos encima de otros, porque habían ganado, porque esa es la lógica de la guerra, de todas las guerras. Los rojos y los fachas vivían en dos continentes sentimentales aparte y el océano que les separaba era el odio y la sangre vertida.

Hay personas muy jóvenes que no comprenden que la Constitución fue y es un puente, pero no festivo, sino de verdad. La Constitución es el pacto y el reencuentro, el derribo del muro de cristal. Los fachas pactaron con los rojos: “No miraremos atrás. Perdonaremos lo ocurrido y volveremos a convivir. Ya no seremos rojos y fachas, sino españoles con ideas muy muy opuestas”. Ese fue el pacto que juraron los viejos dirigentes republicanos del PCE con Carrillo a la cabeza y los jóvenes falangistas con Suárez a la cabeza. Carrillo era el rojo asqueroso, el asesino responsable de la matanza de Paracuellos (o así lo creían los fachas que le dejaron volver a España). En Paracuellos murió Pedro Muñoz Seca y a Ramiro de Maeztu lo asesinaron los rojos por las calles de Madrid. Los fachas habían asesinado a Lorca y Miguel Hernández murió en las prisiones franquistas. Eso pensaban los rojos que volvían del exterior. Los putos fachas lo habían matado. Pero ahora se habían dado cuenta de que no había otra alternativa que el pacto. “No miraremos atrás. Se acabó. Haremos un puente que nos una renunciando unos y otros a imponer por la fuerza las ideas. Dejaremos que haya elecciones y si las perdemos, nos fastidiaremos e intentaremos ganar la próxima vez. Seremos leales a ese pacto y al juego democrático, nos gusten los resultados o no.” Y crearon la Constitución.  La Constitución es el puente feliz que nos ha permitido durante cuarenta años disfrutar del período más largo de paz a los españoles desde el siglo XIX. A pesar de que ha habido casi mil muertos por la ETA, ha sido el período más pacífico de los últimos siglos. ¡Cómo serían los anteriores!

Pero en los dos últimos años y muy especialmente esta semana todo parece olvidado. ¿Es que queremos volver a estar enfrentados por el odio? ¿Por qué no hemos mantenido el compromiso de no mirar hacia atrás? ¿Acaso no nos damos cuenta de que continuar por esta senda tiene difícil vuelta atrás? ¿No nos damos cuenta de las consecuencias de nuestras palabras? ¿Creemos que nos van a salir gratis? Ciertamente, en muchos comentarios leídos esta semana, veo el mismo odio que ya nos llevó a la guerra hace casi cien años. Estoy seguro de que muchas personas que hablaron sin pensar en 1931 o 1934 no podían ni imaginar que cinco años después iban a morir o a ver morir con gran dolor a sus familiares y amigos. Incluyo entre ellos a mis propios familiares, represaliados, como tantos otros al finalizar la guerra.

Estos días se ha creado un ambiente guerra-civilista en muchos ámbitos y yo creo que muchas de las personas que lo están alimentando no se dan ni cuenta de que están fracturando el puente de la Constitución, ni el valor que este tiene. Tras la victoria de Vox han ardido las redes sociales (y lo que no son las redes pues se han incendiado contenedores y han sido atacados comercios). Son daños menores hechos por incontrolados. También ha habido un joven apaleado en Vitoria y otro hombre murió en Zaragoza hace meses asesinado por manifestarse como español. Un herido grave y un asesinado. Otros incontrolados. Esto ya ha pasado. Tienen familia y amigos, como todo el mundo. Desde hace unos años se vuelve a decir la palabra “facha” por todas partes. Serrat es facha. Juan Marsé es facha. Boadella es facha.  ¿Quién no es facha en Cataluña? ¿Quién es quien reparte las etiquetas de facherío? He leído en la red que la diferencia entre un fascista y un antifascista es que solo el primero sabe que lo es.

Hay muchos españoles que son lo que los rojos clásicos, los comunistas, han llamado fachas. Son millones. No son dos ni tres… millones. Son probablemente muchos millones más. Y es que hay muchos españoles, más de la mitad, que descienden de los asesinados por el bando republicano y cuando oyen hablar de las víctimas de la guerra civil se acuerdan de las suyas. Es humano. Y otros son fachas nuevos, sobrevenidos, que no perdieron familiares en la guerra ni conocieron a Franco, pero se han hecho fachas igual. Aunque no se hayan manifestado durante años, hay muchos españoles que tienen opiniones diferentes a las que han dominado durante muchos años en la política española. Hay muchos españoles que callaban, pero creen que España es su nación y están agradecidos a que exista y creen que tienen una deuda con todos sus antepasados por haber creado y sostenido la prosperidad de la que disfrutan. Son fachas y piensan y sienten así. Creen que sin la existencia de España su vida sería peor y quieren legar a sus hijos la misma herencia que recibieron de sus padres. Son fachas y piensan así.  Están en contra del aborto porque creen que es un asesinato. Es probable que estén equivocados, pero creen eso y no podemos quitarles el derecho a creer eso y a que intenten adecuar las leyes a sus creencias, porque otros crean que hasta la semana decimocuarta el embrión no es una vida humana y por eso se puede abortar. Y los fachas están en contra de la inmigración ilegal, porque creen que la emigración debe ser regulada. Son fachas, pero pueden defender una política migratoria diferente a la que me gusta a mí, que es la de que todos puedan entrar en España sin establecer ningún tipo de barrera, aunque sean millones los que vengan. Estos fachas están en contra de la ley de la violencia de género y no creen que el testimonio de una mujer en un juicio deba tener mayor valor que el de un hombre. Son fachas, pero tienen derecho a tener otra idea sobre lo que es la igualdad ante los tribunales.

Y estaban ahí. Votaban al PP… o no votaban, o votaban a otros. En realidad, esto es indiferente. Y quieren modificar el título octavo de la Constitución mediante los mecanismos legales. Y tienen derecho a votar, el mismo al menos que los seguidores de la ETA o los separatistas catalanes, que también quieren modificar la Constitución y hacer un referéndum de autodeterminación y además han matado a mil personas. Y hay que asumir que, aunque sean fachas, si ganan las elecciones, la Constitución les reconoce el derecho a desarrollar su política siempre que no rompan el marco legal que nos ampara a todos. Y, por ahora, ni han roto el marco legal, ni han matado… Aunque sean fachas. Pueden estar equivocados, sí; pero tienen derecho a equivocarse. Aunque sean fachas. Eso es lo que les garantiza la Constitución que todos aceptamos como marco legal.

Porque si eso ocurre, que no quepa duda de que entonces todos los firmantes del pacto tendrán el derecho a su defensa con la mayor firmeza; desde luego, espero que con mucha más de la que el Gobierno de Rajoy ha mostrado en Cataluña con los separatistas.

Y es ahora, quizá como última oportunidad, amigos todos, cuando debemos darnos cuenta de que, la Constitución es el puente y si lo rompemos, lo vamos a pagar muy caro. Quien hable con desprecio del régimen del 78 o de su rival político, quien desprecie la monarquía o la república, quien desprecie a España, debe saber que está rompiendo ese puente. Ese puente es el de la paz. La paz no ha sido nunca gratis: la paz es el resultado de la tolerancia verdadera o de la imposición y el odio. Pero nunca es gratis. Y en este tiempo en que ya no hablamos de “intolerancia”, porque somos tan “tolerantes” (salvo con los intolerantes, por supuesto) que la llamamos “tolerancia cero”, debemos pensar mucho más en ser y hacer que en decir. Porque la paz significa no llegar a la guerra para permitir la alternancia de los que tienen ideas diferentes.

Y esto es convivir. Convivir con el igual es fácil, lo difícil es convivir con el facha. Es más difícil convivir con el facha que con el emigrante ilegal. Y lo peor de todo, es que la alternativa a esta maldita convivencia es la guerra civil, con mayúsculas. Que nadie se lleve a engaño. Para eso se creo este puente maravilloso, para unir lo que el odio había separado. Y si no queremos destruirlo de facto, cuidemos lo que decimos, porque de las palabras se llega a los hechos y de los hechos, a la sangre, que cuando encuentra un resquicio para salir a borbotones, luego no vuelve a entrar en el cuerpo. Y entonces solo viene la muerte.

 

Un abrazo.

¿Dónde está la corrupción en el sistema educativo español?

En los últimos días, venimos oyendo quejas terroríficas sobre la corrupción de la Universidad Rey Juan Carlos, en un intento de situar el foco del desprecio y el descrédito en esta institución, como si la infección de la corrupción educativa se pudiese circunscribir a este centro. ¿Su delito? Que esta universidad creció gracias al Partido Popular y albergó y alberga profesores cercanos a ese partido. Todas las demás, la Universidad Complutense (donde hay una buena cantera de la izquierda y Podemos), la Universidad del País Vasco (donde han titulado desde la cárcel muchos etarras), la Carlos III o la Universidad Camilo José Cela (originadas y dominadas por el PSOE) serían templos inmaculados del saber, mientras que la URJC sería una cueva de ladrones. Desde este artículo nos proponemos dar una visión diferente sobre el tema.

Todo el sistema educativo español está corrompido

La mayor parte de la población escucha y asimila esa versión oficial. Sin ir más lejos, estos días he escuchado a varias personas en mi centro hacer chistes diciendo que si sus hijas suspendían en la universidad, las mandarían a la URJC, para acto seguido afirmar que “de todas formas ahora (y ese ahora quiere decir en realidad desde que se trata el tema del doctor Sánchez) los periodistas parece que no han pasado por la universidad y no saben que todas las tesis son compuestos de otras investigaciones.” Esta va a ser la tesis (sic) dominante en los próximos meses, no porque sea verdad o mentira, sino porque la caída de Sánchez acarrearía la caída de todos los que le han puesto allí (desde los neocomunistas de Podemos a los separatistas de Convergencia) y por ello el Gobierno PSOE, la televisión que controla (toda) y sus apoyos políticos van a hacer la vista gorda y pasar página lo antes posible. Sánchez será lo que sea, pero es su presidente. Defenestrar a Sánchez es convocar elecciones y eso les llevaría a todos (desde Podemos hasta el PNV) a una posición incierta, mientras que lo cierto es que ahora están en el poder.

Pero la realidad es muy diferente a esta versión mediática. Lo cierto es que todo el sistema educativo está corrompido como un lodazal. Es más, está tan corrompido que casi ninguno de sus integrantes (alumnos y profesores) se atreve a decir la verdad. Unos porque respiran ese aire viciado desde que ingresaron en el sistema y no son capaces ya de distinguir el aire puro; otros porque tienen intereses en que las cosas sigan siendo como son. Y cuando millones de personas (y hablamos de millones) se ven favorecidos por la corrupción, esta deja de ser tal para convertirse en lo normal. Eso es lo que explica la reacción de mis conocidos.

La corrupción es el oxígeno del sistema educativo

La corrupción del sistema educativo español no está en que una parte de los másteres de la URJC se haya dado de forma fraudulenta como prebenda política (lo que es una realidad), sino en que todo el sistema educativo es fraudulento en sí. Hoy todos sabemos que un titulo académico en España, sea del nivel educativo que fuere, no significa que la persona que lo posee tiene los conocimientos para los que el título faculta. Ni el título de primaria, ni el de secundaria, ni el de bachillerato, ni los universitarios garantizan (como es lógico que fuera) que la persona que lo ostenta tiene la capacidad que el título supone. Es más, estamos en un sistema tan corrupto, que ni siquiera ser profesor es garantía de nada, pues hay profesores que han aprobado las oposiciones ayudados por los miembros de los tribunales (en la universidad por puro enchufismo político al que llaman “endogamia” como el caso del doctor Sánchez y en primaria y secundaria por una bondad mal entendida que hace que los miembros de los tribunales no sean rígidos al evaluar los ejercicios de los candidatos). De eso es de lo que se han valido Sánchez, Casado, Cifuentes y todos los demás. ¿O acaso es casualidad que una gran parte de los diputados del PSOE sean y hayan sido doctores de Derecho constitucional?

De esta corrupción (a menor o mayor escala) es de la que se han valido miles de personas en España para ser docentes. ¿Eso quiere decir que todos los profesores están ahí sin mérito alguno? Desde luego que no. Yo soy profesor y fui el número uno de mi tribunal (éramos trescientos y solo había dos plazas). Y son también miles los que han alcanzado su plaza por mérito y capacidad. Y son miles los que investigan en la universidad dejándose muchas horas en los laboratorios. No hablamos de esto, sino de si es posible obtener las plazas sin tener ni mérito ni capacidad. Y la respuesta, tristemente, es sí. Y el caso del doctor Sánchez, como tantos otros que no alcanzan notoriedad mediática, lo demuestra. Como he oído decir esta semana, “eso es lo que es una investigación en la universidad”.

Esta corrupción global del sistema no trasciende a los medios, pero es una realidad cotidiana de la que, como de las almorranas, nadie se queja, pasando a ser ese oscuro lodazal en el que se desarrolla el llamado “proceso de enseñanza-aprendizaje” (obsérvese la pomposidad del término que nos evoca otras latitudes) en los centros. Ese es el aire en el que se desarrolla la vida académica. Como sabemos, las cosas que nos envuelven dejan de percibirse, como ocurre con el oxígeno que respiramos. ¿Si pasó en Alemania con el dolor invisible de los judíos en los años treinta cuando los reprimían por millones sin que “nadie se diese cuenta”, no va a pasar aquí con una cuestión mucho más difícilmente detectable?

Aprobad a toda costa y mirad hacia otro lado

Han sido las propias administraciones educativas autonómicas, siempre dirigidas o claudicantes ante el PSOE, quienes han presionado desde hace décadas a los docentes para que aumenten las tasas de aprobados en todos los niveles. La Junta de Andalucía, por ejemplo, dio miles de euros a cada docente que se apuntó a su Plan de Mejora (sic). Esta cantidad se cobraba por el profesor solo en caso de que este aumentase significativamente su porcentaje de aprobados. También en la Universidad, los profesores cobran hoy día un plus que depende de su tasa de aprobados. En secundaria, el profesor que suspende debe hacer un informe explicando por qué eso ocurre y los aprobados de despacho promulgados por la inspección educativa (siempre cercana al poder político) son una constante en los institutos cada verano. Esta situación ha determinado que los padres sean cada vez más conscientes de que, presionando al profesor, este acaba aprobando a su hijo y, por ello, las reclamaciones oficiales de notas son hoy un elemento cotidiano en los centros. Además, ese entorno cada vez más violento de los centros de secundaria, con acoso escolar a alumnos y agresiones a profesores, ha acabado conduciendo a los docentes a anticiparse a estos posibles problemas de la forma más sencilla y menos traumática. ¿Cómo? Aprobando de antemano a alumnos que, de otra manera, habrían suspendido. Eso no significa que todas las personas que tienen hoy un título en España hayan necesitado de esa connivencia corrupta. Nada más lejos de la realidad, pues hay y habrá miles de alumnos inteligentes y aplicados. De hecho, ellos son los primeros perjudicados por este perverso sistema de regalo de titulaciones, porque su mismo título lo han obtenido y lo obtendrán muchas otras personas que solo han podido obtenerlo gracias a una equivocada conmiseración por parte de los docentes. Unos aprueban y a otros los aprobamos. Yo mismo lo he hecho en ocasiones, presionado por diferentes circunstancias.

Dame pan y llámame listo

En todo caso, esa idea halagadora que hoy proclaman los políticos de que “los jóvenes se dejan la piel para sacarse el título”, esa idea demagógica de que cuesta un tremendo esfuerzo obtener un título es en términos generales una rotunda falsedad. Obtener un grado universitario en España es más fácil que nunca y el nivel medio de un universitario de 2018 está por debajo del de un alumno de COU de 1985. Esa es la realidad constatable por cualquier persona que no se deje llevar por la realidad falsificada de los medios.

Cualquier maestro sabe que hoy en día es muy raro que un alumno suspenda un curso. Cualquier profesor sabe que hoy en día una gran parte de los alumnos pasa por los institutos de curso en curso sin dominar los contenidos y es aprobada por no generarse problemas con padres e inspectores.  Cualquier persona que tenga hijos o familiares en la universidad sabe qué tipo de alumnado puede llegar allí y el nivel bajísimo de conocimientos que en muchos aspectos muestra. Ese es el caldo de cultivo que permite que una tesis no sea una tesis y un máster no sea un máster. Los políticos han diseñado un sistema del que millones de personas se aprovechan y ellos, al estar más arriba, simplemente, se aprovechan a un nivel superior. Los políticos, sobre todo los del PSOE, han ocupado la universidad como el “banquillo” de un equipo de fútbol. Mientras son suplentes, esperan pacientemente dando opiniones en los medios en tertulias y entrevistas y dominando la universidad hasta que un día les llaman para formar parte de listas electorales y se hacen diputados. El día que dejan el acta de diputados vuelven a sus clases universitarias y a crear estados de opinión desde los medios. Esa es la realidad de la universidad española desde que yo estudié y fui representante estudiantil universitario en los años ochenta. Pero no son solo ellos los corruptos, sino millones de personas que saben, repito saben perfectamente, que todo el sistema está corrupto y por eso no quieren dar clase en los grupos de responsabilidad de los institutos como 4º y sobre todo, 2º de Bachillerato, donde las presiones para el aprobado de los alumnos son brutales. Como decía antes, habrá personas absolutamente puras, pero yo no las he conocido hasta ahora.

Esa es la gran corrupción del sistema educativo de la que nadie va a hablar, porque hay tantas personas que la practican (empezando por mí mismo) y tantas otras que se favorecen o se avergüenzan de ella, que a nadie le interesa desenmascararla. Eso es lo que explica que pocos profesores quieran dar clase en el curso preuniversitario.

Los graduados en Económicas acaban de administrativos

Si se desenmascarase esta corrupción, llegarían muchos menos alumnos al bachillerato y a la universidad, con lo que miles de profesores irían directamente al paro. Eso sí, los graduados que saliesen de ella serían escogidos y no necesitarían hacer luego tres másteres para obtener un empleo acorde con su título, con lo que el gasto en educación disminuiría sensiblemente. ¿Quién gana con el sistema actual? El profesorado. ¿Quién pierde? La sociedad, que paga 8000 € anuales por cada alumno matriculado y curso universitario pues este es el coste real (descontado lo que paga en matrícula) de su asistencia a clase. Mucho de ese dinero es un dinero tirado directamente al mar, porque esos titulados no trabajarán de economistas o abogados nunca. Los profesores universitarios, mientras tanto, pueden dedicarse a diseñar másteres y vivir razonablemente bien dando clase a los posgraduados. Un chollo que pagamos toda la sociedad. Igual que el comunismo fabricaba productos inservibles, el socialismo se dedica a fabricar graduados inservibles.

Esta estrategia hiperprotectora y falsa conduce además, inevitablemente, a que alumnos mediocres o incluso malos no se enfrenten a su verdadera situación vital hasta cumplir la treintena o la cuarentena. Hoy hay una parte de la generación LOGSE que se encuentra con que, habiendo sido mimada por sus padres y aprobada con facilidad en colegio, instituto y universidad, es incapaz de hacer valer su título y fracasa a la hora de enfrentarse a las oposiciones o al conseguir un trabajo acorde con su teórica formación. Hay economistas que hacen trabajo de administrativos, graduados en Derecho de tele-operadores y un largo etcétera que todos conocemos.

Esa es la realidad, el traje nuevo del emperador que nadie se atreve a denunciar. Y por eso, seguiremos hablando de los másteres de Casado y de las tesis del doctor Sánchez, cuando son simplemente la guinda del enorme lodazal (y no la pregunta parlamentaria de Rivera según la acusación del doctor Sanchez ) en que han convertido los políticos la educación en España.

¿Hacia dónde va la España de Pedro Sánchez?

Tras la proclamación relámpago de Pedro Sánchez como presidente del Gobierno de España, tras disiparse el humo y los efluvios del acto, nos vamos a atrever nosotros también a realizar una sencilla profecía. Se trata de un ejercicio acrobático, difícil y sin red, cuyo acierto o error se verá en los próximos meses.

La primera idea clave es que el Gobierno va a durar hasta que alguna de las formaciones que apoyan al Gobierno (singularmente el PSOE) crea que unas elecciones le favorecen y eso quiere decir que incluso se puede agotar la legislatura. Si esta moción de censura ha salido adelante es porque ninguno de los partidos, excepto Ciudadanos, quiere elecciones. Todos hablan de democracia, pero en estos momentos nadie quiere dar la voz a los ciudadanos, porque saben que ahora mismo Ciudadanos podría ganar holgadamente las elecciones. Muy especialmente, esto es válido para el PSOE, que va a intentar perpetuarse en el poder tras la siguiente cita electoral. Emplearán los dos años que les quedan, ya con presupuestos aprobados, en volcarse en la máquina propagandística para mostrarse como receptor natural del voto de centro izquierda. Otra cosa es que lo consigan, pues dependerá de la presión a la que le sometan los separatistas.

Si los separatistas se muestran firmes en sus posiciones (en ese falso diálogo que solo discute un punto: fijar la fecha y condiciones de los referéndums secesionistas en Cataluña, Vasconia y Navarra), Pedro Sánchez no podrá darles lo que piden (la vía a la secesión) sin romper su propio partido, pues socialistas en Castilla, Andalucía o Extremadura no podrán consentir la ruptura de la nación. Por tanto, Sánchez se vería abocado a un dilema: o mantener el Gobierno sobre un partido y una España rota (lo que es imposible) o sobre una España unida y un partido roto (lo que también sería imposible). Es decir, la crisis del PSOE sería terrible y la ruptura del PSOE (por la salida de una de las dos facciones) a medio o largo plazo, inevitable.

Pero es muy posible que los separatistas no quieran hoy elecciones tampoco y busquen una tregua táctica.. De hecho, hay ya un primer gesto de que esa tregua se puede producir y es que Torra ya ha pasado por el aro de proponer para su Gobierno consejeros nuevos, sin cargas judiciales pendientes. Los separatistas, tras el fallido golpe, van a volver a sus cuarteles de invierno, a reorganizarse y a acumular fuerzas para, andando el tiempo, cuando lo estimen oportuno, volver a la carga contra España para, esta vez sí, alcanzar sus objetivos finales y destruir la nación. Para contentar al electorado separatista, a Pugidemont y los suyos les van a bastar gestos de apaciguamiento por parte de Sánchez, como puedan ser inicialmente «mesas de diálogo» y el acercamiento de los sediciosos encarcelados a prisiones catalanas, Los separatistas saben que hoy por hoy no pueden conseguir mucho más, porque si Sánchez accediera al referéndum, el PSOE y la propia España saltaría en mil pedazos. Así que Torra, Puigdemont y compañía esperarán a que pase el tiempo y a que la acción del nuevo Ministerio de Justicia les permita a sus encarcelados incluso la libertad condicional antes del juicio. Es posble que, además, los separatistas prosigan ahora (con el consentimiento de Madrid) su acción en el exterior con sus embajadas y de seguro afinarán (gracias a los impuestos de todos los españoles) todo su aparato educativo, mediático y policial preparando el siguiente asalto contra España. La política de gestos cobrará enorme importancia durante estos meses, porque así podrán esconder y justificar que estén abandonando (tácticamente) el objetivo final. Eso sí; seguirán intentando armar a su Policía para el próximo choque con el Estado. Es decir, se trata de una tregua, nunca de una paz.

Caso parecido es el del PNV, que tampoco quiere elecciones y que también quiere justificarse ante su electorado. Sus movimientos hacia la vía catalana irán en aumento en este periodo. Tienen miedo de que una reacción de la ciudadanía española pudiese destronar a Sánchez y condujese a un Gobierno español que incluso pusiera en duda el cupo vasco. Se concentrarán sobre todo en acercar los presos etarras a las cárceles vascas y se volcarán en fingir un paisaje de reconciliación interna con la inestimable ayuda de los socialistas vascos. Los proetarras de Bildu navegarán en esa misma estela.

Los neocomunistas de Podemos intentarán dar a Sánchez el abrazo del oso. En mi opinión, Iglesias ha llegado al convencimiento por fin de que España no es Venezuela y de que, no habiendo en nuestra nación una clase social miserable que se conforme con subsistir gracias a subsidios (la base del populismo americano), su acceso al poder en solitario es imposible. Cuando se alejó de la careta comunista de IU se quejaba de que estaba llena de “pitufos gruñones”, pero él se ha convertido en el nuevo “pitufo gruñón”; eso sí, desde su nuevo chalé de Galapagar. Van a ser el socio más agrio de Sánchez y el que les va a proponer más problemas, pero menos de los que les gustaría porque su popularidad en España cada vez será menor.

¿Y si estas fuerzas son tan heterogéneas en qué pueden estar de acuerdo?

Pedro Sánchez ha sido llevado al poder por fuerzas muy dispares que solo tienen en común el deseo de romper el consenso constitucional de 1978 para sustituirlo por una república (o por varias, si añadimos la catalana y la vasca). Pero la política económica de PNV y Podemos es absolutamente irreconciliable, así que ¿en qué pueden estar de acuerdo todos?

En primer lugar, en el guerracivilismo que utilizó Felipe González y afiló dramáticamente Zapatero. La Ley de memoria histórica reunirá enormes cantidades de dinero e impondrá la visión estalinista de la historia de los años treinta, incluso con medidas coercitivas. Veremos series, películas, documentales y libros que seguirán en esta estela de enfrentamiento ochenta años después de la finalización del conflicto. ¿Por qué? Porque de ese guerracivilismo viene la culpabilizacón de la derecha española y su castración ideológica. De ahí es de donde extraen todos ellos el argumentario para deslegitimar la ideología liberal y nacional.

En segundo lugar, veremos un auge tremendo de todo lo que tenga que ver con el feminismo. Las campañas y el dinero que se va a donar al movimiento feminista van a ser también tremendos. A esta vorágine se sumarán presumiblemente también Ciudadanos y el PP, incapaces, como ya hemos visto, de articular un discurso propio y ecuánime sobre el tema.

En tercer lugar, la educación. La derogación/modificación de la LOMCE  va a ser cuestión de meses. Puede que no llegue ni a comenzar el nuevo curso académico. Es posible que no puedan a corto plazo sustituirla por otra ley por su falta de entendimiento interno, pero sí harán que cobren naturaleza el adoctrinamiento feminista, guerracivilista y antiespañol en las escuelas (sobre todo en las catalanas).

En cuarto lugar, la lucha contra la lengua española. Los procesos contra la lengua española en Navarra, Valencia y Asturias cobrarán mayor vigor y pronto se traducirán en medidas educativas y sociales que significarán el debilitamiento de los hispanohablantes y la fragmentación de la convivencia entre españoles dificultando la emigración al evitar el acceso a la función pública por medio de medidas lingüísticas.

En quinto lugar, gestos contra la Iglesia. Tampoco excesivos por dos razones. La primera porque en Cataluña y Vasconia, el clero se ha demostrado como manantial del separatismo desde siempre y, en segundo lugar, porque la Iglesia ya ha mostrado en estos meses su pasividad ante la destrucción de España. Parece mentira que una institución que no sería hoy nada sin la labor de España en América, no haya emitido una sola nota sobre Cataluña. Incluso, en determinados sectores eclesiásticos, la ideología está más cercana al PSOE que a la derecha liberal.

La reorganización de las fuerzas nacionales

Con la disipación del humo de la moción, un nuevo paisaje se nos dibuja. Hay unas fuerzas que se han unido a un lado para echar a Rajoy. Son las mismas fuerzas que estaban unidas en el llamado bando republicano durante la guerra civil: socialistas, comunistas y separatistas. Yo sé que no es esto lo que desearían los socialistas, pero las cosas por norma general, ocurren de una manera porque no pueden ocurrir de otra. Es el precio de haber seguido apostando hasta hoy por el guerracivilismo y haber preferido durante décadas a la derecha racista catalana y vasca a la derecha española. El PSOE, el verdadero hacedor cultural de la España en que vivimos, ha creado una sociedad en la que los viejos fantasmas de hace un siglo siguen en pie. No se puede invocar a los muertos impunemente. Porque ahora, nuevamente, esos muertos les han convocado. Y ellos, los socialistas, nuevamente, han acudido a su llamada y se han alineado juntos.

Y cuando un frente se alza ante ti, hay dos opciones: o ignorarlo o enfrentarlo. Rajoy optó, como toda la derecha española desde la transición, por ignorarlo, renunciando a actuar y a defender ideas y programa. Rajoy renunció a defender a la nación. Rivera ha demostrado hasta ahora su incapacidad para actuar y su incomprensión del desarrollo de los movimientos sociales que, en muchas ocasiones, se dan como resultado de un proceso de acción-reacción.. A cada palabra de los adversarios hay que responder con otra palabra. A cada acción de los adversarios, hay que responder con otra acción Eso se traduce hoy de la siguiente forma. A cada palabra de los enemigos de España hay que responder con otra palabra. A cada acción de los enemigos de España, hay que responder con otra acción. Y Rivera no está haciendo esto como vemos cada día en Cataluña, donde la población asiste al rearme separatista sin que nada se le oponga.

Como en tantos otros momentos de la historia, los españoles nos enfrentamos a la crisis nacional sin el apoyo de nuestra burguesía que, nuevamente, ha evidenciado su ceguera y falta de patriotismo, prefiriendo su cuenta de resultados a la cohesión nacional. No son conscientes, ni ellos ni tantos otros, de que, si desaparece España, gran parte de su negocio estará perdido. Sí son conscientes muchos españoles que comprenden que, si se rompe la nación, todo lo construido juntos desde hace milenios, desde los hospitales hasta las carreteras, se destruirá. Si son conscientes muchos españoles de que todos los lazos entre familiares de distintas regiones, todo lo amado y recorrido unidos en cordial convivencia, se destruirá. Y esos españoles, que son la mayoría, no quieren que eso se pierda.

La mayoría de los españoles queremos tener amigos y familiares en otras zonas de nuestro país y saber que algo más que la amistad nos une a ellos. Y ese algo más es España. La mayoría de los españoles queremos pasear por todas las regiones de España sintiéndonos en casa, comunicándonos en nuestra lengua común, que es el español. Y eso es España. La mayoría de los españoles sabemos que provenimos de un pasado unido en el que hemos vivido unidos hechos memorables y lamentables y que esa es nuestra historia.  Y eso es España. La mayoría de los españoles sabemos que somos una de las grandes naciones de Europa y que nuestra aportación a la historia de la humanidad es indiscutible. La mayoría de los españoles sabe que unidos somos más fuertes. Y eso es España.

Y por eso España sabe que se mantiene unida, como siempre ha sido desde la época romana, porque los españoles, a pesar de las minorías amargadas de cada zona y a pesar de nuestros torpes y egoístas caudillos, nos queremos y nos seguiremos queriendo. Porque España somos los españoles.

Eso es lo que cada español consciente debe explicar serenamente a cada español que no se da cuenta del tesoro que tiene. Y ahora toca defender ese tesoro.

Es el turno de las fuerzas nacionales y es momento de unidad. De la maestría en la operación de las fuerzas políticas nacionales depende el futuro de todos. Pero seamos optimistas. Que no quepa duda de que la idea política que consiga agrupar a su alrededor a los españoles conscientes, tendrá el poder en un futuro no muy lejano en sus manos. Y que no quepa duda de otra cosa: a lo largo de la historia los españoles siempre se han unido, de forma natural, cuando se tenían que unir. Ahora no será diferente.

¿Por qué Rajoy ha actuado así en Cataluña?

En los últimos meses muchos españoles han visto asombrados la actitud de Mariano Rajoy ante el desafío separatista. Se han escrito mil columnas diciendo que Rajoy intentaba contemporizar con quienes habían declarado abiertamente la secesión, quería intervenir sin hacerlo a fondo, prohibir sin reprimir, sanar una fractura abierta sin usar el bisturí… La mayor parte de los analistas señalaba que Rajoy intentaba lo imposible: Dar una solución judicial a un problema que es político.

 Y el resultado es evidente. Rajoy es ya el ex presidente de España y el separatista Torra es ya el nuevo presidente de Cataluña. Esos son los datos objetivos. Uno ha sido derrotado y el otro ha resultado triunfador.

Pero de ahí surge una pregunta importante a la que sin embargo no se ha dado respuesta: ¿Por qué Rajoy ha actuado así? ¿Qué le ha llevado a acabar en el fondo de un precipicio del que le avisaban tantísimas personas?  

Yo voy a plantear mis ideas sobre este particular. Más que nada, porque ninguno de estos tertulianos pueden decir lo que opinan sobre este particular.

 

Rajoy, antes que nada, es el representante del Ibex35

 La primera idea, y fundamental, es que Rajoy, como todo presidente en una gran economía de mercado, es en realidad, un representante indirecto del gran poder financiero. Esta idea no es mía. Se trata de un planteamiento marxista ortodoxo. La clase dominante, la gran banca y la gran burguesía (lo que llama Podemos el Ibex 35) son quienes controlan el poder a través de partidos políticos que gestionan el sistema para defender sus intereses de clase. Esta es la misión fundamental de Rajoy y de cualquier presidente.

Rajoy es aupado al poder por el voto de los ciudadanos, por supuesto que sí: pero para que eso sea posible Rajoy necesita muchísimo dinero y muchas horas de proyección pública. Y ese dinero para financiar las campañas lo dan los bancos y esa proyección pública para llevar el mensaje a la ciudadanía la dan los medios de comunicación controlados por los grupos industriales, que son quienes poseen y financian a las cadenas de radio, prensa y televisión a través de los anuncios. Quien no obtiene el beneplácito de estas dos fuerzas (banca e industria) se ve incapacitado para llevar su mensaje a la población y, por tanto, no consigue votantes entre la mayor parte de los ciudadanos, que no son personas que buscan información política por su propia cuenta, sino que se informan pasivamente a través de seguir programas como “El intermedio”, los telediarios, El País o el Abc o incluso ni siquiera se informan. Si no quieren quienes dominan los medios, no te dejan aparecer en sus canales. Esto es lo que explica las dificultades que tuvo UPyD para aparecer en los medios (sobre todo tras denunciar a la gran banca en el caso de Bankia) o las que tiene VOX para tener proyección pública actualmente. Los medios no les apoyan y así ellos no aparecen en las encuestas y por tanto, para la población pasiva, no existen. Es un círculo vicioso porque no son vistos como opciones útiles de voto, aunque potencialmente podrían tener muchos seguidores.

 ¿Qué defienden los poderosos sobre el caso catalán?

 Luego es imposible explicarse el comportamiento de ningún presidente del Gobierno de España sin atender a los deseos de los propietarios y directivos de los grandes bancos y de las empresas más importantes. ¿Y cuál ha sido el deseo del Banco de Santander, de Bankia o de La Caixa durante los últimos cuarenta años en relación con Cataluña?  ¿Cuál ha sido el deseo de El Corte Inglés, de Telefónica, de Repsol y de las grandes empresas españolas? Pues no hacer nada: defender el crecimiento económico sin atender a nada más. Pues justamente eso es lo que ha hecho Mariano Rajoy: nada.

Un solo ejemplo: La posición del Banco de Santander ante el conflicto catalán

 El Santander es el banco más importante de España. Financia con cuantiosas campañas a todos los medios de comunicación españoles. No hay por tanto articulista que pueda escribir en su contra, pues el periódico le pondría en la calle más pronto que tarde. Ellos lo saben y los veremos criticar a políticos y gobernantes, pero no a empresas ni a empresarios porque saben que, en el fondo, quienes financian y dominan los medios de comunicación son ellos. El pasado lunes 21 de mayo la presidente del Banco de Santander, Ana Patricia Botín, afirmaba en la Cadena Ser que “había que enamorar de nuevo a los catalanes del proyecto español”. Es decir, tras un golpe de estado y una proclamación de independencia, la máxima accionista del mayor banco de España no pedía el respeto y cumplimiento de la ley ni pedía proteger los derechos de los catalanes que quieren seguir siendo españoles, sino que señalaba que los catalanes son “a los que hay que enamorar” (no a los que ya están enamorados, que son los catalanes españolistas) y que es España quien debe enamorarlos. La traducción política de estas palabras es evidente: Hay que realizar nuevas concesiones a los separatistas catalanes para que se enamoren de España. ¿Explica esto la política de Rajoy? Yo creo que lo explica todo.

 ¿Por qué el poder económico no aboga por soluciones ejemplares y represivas  en Cataluña?

Así pues, la pregunta de “¿por qué Rajoy ha actuado así en Cataluña?” se debe convertir en “¿por qué´las grandes empresas actúan así en Cataluña?” Y solo hay una respuesta: la idea de las grandes corporaciones es “hagamos dinero hoy y mañana ya veremos”.  Si hay conflicto social, el consumo se verá afectado y eso significa perder dinero. Es más importante para ellos el dinero que la patria. Eso explica su comportamiento. Entre que se debilite la nación y que baje su cuenta de resultados, eligen su cuenta de resultados. 

Esto es una opción miope porque solo conduce, como hemos visto desde 1978, a postergar un enfrentamiento que se acabará produciendo indefectiblemente, ya que el bando separatista no tiene ninguna capacidad de negociación: o nos separamos o nos separamos. Cada año que se posterga el enfrentamiento abierto con la ideología separatista y con sus acciones delictivas es un año en que ese grupo se fortalece, por lo que cada vez se tiene mayor temor a enfrentarlo. La conclusión es obvia. El enfrentamiento se producirá cuando sea inevitable y en ese momento sus consecuencias serán más graves. Para entonces, eso sí, sus cuentas de resultados ya tendrán guardados y bien guardados sus beneficios.

Esto tiene unas causas y es la debilidad histórica de la burguesía española y su escaso patriotismo. Pero este es otro tema más largo y en el que me extenderé en otra ocasión.

Revolución low-cost

En los últimos años, nos encontramos ante escenarios verdaderamente curiosos. Desde dos frentes políticos muy significados (el separatismo y el neocomunismo de Podemos) se ha iniciado una guerra contra el Estado. Tanto unos como otros plantean abiertamente la ruptura del consenso constitucional actual bajo diferentes denominaciones que hagan más llevadero o incluso invisible su objetivo final. Ante todo, seamos felices…

Fantasía y realidad

Los separatistas, que pretenden privar por la fuerza de sus votos a la mayoría de los catalanes de su derecho a ser españoles y europeos (con el montante de beneficios legales, llámese derechos, que eso entraña) privándoles de DNI y pasaporte comunitario, endulzan/ocultan su objetivo final vistiéndose como “soberanistas” y hablan de su “derecho a decidir” y de su “soberanismo». Tergiversan la realidad llamando “democracia” a votar contra la legalidad o “procés” al golpe revolucionario contra el Estado. Ante todo, educación y cortesía… mientras no les toques su credo.

Karl Marx en 1875.

Los neocomunistas, por su parte, se dirigen a la “gente” (término afectivo y subjetivo que engloba a su grey) en vez de a los ciudadanos (todos nosotros, los sujetos de derecho independientemente de nuestra condición social) y hablan en privado de que “el miedo cambie de bando”, de “tomar el cielo por asalto” o de que no pueden «decir la palabra España” para al día siguiente proclamar en público que luchan por el “país de las sonrisas” o por el “diálogo”. Y es que la vida es tan bonita…

Se trata de lanzar un mensaje amable, edulcorado, apto para todos los públicos, consumible sin reparos por cualquier persona amable y sentimental, que no analice las cuestiones estableciendo la implacable lógica natural de los procesos sociales y/o desconozca la historia. Es la política posmoderna.

No es inteligente suponer que esos objetivos últimos de unos y otros (que en realidad son el mismo; esto es, la destrucción de nuestro sistema social actual para sustituirlo por otro en el que ellos sean hegemónicos) puedan conseguirse sin recurrir a la fuerza. La lógica social nos dice que si separatistas o neocomunistas vuelven a intentar destruir nuestro Estado de derecho (que parte, lógicamente, del cumplimiento de las leyes), el Estado español (y todos) se defenderá empleando la fuerza (la Policía, la cárcel y, si es necesario, el propio Ejército). Eso ha ocurrido en la Gran Bretaña cuando envío a Irlanda 45.000 soldados para imponer la pérdida de la autonomía, en Francia en mayo de 1968 o en cualquier otro país del mundo. La propia historia demuestra que los cambios sociales del calado que sueñan unos y otros han conducido siempre a la violencia y a la guerra. En Rusia, en Alemania, en España, en Yugoslavia y en todo lugar donde esto se ha intentado realmente.

El final del verano

Y aquí es donde llegamos al final de todo el ciclo actual. Los seguidores actuales de los separatistas y neocomunistas (lo que unos llaman el poblé cátala y los otros la “gente” por no asustar empleando la terminología marxista “masas”) no están dispuestos a ofrecer a su causa el esfuerzo que esta les exigirá el día en que realmente se pongan en serio en camino hacia la revolución. Y este peaje no es otro que el de sufrir la violencia real en sus carnes. Están dispuestos a irse al extranjero a pasarse unos meses de asueto a costa del erario público o a marcarse un sueldo tres veces el salario mínimo (¿por qué no uno por debajo del salario mínimo para entender mejor como viven los pobres?).

Lo que ha demostrado el sainete catalán ha sido, entre otras muchas cosas, que en la situación actual los separatistas y su sacrosanto “poble catalá” están dispuesto a hacer colectas, fiestas y asistir a misas y manifestaciones, pero bajo ningún concepto a enfrentar las consecuencias que les supondría una verdadera ruptura. Ni los dirigentes, ni los seguidores. Y de ahí toda la farsa a la que asistimos hoy. Quieren ganar la independencia sin arriesgar nada. Ir a la manifestación y cenar en un restaurante de lujo. Apoyar el independentismo y tener las sedes sociales de sus empresas en Madrid. Ja.

Tres cuartas partes de lo mismo cabe decir de los seguidores de Podemos. Están dispuestos a la revolución, por supuesto; pero sin renunciar a su consumismo, a sus vacaciones, a sus peinados de una hora ante el espejo, a sus móviles de última generación y a sus pisos de protección oficial. La Sexta, el escaparate rouriano del neocomunismo low-cost, lo tiene bien claro. Propietario y presentadores que claman contra la «especulación inmobiliaria», pero poseen decenas de propiedades; humoristas que se burlan de la Constitución y de las leyes con sarcasmo para acto seguido acogerse a ellas sin el menor rubor; ideología revolucionaria (antiburguesa y antiespañola) en todos sus programas, pero emisión incansable de publicidad; lucha a ultranza contra el machismo y la mujer-objeto, pero con presentadoras jóvenes, guapas y vestidos cortos; preocupación por la cultura española, pero con la emisión diaria de programas futbolísticos de la peor calaña; crítica a la riqueza y a los ricos, pero emitiendo programas donde algunos privilegiados enseñan sus lujosas casas; críticas al imperialismo yanqui, pero programando películas de acción norteamericanas todos los días. Por un lado, los sueños irreales; por el otro, la tozuda realidad. Se trata de un mensaje incoherente que solo pueden comprar revolucionarios low-cost. Es un mensaje, además, con fecha de caducidad. No se puede estar esperando la revolución toda la vida como si fuera la primavera. El territorio de nadie es el de la inmadurez de las consignas cursis. Más tarde o más temprano, hay que romper abiertamente con la sociedad o aceptarla para sobrevivir. Salvo que se sea rico y se haga del cinismo un modelo de vida.

Mikhail Koltsov – Trabajo propio photo 1936

Durruti decía en 1936, poco antes de morir en la Casa de Campo: “los trabajadores no le tenemos miedo a la destrucción”. ¿Qué diría hoy el viejo revolucionario si viera a quienes defienden la lucha contra la burguesía en España? La LOGSE ha hecho creer en Cataluña y en España a millones de treintañeros (y casi  casi a cuarentones) que se puede alcanzar la revolución con un tuit o tocando el mando a distancia del televisor.

El vano ayer engendrará un mañana…

El despertar llegará y, con toda seguridad, será muy duro. La madurez llegará a todos, aunque sea con setenta años ya cumplidos… Los que hoy duermen despertarán en la sudorosa angustia y sufrirán las consecuencias sobre sí mismos de este gigantesco engaño. ¿Recaerá su ira sobre alguien más?