Sobre los términos “fascismo” y “fascista” y su función social

Introducción

Desde el surgimiento del fascismo en Italia en los años veinte del siglo pasado hasta la actualidad, los términos “fascismo” y “fascista” han seguido una interesante evolución semántica que tiene que ver con su función pragmática-social. Resulta interesante seguir este proceso, pues da cuenta de la extraordinaria movilidad de los significados que se produce en los vocablos relacionados con los discursos políticos y de su estrecha relación con las necesidades política de quienes los emplean con estos cambios.  

¿Qué fue el fascismo en sentido estricto? 

Como bien sabemos, el fascismo es el nombre del movimiento político creado y encabezado por Benito Mussolini en los años veinte del siglo pasado. 

El fascismo combinaba el totalitarismo político con la presencia de elementos económicos socialistas (como la intervención estatal en la producción, los salarios y el mercado) y un exacerbado nacionalismo. Tenía, por tanto, similitudes con los idearios de los nazis alemanes y los comunistas rusos. Los parecidos con los comunistas rusos estribaban en el carácter revolucionario de su movimiento (esto es, la utilización de la violencia para alcanzar el poder y mantenerse en él), la prohibición de los partidos opositores, la negación del liberalismo económico y político y el control de la producción por medio del llamado “corporativismo”. 

¿Qué diferencia hay entre el fascismo y el comunismo? La propiedad privada

Las diferencias entre el fascismo y el comunismo estribaban en que, mientras que los comunistas no respetaban la propiedad privada, los fascistas sí lo hacían, aunque poniendo a las empresas bajo la autoridad del Estado. Es decir, en el fascismo, el patrón seguía siendo el dueño de su empresa, pero no tenía libertad plena para dirigirla, ni para optimizar su beneficio, sino que estas decisiones dependían total o parcialmente del Estado. En el comunismo, la empresa era expropiada y el patrón perdía su propiedad, pasando la misma a ser propiedad del Estado y siendo gestionada por las personas que el Estado designase.

¿Qué diferencia hay entre el fascismo y el comunismo? La supuesta participación democrática de la población.

Los comunistas señalan como otra diferencia el hecho de que en su régimen, son los obreros quienes detentan supuestamente el poder político y eligen sus representantes democráticamente. Pero en la práctica, todos los regímenes comunistas desde la URSS hasta China se han caracterizado, como todos sabemos, por la existencia de un partido único y una dirección política a cargo de la elite del Partido Comunista, de la misma forma que el régimen de Mussolini también tuvo su propia elite dirigente y también hacía elecciones restringidas.

Tabla comparativa entre democracia liberal, fascismo y comunismo

Simplificando, podemos comparar los sistemas políticos y sociales en esta tabla en la que observaremos que entre el comunismo y el fascismo hay más parecidos que diferencias.

Regímenes liberalesFascismoComunismo
Acceso al poder exclusivamente por vías democráticasAcceso al poder mediante elecciones o la violencia revolucionaria.Acceso al poder mediante elecciones o la violencia revolucionaria.
Libertades políticas y elecciones libres.Régimen de partido único. Censura. Represión violenta de los oponentes políticos.Régimen de partido único. Censura. Represión violenta de los oponentes políticos. 
Libertad de prensa y de expresión. Utilización sistemática de la violencia, la cárcel y el asesinato contra sus enemigos políticos.Utilización sistemática de la violencia, la cárcel y el asesinato contra sus enemigos políticos.
Libertad de empresaEconomía planificada por el Estado.Economía planificada por el Estado.
Existencia de propiedad privada.Existencia de propiedad privada.Ausencia de propiedad privada.
Control de la empresa por sus propietarios.Participación del Estado en el control de las empresas.Expropiación y nacionalización de las empresas.

¿Qué designan los términos “fascismo” y “fascista” hoy día? El proceso de generalización y envilecimiento.

Sin embargo, el significado de estas palabras en la actualidad es mucho más amplio de lo que fue en sus inicios hace cien años. Desde el punto de vista semántico, se han producido en ellas dos procesos: los llamados “generalización” y “envilecimiento”. 

Llamamos “generalización” al cambio semántico que supone que el significado de una palabra pase a designar algo más general o amplio de lo que designaba originalmente. Y así, mientras que en los años veinte, “fascista” se aplicaba de forma estricta a los seguidores de Mussolini, hoy día se emplean los términos “fascismo” y “fascists” de forma generalizada refiriéndose como “fascismo” no a ese movimiento concreto sino a todas las ideologías que se consideran autoritarias, poco democráticas o directamente violentas y de la misma forma se definen como “fascistas” a quienes se considera que defienden estas ideas. 

Además ambos términos (“fascismo” y “fascistas”) han sufrido un proceso de envilecimiento, pues han pasado de designar de forma neutra a los fascistas originarios (que entonces y ahora se siguen proclamando como tales de forma orgullosa)  a utilizarse como insulto individual y colectivo, con connotaciones claramente peyorativas.  

¿Cómo y por qué se generalizó y envileció el término “fascista”? 

El vocablo “fascista” dejó de ser una denominación objetiva, con significado denotativo como seguidor de Mussolini y comenzó a ser utilizado como insulto con significado connotativo contra quienes no eran realmente fascistas a finales de los años veinte. Esta obra de modificación semántica se debió al comunismo ruso, sus ideólogos y propagandistas.

Comenzó por el uso del vocablo “social-fascista”, que fue una creación de la Internacional Comunista (Komintern) en su VI Congreso en 1928 para atacar a sus (entonces) enemigos socialdemócratas. Inicialmente, este término se empleó como insulto y forma de señalamiento y aislamiento contra los partidos socialistas europeos en una época en que los comunistas pugnaban por diferenciarse nítidamente de todo aquel que no fuera comunista. Recordemos que los enfrentamientos entre estos partidos socialistas y comunistas habían sido muy fuertes llegando en algunos lugares al asesinato como ocurrió en Alemania. Los comunistas habían escindido la II Internacional y creado la III Internacional o Komintern acusando a los socialistas de “criminales”, “revisionistas” y “traidores” a la clase obrera. Recordemos que, por ejemplo, el líder obrero de la UGT y del PSOE, Largo Caballero, que luego sería llamado el “Lenin español”, formó parte del gobierno del dictador Primo de Rivera. Así, los miembros del PSOE o del SPD alemán pasaron a ser llamados por los comunistas “socialfascistas”.

Pero tras la llegada de Hitler al poder en 1933, el VII Congreso de la Internacional Comunista de 1935 impulsó por toda Europa la creación de “frentes populares” con los partidos socialistas, por lo que los socialdemócratas pasaron de ser enemigos a ser aliados de los comunistas. Por ello, se dejó de emplear el término “socialfascista” y se pasó a generalizar el término “fascista” para designar de forma genérica a los principales opositores al comunismo, que dejaron de ser los socialistas para ser todos los grupos de derecha. Durante la Guerra Civil española, el término se generalizó todavía más, pasando a designar no solo a los seguidores de Falange, sino a los militares, a los religiosos y sus fieles católicos y a las personas de clase media o alta independientemente de su ideología. Todos ellos pasaron a ser “fachas”. Podemos ver ejemplos de este análisis, por ejemplo, en la interesante obra de Clara Campoamor La revolución española vista por una republicana reseñada aquí.

El termino “fascismo” y su función pragmática como chivo expiatorio

Hay una parte de la humanidad que muestra una evidente tendencia a desviar sus problemas y errores hacia los demás. De esta forma, de verdugos o culpables pasan a mostrarse como víctimas. Con esto consiguen limpiar su conciencia, desviar el enfado y el dolor hacia sectores más débiles de la sociedad y, además, recabar simpatías hacia ellos mismo. Se conoce la figura del chivo expiatorio desde la Antigüedad con el sacrificio ritual de personas luego sustituidas por animales y podemos advertir esta misma tendencia en cualquier grupo humano, entre pandillas de amigos, en las clases de los institutos, en las familias y, por supuesto, en la política. Y así, este proceso de asilamiento social y deslegitimación que en ámbitos familiares llamamos ser el “garbanzo negro” y en el ámbito laboral hoy llamamos “acoso”, en la política se ha empleado también con profusión desde los inicios. Ya se hablaba entre los griegos del “ostracismo”, durante la Edad Media se generó el antisemitismo y a partir de nuestro Siglo de Oro, la leyenda negra ha sido el elemento clave usado por los protestantes para estigmatizar a los españoles como punta de lanza del catolicismo y hacerse con el dominio mundial fragmentando la comunidad hispanohablante.

Se trata, por tanto, de un fenómeno tan viejo como el hombre y que sigue hoy día teniendo plena efectividad. Hoy día, en España, se sigue hablando por parte de la izquierda o de los partidos separatistas de establecer “cordones sanitarios” contra Vox o contra el PP, con la carga semántica que esto conlleva. Al emplear esta terminología, las personas contra las que se establecen esos cordones sanitarios son, por tanto, convertidas en gérmenes patógenos, deshumanizándolas de hecho.

Los nazis hicieron eso mismo con los judíos. Primero los señalaron como culpables de la decadencia de Alemania, después los animalizaron comparándolos con cucarachas o ratas, luego los aislaron socialmente, después los encarcelaron y finalmente los asesinaron por millones. Este comportamiento inhumano ha convertido a Hitler en el enemigo público número uno de la historia de la humanidad y buena prueba de ello es que en el reciente conflicto ruso-ucraniano, los dos bandos califican a sus rivales como “nazis”. Esa es la etiqueta que acepta toda la humanidad como significante de las mayores cotas de crueldad e inhumanidad posible. En esto hay un consenso casi universal. 

Sin embargo, como muestra de forma irrebatible Yuri Slezkine en su magnífico ensayo La casa eterna, quienes desarrollaron ese sistema de violencia social y lo llevaron a sus mayores cotas de inhumanidad y exterminio, tanto en número de personas como en el perfeccionamiento cruel de las torturas y asesinatos fueron los comunistas rusos desde Lenin en adelante.

La creación constante  de un enemigo imaginario

Y fueron los comunistas rusos quienes comenzaron sus “cordones sanitarios” desde su acceso al poder. La Revolución rusa, desde el principio, fue un baño de sangre ejecutado por los comunistas rusos en el que murieron por violencia política e ineficacia administrativa decenas de millones de personas. Repitámoslo: a pesar de que han sido los nazis quienes han acabado como representantes máximos de la maldad humana, decenas de millones de rusos habían muerto en la URSS a manos de los comunistas rusos antes de que Hitler llegara al poder. Obviamente, ante esa avalancha de hambrunas y asesinatos masivos en la URSS, los dirigentes solo vieron una forma de impedir la rebelión social, como muy bien señala Orwell en su obra 1984: reprimir hasta la cárcel, la tortura y la muerte cualquier foco de disidencia posible o inventado y generar un enemigo al que echarle las culpas del desastre económico que las ideas comunistas habían producido. Crearon desde el principio una policía política, el NKVD (en el que luego se inspiró la Gestapo) y se aprestaron al señalamiento de disidentes reales e imaginarios, para luego ejecutar sobre ellos la más cruel represión. Los encarcelamientos y asesinatos ejecutados además contra supuestos enemigos (muchas veces militantes comunistas) cuya inocencia era conocida perfectamente por familiares, compañeros de trabajo o camaradas del partido, servía para crear un ambiente de Terror social del que era imposible sustraerse. En ese clima terrible, en el que los propios hijos denunciaban a sus padres, se criaron todas las generaciones soviéticas desde 1917 hasta 1989. 

De esta forma, los bolcheviques desde Lenin hasta la actualidad fueron poniendo nombre a los supuestos enemigos que impedían el progreso de la URSS, a los que hacían culpables de todos los males que asolaban el país. Primero, nada más tomar el poder, fueron los “zaristas”, denominación en la que incluyeron por ejemplo a los cosacos. Cuando violaron, mataron y robaron a todos los “zaristas”, los enemigos de la Revolución pasaron a ser los “burgueses” y los “intelectuales”. Tras el encarcelamiento o fusilamiento de miles de familias enteras de la clase media rusa, los comunistas designaron un nuevo enemigo: los “kulaks”. Era el tiempo de la colectivización forzosa (que generó una hambruna que solo en Ucrania costó más de cinco millones de muertos). Entonces, cualquier propietario de tierras por minúscula que fuera su propiedad podía ser considerado un “kulak”, lo que suponía el requisamiento de las cosechas, la expropiación de sus tierras y su encarcelamiento en Siberia para realizar trabajos forzosos. Es ahí cuando surge el Gulag, el impresionante y terrible conglomerado de campos de concentración soviético que luego imitarán, pálidamente, por supuesto, los nazis. Cuando los comunistas soviéticos acabaron con la clase de los “kulaks”, la economía seguía yendo fatal y el nuevo enemigo fueron los “saboteadores”, que al parecer no tenían mejor cosa que hacer que sabotear los procesos económicos para empobrecer Rusia. Otros tantos millones de personas, entre ellos muchísimos líderes comunistas, fueron encarcelados y asesinados acusados de ser “saboteadores”. Después vinieron los “agentes provocadores”, luego los “social-fascistas” y finalmente los “fascistas”. En todos los casos, lo que menos importaba era qué quería decir el vocablo, porque en realidad siempre quiso decir lo mismo: enemigo que hay que eliminar como a “insectos”. Este lenguaje, consistente en animalizar a los enemigos reales o imaginarios, fue inventado por el propio Lenin y como demuestra Slezkine está en todos sus artículos, documentos y correspondencia privada. Para Lenin los enemigos son insectos, cucarachas, etc. No es un proceso inventado por Stalin, aunque él mismo lo desarrollara como nadie, sino que surgió con el propio comunismo real. 

Los términos “fascista” y “fascismo” como polarizadores sociales y chivos expiatorios del comunismo: El caso de Andrés Nin

Este proceso, en España, mostró muchísimos ejemplos tras la llegada de los espías rusos del NKVD durante la Guerra Civil, donde con la anuencia de los sucesivos Gobiernos prosoviéticos, organizaron y dirigieron el SIM (Servicio de Inteligencia Militar). El PCE consiguió en aquellos tiempos popularizar el término “fascista” (con su variante española: “facha”) entre los comunistas y sus aliados contra sus enemigos políticos, independientemente de que fueran fascistas en sentido estricto o no. De hecho, fueron decenas de miles las personas asesinadas por los comunistas durante la Revolución española desde 1931 hasta 1939 acusadas de ser “fascistas” y posteriormente. Tal fue el caso de Andrés Nin, que había sido secretario personal de Trostky, enemigo de Stalin (también asesinado en 1940 por un agente estalinista, el español Ramón Mercader).

Nin era el líder del POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista) que, dentro del bando republicano, se enfrentó durante la Guerra Civil al todopoderoso PCE proponiendo unas políticas más abiertamente revolucionaria. Este proceso lo describe muy bien George Orwell en su Homenaje a Cataluña, pues el escritor inglés participó en nuestra guerra enrolado en las milicias del POUM. De su experiencia en nuestra guerra surge precisamente su visión sobre el comunismo que plasma en 1984. Tras los sucesos de mayo de 1937 en Barcelona (una pequeña guerra civil entre los comunistas del POUM y la CNT dentro de la Guerra Civil contra los estalinistas), el PCE publicó una falsa carta en la que Nin, supuestamente, proponía a Franco ayudarle a invadir Barcelona. Hoy todo el mundo sabe que esa carta que se empleó como prueba acusatoria era torpe y absolutamente falsa, pero las cosas no eran tan sencillas en 1937 y, de hecho, a las pocas semanas, el periódico del POUM (La Batalla) fue prohibido por el Gobierno prosoviético de la República y Nin fue secuestrado por agentes del espionaje soviético (NKVD) y conducido a Alcalá de Henares, donde fue despellejado y asesinado por los espías rusos. Su cadáver aún no ha sido encontrado, aunque no parece que haya nadie interesado en encontrarle, lo cual puede estar relacionado con lo que estamos hablando.

Cuando esto ocurrió, los militantes del POUM lanzaron una consigna en pintadas callejeras que rezaba: “¿Dónde está Nin?”. A esta campaña por esclarecer el secuestro y asesinato de su líder, los comunistas del PCE contestaban jocosamente escribiendo debajo: “En Burgos, en Roma o en Berlín.”; es decir, tras haberlo asesinado, tildaban a Nin de fascista. Incluso Negrín, el presidente del Gobierno, declaró que Nin estaría “con sus amigos de la Gestapo”. Recordemos que, en esos mismos momentos, era el propio Stalin quien se disponía realmente a negociar con los nazis un pacto que suponía la repartición de Polonia entre ambos países.

El antifascismo como plataforma de masas del comunismo 

El antifascista como antónimo del fascista.

Es también una creación de la guerra española la figura del “antifascista”, como ser político cuya finalidad principal es noble y altruista, pues se trata, simplemente, de un “enemigo del fascismo”. A ese banderín de enganche intentaron unir los comunistas (y con mucho éxito) a todos las personas (de buena o mala fe) que pudieron. Desde el inicio de la contienda, una de las más significativas en lo relativo a la propaganda, los comunistas crearon un relato según el cual la Guerra Civil española era el combate entre un gobierno democrático legítimamente elegido y un grupo de fascistas que se había alzado en armas contra él. Este relato no fue creído por las democracias burguesas de la época y de ahí que tanto Inglaterra como Francia o Estados Unidos firmaran el famoso pacto de no intervención.

Pero otra cosa fueron las masas de estos países y del mundo occidental que, como democracias, eran muy susceptibles a la propaganda. Y a esta tarea se aprestaron los comunistas, lanzando la dicotomía “democracia-fascismo”, que ocultaba la real “comunismo-anticomunismo”, que era la que realmente entre la población española operó durante todo conflicto.

En esta tarea singularmente se intentó polarizar a los escritores y artistas, intentando que firmaran “manifiestos antifascistas” por el tremendo efecto propagandístico que ello tenía en todo el mundo. Y con esa finalidad, los comunistas crearon la Alianza de Intelectuales Antifascistas (AIA) en la que figuraron prestigiosas personalidades como o se hicieron manifiestos en Hollywood. 

Fue así como surgió el término “antifascista”, intentando dividir el mundo en dos facciones opuestas e irreconciliables. Por un lado, estarían los “fascistas” que, como ya hemos visto, eran una creación del comunismo que englobaba a todos los enemigos políticos del comunismo y, por el otro, estarían los antifascistas, que era el término con el que los propios comunistas se designaron a sí mismos y a quienes les quisieran acompañar en su viaje.  La elección de este término intentaba agrupar a toda la población a la que le repugnaba el fascismo, buscando de esta forma atraer a la ideología y estrategia comunista a personas inicialmente no comunistas para instrumentalizarlas para sus propios fines. Esta técnica tan simple como efectiva sigue siendo utilizada hoy por los comunistas en todo el mundo y sigue recogiendo simpatías entre las personas más ingenuas.

Los términos “fascismo” y “fascista” tras la Guerra Mundial

Tras la Guerra Mundial y la derrota de los países del Eje, que podían ser clasificados como “fascistas” (Japón, Alemania e Italia), surgió el Telón de Acero y la Guerra Fría: el mundo de los bloques comunista y anticomunista, el Pacto de Varsovia y la OTAN. Esto hizo que, por ejemplo, la dictadura de Franco y otras similares fueran toleradas por las democracias liberales en la medida en que formaban parte del bloque anticomunista. Esto hizo que el término “fascista” y “fascismo” retrocedieran en su uso y pasaran a ser utilizados en Estados Unidos o Europa solo por los comunistas o filocomunistas.

Estos pasaron a asociar ambos términos a las dictaduras militares de todo el mundo, independientemente de que pusieran o no la economía en manos del Estado. Así la dictadura de Franco o Pinochet fueron caracterizadas como fascistas mientras que con la de Perón el juicio es más benévolo y la de Fidel Castro, directamente no era “fascista”, pues era comunista. Tampoco se designaron así los grupos terroristas de izquierda que defendían ideas comunistas (y por tanto totalitarias) mediante el crimen y el asesinato.

El sinónimo referencial actual del fascismo: el término “ultraderecha”

En los últimos años, se ha producido en toda Europa el surgimiento de unos partidos que manifiestan un abierto rechazo ante la inmigración ilegal, reivindican las tradiciones culturales y la identidad política de sus propios países, son conservadores y cristianos desde el punto de vista moral y desconfían de las regulaciones de corte socialdemócrata que imperan en la Unión Europea. Este bloque ha sido tildado de “ultraderecha” sin atender a las diferencias que pueda haber entre ellos. En la mayor parte de los casos, estos mismos partidos no han mostrado gran interés en deshacerse de esta etiqueta. El auge de estos partidos ha conducido a que, sobre todo en medios socialistas, se haya comenzado a emplear este término en vez del de “fascismo”, pero buscando las mismas finalidades. Este uso se debe a que ninguno de estos partidos reivindica la violencia ni la llegada o mantenimiento del poder por medios violentos.

Los términos “fascismo” y “fascista” en España

El caso español es el más interesante para nosotros, pues es el país en el que vivimos y quizás en el que el término se ha revitalizado con mayor vigor en la última década empleado por dos sectores muy marcados: los comunistas y los separatistas catalanes y vascos. 

La utilización actual se debe, en primer lugar, a las tendencias que en la izquierda española se dieron de forma recurrente tras la Transición a romper el pacto del olvido de lo ocurrido en la Guerra Civil y que daba por supuesto crímenes nefandos por ambos bandos. Este pacto de convivencia se rompió bien pronto y la acusación de “fascismo” abierta o encubierta contra los partidos de derecha y sus militantes se dio desde la izquierda (singularmente el PSOE de Felipe González) desde la propia aprobación de la Constitución (1978) y se revitalizó cada vez que la izquierda vio peligrar su mayoría parlamentaria (singularmente en las elecciones de 1996 con el spot donde se representaba al PP con un dóberman, perro de connotaciones nazis) y eso a pesar de que cuatro de los siete redactores de la Constitución eran de derechas. Esta tendencia llevó a que la derecha española haya sido acusada reiteradamente por los líderes socialistas de ser “heredera del franquismo”, de “no ser homologable a la derecha europea”, de tener comportamientos antidemocráticos o incluso, directamente (en el caso de Vox), de ser fascista. Esta línea de propaganda socialista ha sido secundada por los comunistas sobre todo tras la irrupción de Podemos.

Por otro lado, los separatistas han empleado los términos con igual profusión y así tanto el mundo de la ETA como el separatismo catalán han tildado como “fascistas” a quienes se le han opuesto e incluso ha intentado deslegitimar a España calificándolo como “Estado fascista”, insistiendo en que pervive en nuestra nación el franquismo y justificando de forma constante las agresiones, el aislamiento y hasta el asesinato de de sus opositores (muy singularmente de las casi mil víctimas de la violencia etarra).

La finalidad pragmática: la extensión del terror. 

Desde un punto de vista pragmático, la voz “fascista” se empleó y se emplea, por tanto, por elementos comunistas y filocomunistas contra una persona o un partido con la intención de aislarlo socialmente y, posteriormente si se dan las circunstancias oportunas o necesarias, reprimirlo, prohibirlo, agredirlo y asesinarlo. Es decir, el término, como todo insulto, es el paso previo en la escalada de la violencia, convirtiéndose además en la justificación del empleo de métodos violentos contra las personas que primero han sido así caracterizadas. Es decir, primero se le adjudica el calificativo de “fascista” a algún grupo de personas y eso sirve como justificación suficiente para repudiarlo, aislarlo socialmente, prohibir la difusión de sus ideas, encarcelarlo o asesinarlo. Por tanto, la finalidad pragmática del vocablo es la instalación del terror social, favoreciendo de este modo la pasividad y la inacción ante las políticas comunistas. 

De este modo, además, se realiza una política disuasoria y preventiva. Si una organización a la que previamente hemos catalogado como “fascista”, alcanza el poder democráticamente, nos sentimos legitimados para utilizar cualquier medio para derribarla, singularmente el caos y la violencia. Un ejemplo claro de esto lo pudimos ver en España en 2019, cuando Podemos reaccionó a su derrota electoral y a la victoria del PP declarando la “alerta antifascista”, que consistió en promover conflictos callejeros incluyendo violencia y vandalismo, que no llegaron a más no por falta de interés de sus promotores, sino por el escaso eco social obtenido.

Ese mismo proceso se sigue utilizando hoy por parte de toda la izquierda. Tanto el PSOE como Podemos y sus terminales mediáticas repiten hasta la saciedad la acusació a Vox de ser fascistas y la derecha de ser “cómplices del fascismo y la ultraderecha”, término que es ahora más utilizado para referirse a los enemigos del socialismo y el comunismo. Esto es perceptible cada día en el Telediario o en las declaraciones de los grupos de izquierda. Solo hace falta tener ojos y mirar la realidad de manera objetiva.

Lo más singular de la evolución del término es que algunos partidos de derechas en España, Ciudadanos y el PP, también han empleado últimamente estos términos para designar a sus enemigos políticos, con lo que la generalización del término es ya absoluta llegando a grados de confusión tragicómicos. De este modo, es la misma derecha quien renuncia a explicar a la población qué es el fascismo y cuáles fueron sus causas, para asumir la propia lógica del comunismo, pero encauzándola fuera de su significado primigenio y dirigiéndola hacia otro objetivo externo a ellos: los propios comunistas, singularmente cuando emplean métodos de tipo violento. De este modo, para los ideólogos de la derecha, “fascista” es un sinónimo de “autoritario” o “violento” y no un seguidor de Mussolini.

Conclusiones

Finalizamos por fin esta serie con las siguientes conclusiones fundamentales:

1. El término fascista se asocia con el totalitarismo, la ausencia de libertades, la tortura, la represión y la muerte. Hitler sería el máximo exponente del mismo y el enemigo más importante de la humanidad. 

2. El término fascista se utiliza de forma generalizada por las izquierdas para designar a personas que no son objetivamente fascistas. 

3. La finalidad de su uso es aislar a los colectivos sociales que la izquierda elige como enemigos. Su significado acaba quedando realmente vacío, pues se aplica de forma arbitraria. Su sentido es siempre el de “ser despreciable”. La finalidad es el aislamiento social de estos grupos y finalmente, si se dan las condiciones, su represión, encarcelamiento y asesinato.

4. La segunda finalidad de usar ese término es polarizar la sociedad y dividirla. Al designar a una parte como fascistas, se persigue conseguir que el resto de la sociedad también se declare anti-fascista y simpatice por tanto con la ideología comunista. De estas simpatías provendrán alianzas, influencias ideológicas e incluso la hegemonía ideológica sobre las masas.

5. La tercera finalidad de usar este término es ocultar con esta cortina de humo que las prácticas totalitarias, la negación de las libertades, los robos, las torturas y los asesinatos masivos han sido ejecutados sobre millones de personas allá donde el comunismo ha gobernado o ha intentado gobernar. Es decir, se acusa a un supuesto rival exactamente de los mismos delitos que en la práctica los comunistas han cometido de forma constante.

6. Las derechas han sido incapaces de revelar ante la población este burdo juego semántico y han calcado sus expresiones y conceptos y son ellos mismos quienes emplean también los términos “fascistas”, “cordón sanitario” o “ultraderechistas”. De esta forma, se muestra su incapacidad para dotar a sus bases sociales de una explicación racional de la sociedad quedando a remolque de los conceptos generados por la izquierda.

7. En España, el término se ha usado con profusión sobre todo por los terroristas etarras y por la izquierda en general, bien de forma explícita o bien de forma subliminal al indicar que la derecha española es heredera del franquismo, nostálgica del mismo o no es homologable a la europea. La finalidad ha sido siempre aislar las ideas de derechas en la sociedad. El éxito de esta propaganda es innegable.

¿Cambiar la Constitución o cambiar la ley electoral?

Desde hace años (y más desde hace meses) se oye que hay que cambiar la Constitución. Todavía más, la respuesta que el PSOE ha dado al órdago separatista catalán ha sido, precisamente, crear una comisión que estudie el cambio en la Constitución para dar «encaje» (eufemismo que quiere decir en realidad concesiones) a la ambición catalanista.

La supuesta crisis de Estado que vivimos no es en el fondo más que la consecuencia de una desafortunada ley electoral que nos ha condenado a la mayoría de los españoles a ser chantajeados constantemente por las minorías. Nos explicaremos.

Hay dos grandes focos que cuestionan el marco constitucional: los neocomunistas de Podemos y los separatistas. Para empezar, hay que señalar que con otra ley electoral ni unos ni otro tendrían el peso que hoy tienen. Con la ley electoral alemana, por ejemplo, no se hubieran sentado en el Congreso de los Diputados ni los separatistas catalanes, ni los vascos, ya que para acceder al Bundestag es preciso alcanzar el 5% de votos nacionales y CiU en sus mejores tiempos bailaba en torno al 3% (y no es ironía). Por otro lado, con una ley electoral como la francesa o la inglesa, Podemos no tendría apenas representación parlamentaria porque en esos países solo alcanza sillón parlamentario quien tiene la mayoría en una circunscripción y eso no lo consiguen los podemitas en casi ninguna provincia. Es decir, que los mayores focos de resistencia anticonstitucional se deben, no a la fuerza de sus votantes, sino a una ley electoral que alimenta la diferencia y que ha sido y es un permanente foco de inestabilidad social.

En las épocas anteriores, los separatistas del PNV o de CiU se valían de su voto en Madrid para ir arrancando concesiones al Gobierno de la nación. Es decir, para poder gobernar, los separatistas exigieron a Felipe o Aznar un chantaje. O me das más concesiones o no te apoyo. Lo malo es que el pago del rescate no lo hizo ni el PP ni el PSOE de sus propios fondos sino que pagaron usando como moneda la propia nación española (que es de todos), Es decir, fueron al casino de los trileros separatistas apostando no su propio capital, sino lo que no era suyo  y sí era de todos: la nación española.

Tras la crisis económica, ceder al chantaje se volvió  imposible porque, nuevamente ( y van tantas desde 1898) los separatistas explicaron que las causas de una crisis mundial eran una consecuencia de la opresión española. Y es que cualquier problema internacional, nacional o regional es explicado siempre por los separatistas como una consecuencia de la «opresión» española. El odio a la idea de España es la base de su pensamiento.

Además, tras la crisis, ha surgido de la órbita del viejo PCE más fundamentalista , un partido antisistema y neocomunista que trata de destruir la convivencia, simbolizada en la Constitución. Todo ello ha desembocado en esta crisis de Estado.

Las leyes electorales proporcionales garantizan la dictadura de las minorías

Las leyes electorales son filtros, que traducen los votos en bruto de los ciudadanos en fuerzas de poder político capaces de gobernar un país. Una ley que no garantiza la gobernabilidad es estéril, pues no cumple su función. De poco sirve ser puristas en este sentido. La práctica demuestra que los países en los que ese filtro es inexistente o poco eficaz, tienen gobiernos débiles. Es el caso de Israel, donde hay un sistema muy proporcional en el que un 20% de votos equivale casi a un 20% de diputados. Esto ha conducido a que sea casi imposible que el partido mayoritario (sea el Partido Laborista o el derechista Likud) gobierne en solitario, por lo que al final ha tenido que pactar traidcionalmente con los partidos religiosos,  que para realizar el pacto (como aquí´los separatistas catalanes y vascos) han ido poniendo condiciones cada vez más duras. En la práctica, por tanto, el modelo proporcional es el gobierno de las minorías por encima de las mayorías. Sí, igual que el 3% de CIU o del PNV imponían la política regional a Felipe o a Aznar por encima del deseo mayoritario de los españoles (con lo que la minoría se imponía  sobre la mayoría) allí el Shas imponía sus prebendas para las sinagogas y los judíos ortodoxos por encima de la opinión mayoritaria en Israel. Las consecuencias, en ambos casos, están a la vista: mayor radicalización de ortodoxos y separatistas, menor poder de la mayoría. Es decir, las leyes electorales proporcionales garantizan la dictadura de las minorías.

Las leyes electorales mayoritarias son garantía de estabilidad

Por contra, los países más estables políticamente son aquellos en los que el sistema electoral es abiertamente mayoritario. En  Inglaterra o Francia, para entrar en el parlamento hay que obtener la mayoría en una circunscripción. La segunda fuerza no tiene representación. Y no digamos la tercera: está directamente fuera del mapa. Eso quiere decir que los extremistas (que inicialmente siempre son minoritarios) nunca van a acceder al parlamento con lo que entrarán en un circulo vicioso. Al no entrar en el parlamento, no obtienen dinero de los presupuestos para financiarse, ni tienen presencia mediática, ni obtienen atención de los ciudadanos, con lo que, por lógica, acaban en la cuneta del tablero político. En Gran Bretaña, un partido como Podemos es imposible e inviable como partido gobernante. En Alemania, también, pero por otras razones pues el comunismo está prohibido por ley.

¿Qué ley nos conviene a los españoles?

Algunas personas plantean que se debe ir a un sistema de listas abiertas dentro de un sistema proporcional. Esto es un error que no va a arreglar nada. Nadie conoce a las personas que integran las listas de diputados que vota. De hecho, en el Senado hay listas abiertas y los ciudadanos votan a partidos.   Eso demuestra que esta propuesta no tiene mucho sentido, porque la población no va a hacerle caso.

Hoy, una gran parte de la población está cansada de los partidos. Pero hay un ámbito en que esto es diferente y es en las elecciones locales desarrolladas en los pueblos. ¿Por qué? Pues porque ahí las personas sí conocen personalmente a quién votan y votan a una persona y no a un partido. En el ámbito rural, el alcalde tiene mayor prestigio entre sus vecinos que el diputado entre sus votantes y se preocupa por sus ciudadanos, pues sabe que su permanencia en el cargo depende de ellos. Es más, es común que el alcalde que se ha pasado de un partido a otro haya seguido manteniendo el apoyo de sus vecinos. Esto hace que en ese ámbito la fuerza de esos partidos que emponzoñan la vida nacional sea menor. Aprendamos la lección y hagamos lo siguiente.

Circunscripciones pequeñas y voto mayoritario. Como en Gran Bretaña. Hay en España 35 millones de votantes. Eso quiere decir que en un parlamento de 350 diputados habría un diputado por cada 100.000 habitantes. Si doblásemos el número de diputados (lo que podría hacerse fácilmente suprimiendo el  Senado), habría un diputado cada 50.000 habitantes.

Hechas estas circunscripciones pequeñas al estilo inglés, nos encontraríamos con que Jerez tendría dos diputados y Alcorcón, uno (igual que San Sebastián). Mientras tanto, Gerona (que no llega a los 100.000 votantes) tendría que sumarse a los pueblos de los alrededores para tener un diputado. En las grandes ciudades, como Madrid o Barcelona, los diputados serían diputados de sus barrios y no de los partidos.

Una vez hechas estas circunscripciones el voto sería mayoritario. En cada ciudad y en cada barrio habría un solo elegido: el más votado.

¿Cambiaría la ley electoral el mapa político?

Los partidos perderían fuerza, pues dependerían de sus diputados y no al revés. Y esta fuerza de los diputados sería en realidad la fuerza de los ciudadanos.  Para hacer campaña en un barrio o en un pueblo no hace falta mucho dinero, hace falta que la gente conozca al candidato de toda la vida, de que ha vivido allí y ha hecho cosas por la comunidad.

El separattismo estaría muerto con un sistema así pues no podría chantajear a la mayoría nacional. ¿Estaría en duda la Constitución? ¿Habríamos estado sometidos a la dictadura separatista estos últimos cuarenta años? ¿Se habrían aprobado las discriminatorias y segregadoras leyes lingüísticas catalanas y vascas?

El comunismo también estaría muerto, pues es una fuerza forzosamente minoritaria y que solo alcanza el poder porque otra fuerza también minoritaria la apoya como demuestran las alcaldías que controlan. Podemos no ha sido mayoritaria en ninguna de las capitales en las que gobierna.

En síntesis, hablamos de reformar la Constitución, hablamos de radicalización, de crisis de Estado y a veces hasta de guerra civil. Y no merece la pena tanto dolor y tanto sufrimiento como hemos vivido en Cataluña. Reformemos la ley electoral en las líneas más arriba planteadas y todos los españoles seremos más felices y viviremos con mayor paz y armonía. Seguro.

¿Qué va a ser de Podemos?

Esta ya es. la tercera entrega dedicada a este partido político. Nos proponemos en ella explicar cuáles son a nuestro juicio las razones que han llevado a. Podemos a la situación de crisis que padece hoy día, a escasas horas de su Vistalegre 2, y cuáles son las perspectivas que creemos se abren para este partido político en las próximas semanas y meses.

Vayamos por partes y comencemos por las causas de la situación actual

Podemos: Un partido oportunista

El surgimiento de Podemos no fue algo espontáneo (como ellos nos han intentado hacer  creer) ni tampoco el resultado de una nueva correlación de fuerzas social (como también ellos mismos han intentado difundir), sino el resultado de la intención consciente por parte de viejos grupos de extrema izquierda, de capitalizar la movilización y los sentimientos de simpatía de millones de personas . Y por ello, al ser Podemos un partido oportunista basado en la integración de esos viejos grupos pre-existentes, es normal que en esa heterogeneidad aviven con facilidad las diferencias e se impulse la crisis. Así pues, para entender la crisis del Podemos actual hay que profundizar en los objetivos diferentes que persigue cada uno de sus viejos grupos fundacionales.

Los trotskistas-maoístas son los padres de Podemos

Podemos surge porque un grupo de extrema, Izquierda (Anticapitalista, herederos de la Liga Comunista Revolucionaria y del Movimiento Comunista) realiza allá por enero de 2014 un análisis acertado de la situación . Su título es muy significativo: Mover ficha: convertir la indignación en cambio político. La idea era capitalizar las movilizaciones del 15-M presentándose como sus inequívocos impulsores. Este manifiesto es difundido por el diario Público. ¿Saben quién es el propietario de Público? Jaume Roures, ese viejo amigo de Zapatero al que el antiguo presidente le concediera la cadena de televisión La Sexta. ¿Y saben en qué partido militó Roures antes de ser rico y burgués? Acierto. En la Liga Comunista Revolucionaria; es decir, en Izquierda Anticapitalista, donde en buena lógica, sigue teniendo buenos y viejos amigos. Todo esto es accesible en Wikipedia, no me lo estoy inventando. Basta con pinchar en los enlaces que dejo en este artículo para ver que es verdad.

A este manifiesto se adhieren Monedero y Pablo Iglesias arrastrando a su grupo de amigos de la facultad y a otros activistas de extrema izquierda de su entorno, tanto jóvenes como maduros.  Los Anticapitalistas aceptan a Pablo Iglesias no porque les guste un estalinista (eso es imposible para un verdadero trotskista), sino porque Pablo Iglesias ya se había hecho famoso en Intereconomía desde la primavera de 2013 y ellos en su manifiesto decían textualmente que era imprescindible «La presencia de una serie de personalidades con proyección mediática como cara pública del proyecto». Lógicamente, estos chicos de Anticapitalistas llevan en política muchos años y ya se habían ido escaldados de Izquierda Unida en 2007 (donde estaba el mismo Pablo Iglesias), pero ahora le aceptan sabiendo lo que es (un zorro estalinista), porque no tienen otro igual que sala en la tele como él. Anticapitalistas obtuvo unos birriosos 15.000 votos en las elecciones de 2009 y ahora en 2014 se frotan las manos pensando que pueden llegar a millones de personas. Bien vale la pena, piensan, aliarse hasta con el diablo (el estalinismo), si es, para conseguir sus objetivos. Hoy alcanzar la tarta de votantes y mañana…, ya veremos. Por ahora, la idea que aúna a todos es fingirse jóvenes indignados y capitalizar el voto del 15-M.

Pablo Iglesias: el caballo de Troya estalinista

Y Pablo Iglesias se suma también a ese carro de la mentira. Y ya que Anticapitalistas se viste de indignado, pues él también. Y Monedero, el cobrador de Venezuela, también. Y el otro que es ocupa, también,; y el otro que es activista de lo que sea, también… y el otro, y el otro y el de más allá… ¿Por qué no? Si al fin y al cabo,ellos no tienen oficio ni beneficio y la «gente» a la que se dirigen no dejan de ser unos pobres desgraciados que no pueden ni imaginarse que son simples peones pasivos a los que engañar y movilizar.

¿Y quién este Pablo Iglesias? Un chico obediente, marcado por su apellido más que un nieto de Franco, educado por su padre estalinista, madre, tía y abuela estalinistas y tutorizado por los cuadros comunistas como Monereo desde los 14 hasta los 21 años. ¿Que´puede esperarse de una persona así educada? Salvo que tenga una enorme personalidad (que no la tiene) Pablo Iglesias no podía ser otra cosa que un vulgar estalinista. Es muy difícil abandonar a tu familia y a tu pasado. Y el pobre Pablo Iglesias no ha podido hacerlo. A mí desde el principio me pareció que Pablo Iglesias era un submarino de Anguita y del viejo PCE. Los hechos parecen confirmarlo.

Quien no ha tenido contacto nunca con estalinistas no sabe cómo son. Yo, desgraciadamente para mí, tengo contacto con ellos desde la infancia y los conozco muy bien. Los estalinistas se caracterizan tradicionalmente (desde Stalin) por su doblez, su cinismo y su obsesión por el control del poder. Esos son sus rasgos distintivos mucho más que su ideología comunista. Así, hemos podido ver a Pablo Iglesias enorgullecerse de que era comunista siempre que fuera en actos comunistas para negarlo poco después en actos de Podemos o en platós de televisión. Pero en realidad, Pablo era un mero peón de Anguita y del estalinismo tradicional y su objetivo, desde el principio, fue estalinizar Podemos. Para ello, monta una estructura donde todo depende del Secretario General, que es él, por supuesto. Una vez conseguido esto en Vistalegre 1 (ante la ingenuidad de la militancia y de sus propios compañeros de Podemos), va defenestrando a quien no procede de las Juventudes Comunistas como él, hasta formar una dirección totalemente homogénea y férrea. Como denunciaba Luis Alegre, son todos sus viejos compañeros de las Juventudes Comunistas, que según él «lo tienen secuestrado». En la misma línea, publica otro artículo otro profesor de la universidad, también cofundador de Podemos: Carlos Fernández Liria. Huele todo al viejo estalinismo que hasta hemos podido ver en las últimas semanas una foto en la que se ve al viejo grupo fundacional de Podemos con Iglesias en El Centro. Aparecen rodeados con un circulo todos los que ahora han sido desplazados del poder por Pablo Iglesias. Son casi todos. Me recuerda a la foto de un libro sobre Stalin en la que salía el comité central del PCUS en 1917. En 1940 solo quedaba uno vivo: era Stalin. Que no le quepa a nadie la menor duda de que el objetivo de los estalinistas es el control absoluto de Podemos. Y para ello, tienen que destruir a todos los demás.

Los ingenuos profesores de universidad y el más listo de la clase: Errejón.

Junto a Pablo Iglesias y por debajo de él, al fundar Podemos, quedan sus compañeros de facultad (personas con escaso bagaje académico como él y más preocupados por los «movimientos sociales» y vivir una vida «guay» y «chachi» que por preparar sus clases o investigar en serio). Casi todos chicos bien, procedentes de buena familia, algo ingenuos y lo suficientemente altruistas como para vivir de papá y mamá hasta poder vivir del erario público. Gente que desconoce la historia del movimiento obrero y que no ha hecho política en serio nunca, más allá de organizar sencillos abucheos a Rosa Díez o a quien se acerque por su feudo de Sociología. Estos chiquillos (aunque tengan cincuenta años como Bescansa) viven en el limbo de su ingenuidad. Y la imagen de Pablo Iglesias, que sale por la tele y encima da las clases sentado en el suelo en vez de en la tarima., les subyuga. Desde luego no parece Stalin,  sino Jesucristo. ¿Puede haber un profesor mejor? Y se creen su cuento. Y le apoyan hasta sus últimas fuerzas. Y se creen todo eso de la democracia y la representatividad (algo que un estalinista desprecia por definición).. Y cuando se quieren dar cuenta, su viejo amigo Pablo les quiere llevar al matadero o fuera del partido. Pero atención: hay uno de ellos que es el más listo de la clase. Y parece más tonto de lo que es, pero no es nada tonto. Y además tiene un papá que se las sabe todas. Un tipo que ha sido capaz de militar en la extrema izquierda desde los años setenta y ser director general con la UCD y el PP tiene un mérito impresionante…. ¿O no? Yo estoy seguro de que Pablo Iglesias pudo engañar a todos menos al padre de Errejón. Y Errejón padre orientó a Errejón chico para que se preparase para dar e salto. Y al final, el chico dócil, ese que se comía un pan con azúcar y parecía un niñito, es el que le puede quitar a los Anticapitalistas y a los estalinistas la tostada. ¿A qué es divertido? Y por eso, Errejón y los profesores de universidad que le rodean, que están comprendiendo la verdadera naturaleza del estalinismo, se aprestan a la batalla.

Posiciones ante la batalla de Vistalegre

  1. Pablo Iglesias quiere ganar y que Errejón siga en el partido; pero mucho ojo, bien sumiso, como la cara amable que atraiga el voto más a la derecha sin espantar a los comunistas tradicionales. Eso es posible si Iglesias engaña y Errejon se deja engañar… o finge que se deja engañar esperando su momento. Pero ante todo, Iglesias quiere ganar y para eso lanza un órdago: Yo soy el más mediático. Si yo pierdo, me voy de las televisiones y del escaño.  ¿Qué vais a hacer sin mí, chicos?
  2. Errejón por su parte quiere que Iglesias siga siendo el líder oficial para aprovechar su tirón mediático, pero quiere que sean sus ideas (más abiertas al PSOE) las que triunfen. Eso es imposible. Si Pablo no vence ideológicamente, se retirará para crear una crisis.
  3. Los Anticapitalistas quieren que cualquiera de los dos gane, pero con la suficiente debilidad como para que les necesiten. Por preferir, que gane Errejón, al que suponen más maleable que a un estalinista.

¿Qué va a ocurrir en Podemos?

Pues visto lo visto, ahora ya entramos en la política-profecía, algo que me encanta. Puede ocurrir cualquier cosa, pero yo voy a hacer mi análisis y con el tiempo veremos si me equivoqué o no. Las claves son las siguientes:

  1. El voto puede estar manipulado. Una votación a través de Internet…. Malo. De hecho en las votaciones anteriores de Podemos ya ha habido irregularidades.
  2. Si gana Pablo Iglesias, hará una limpia tremenda dentro del partido y quien se oponga realmente a sus posiciones o le haga sombra real a su liderazgo nacional, saldrá de la organización (bien expulsado o bien se le hará el vacío hasta que se vaya). Si gana Pablo Iglesias, será el fin de Podemos porque la inmensa mayoría de los votantes, los que deciden las elecciones, ya saben que es un comunista disfrazado. Y eso no tiene arreglo. Es decir, el triunfo de Iglesias es la marginación segura de Podemos. Eso al PP le vendría de maravilla.
  3. Si gana Errejón, Pablo Iglesias dimitirá, pero quedará dentro mientras crea que sus ideas pueden tener más proyección que en Izquierda Unida. Comenzará la guerra interna en Podemos para volver al poder. Eso significa que Podemos sufrirá el mismo proceso que sufrió el PCE de enfrentamientos, navajazos internos y divisiones. Electoralmente, a Podemos le irá mejor e incluso podrán plantearse superar al PSOE, siempre que Iglesias vaya desapareciendo de la escena.

En todo caso, lo vamos a pasar en grande. Este es el circo de Podemos, el de los chicos que juegan a Juego de Tronos.

 

 

 

¿Quién es quién en la guerra de Podemos?

Parece que por fin ha estallado la guerra en Podemos. El partido que iba a cambiar la política está reproduciendo los mismos elementos viejos, de toda la historia de la humanidad, demostrando una vez más que la lucha por el poder es uno de los móviles más poderosos para los seres humanos hasta el punto de que algunos llaman a sus partidos precisamente Podemos. Tratamos en esta entrada de reflexionar sobre cuáles son las fuerzas reales en litigio.

Además hay que recordar que uno de los eslóganes más coreados en las manifestaciones del 15-M fue «¡Que no, que no, que no nos representan!» suponiendo que las fuerzas como el PSOE o el PP no representaban a la población española. Podemos surgió (esa era la teoría) como la fuerza que iba a representar a todas esas personas que iban a las manifestaciones. Pero ¿a quién representan realmente cada una de sus tres corrientes?

Pablo Iglesias o el comunismo travestido.

La familia fundamental hoy en Podemos es la comunista tradicional. Es por ello por lo que la vamos a dedicar el grueso de nuestro artículo. Yo siempre he mantenido la teoría de que Pablo Iglesias era en realidad un submarino de los comunistas de Anguita; es decir, que Iglesias es un comunista travestido por puro oportunismo ¿En qué me baso para decir esto? En primer lugar, Pablo Iglesias fue educado en el más puro estalinismo. Sus padres ya eran militantes del PCE (su padre en concreto apoyó el terrorismo del FRAP) y su madre era liberada de CCOO y abogada laboralista. ¿Podemos imaginar sus conversaciones familiares en las comidas y sobremesas? ¿Qué cosas le dijeron sus padres sobre el mundo y la vida desde que aprendió a hablar? ¿Por qué no hizo la comunión y si militó en la UJCE desde los catorce años?. Por pura lógica (su nombre lo delata) fue diseñado, criado, educado y amaestrado por sus padres desde pequeño para convertirse en un estalinista. De hecho, militó en las Juventudes Comunistas desde su infancia (UJCE). Desde el principio fue dirigente y asistió a escuelas de cuadros estalinistas donde fue instruido, entre otros por Manuel Monereo, un ex-miltante del PCPE al que integró en las filas de Podemos en 2016. Tras salir de las Juventudes Comunistas, Iglesias siguió manteniendo lazos con el partido de sus padres hasta hoy. Fue asesor de Gaspar Llamazares en las elecciones de 2011 (cuando aún no se había apropiado del 15-M). Pablo Iglesias nunca ha ocultado esos lazos ni tampoco su admiración por figuras como Lenin, Fidel Castro o Ernesto Che Guevara. Basta con leer su biografía o ver sus videos para darse cuenta de lo que acabo de afirmar. En ese que ponemos aquí en concreto, podemos ver con nitidez todo su pensamiento político. Son dos horas de video, pero no tienen desperdicio.

Como es excesivamente largo, ofrecemos este otro con un minuto que resume el mismo.

Ya en las últimas elecciones, Pablo Iglesias consiguió que Podemos aceptase una alianza con Izquierda Unida, embarcó como Caballo de Troya a Alberto Garzón y cuando creía que el sorpasso era un hecho, metió en las listas a su padre político (Monereo)  y Anguita acudió a su mitin en Córdoba para bendecir esa fusión.

Muy probablemente, toda esta operación se había gestado en secreto meses atrás en reuniones entre Pablo Iglesias y Anguita. Esto es lo que explicaría el odio que el otro sector de Izquierda Unida (enemigo de Anguita) tiene a Podemos. Es la típica pelea a muerte entre estalinistas. Nada nuevo desde 1924.

Ahora, que se acerca Vistalegre 2, Pablo Iglesias, mientras exige una dirección absolutamente centralizada en la que el secretario general (es decir, él mismo) pueda ordenar y componer todo a su antojo, habla también de unidad y de fusión con otras fuerzas más amplias. A nadie dentro de Podemos se le escapa que esa fusión es con el viejo PCE. De esta forma, el PCE desembarcaría en Podemos con el objetivo lógico de dominarlo. Vistas así las cosas, para Pablo Iglesias, Podemos no es más que una careta tras la que ocultar su verdadera ideología comunista. Sabiendo que la población rechazaría esta ideología, hay un esfuerzo consciente en Pablo Iglesias por ocultar sus orígenes. Este caudillo en ciernes es en realidad un guía que intenta conducir a millones de personas a un sitio donde no quieren ir: al comunismo. Es un comunista travestido. En este video expresa él mismo con claridad meridiana  su cínico planteamiento.

La tendencia errejonista

Íñigo Errejón encabeza el otro lado de esta tensa pugna. Es hijo de un miembro del antiguo PTE, otra organización maoísta, por lo que también le viene el ultraizquierdismo de cuna. Sin embargo, curiosamente, ha sido capaz, como su padre (un alto funcionario del Estado) de equilibrar este ultraizquierdismo con criarse en el municipio más exclusivo de España (Pozuelo) viviendo de forma bastante diferente a cómo lo hacían las personas a las que quiere representar. Muy probablemente sus conocimientos sobre las condiciones reales de vida de la clase trabajadora sean inexistentes o se reduzcan a su trato con el servicio doméstico.. Ideológicamente, se ha decantado por un modelo podemita al estilo peronista; es decir, intentando crear un partido interclasista en el que las palabras pueblo o patria signifiquen los míos sin excluir a personas de ningún sector social. Laboralmente, ha vivido de la universidad colocado a dedo y a tiempo parcial por otros profesores de su misma cuerda ideológica a costa del erario público.

Criado a los pechos de Pablo Iglesias en la facultad, Errejón se ha rebelado. Es muy significativo el tono paternal y de superioridad con que Pablo Iglesias habla en el video anterior sobre «su amigo». Con amigos como estos, ¿para qué queremos enemigos? El caso es que el pequeño Íñigo se ha rebelado y puede quitarle el juguete a su viejo jefe. Dedicaremos a esta rebelión un capítulo aparte, pues creo que linda con el terreno de la psicología.  Muy probablemente en la rebelión protagonizada hoy tengan mucho que ver su padre y la poscion de El País, alentándole a ella desde hace meses.

El grupo Prisa en general ha intentado exagerar las diferencias internas entre Iglesias y Errejón, ofreciendo además una imagen negativa, extremista y agresiva de Iglesias, mientras muestran a Errejón como una personas más moderada, dialogante y sensata (y por tanto favorable a un pacto con el PSOE). Basta con ver la columna elogiosa que le dedicó el fin de semana pasado Manuel Vicent. Es obvio que El País cree que el errejonista es un sector más influenciable y “derechista” y en el caso de una debacle o un colapso electoral del PSOE (partido sobre el que Prisa se ha sostenido durante los cuarenta años de la Segunda restauración) se convertiría en su opción preferente. Entienden los prisaicos que dándo una imagen positiva sobre la corriente errejonista en sus informaciones van a conseguir a la larga influir sobre Errejòn y su sector, acercándoles a posiciones moderadas y manipulables para sus intereses. Por eso, Iglesias se queja de que Errejón quiere construir un PSOE-2.

Los ultraizquierdistas de Izquierda Anticapitalista

El tercer grupo en litigio es el encabezado por Miguel Urbán y Teresa Rodríguez. Estos forman parte de un partido previo denominado Izquierda Anticapitalista, que supuestamente se disolvió para intergrarse en Podemos. Como podemos suponer y demuestra su existencia como corriente, estos militantes se seguirán reuniendo aparte para pactar su estrategia interna dentro de Podemos. Izquierda Anticapitalista procede del naufragio del Movimiento Comunista (maoísta) y la Liga Comunista Revolucionaria, (trotskista mandelista); es decir, se trata de una organización de extrema izquierda también comunista, que se presentó muchas veces a las elecciones de forma abierta sin obtener resultado alguno, pero que ahora, tras la careta de Podemos, ha obtenido mucho más éxito.

¿Qué tienen todos en común?

Pues su anticapitalismo, su odio al sistema democrático representativo y a la libertad de empresa y su simpatía por el separatismo y por los regímenes radicales de izquierda de antes, de ahora y de mañana.

También tienen en común otros elementos: su oportunismo y falsedad. Todos se aprovechan e intentan capitalizar los restos del 15-M fingiendo su identificación con las personas que allí se movilizaron. Todos quieren quedarse con esa tarta y el problema es que difieren sobre cómo hacerlo. Tras su abierta lucha por el poder, ha quedado muy claro que, por sus métodos y sus ansias, están peleándose igual que se ha peleado siempre en estos casos: a cara de perro. Lejos queda el eco del «¡Que no nos representan!” que decían encabezar. Lo cierto y verdad es que ahora ellos están peleando por ver quien se lleva el gato al agua, quien se queda como representante de los que no tenían representación. Y no lo olvidemos, la tarta o el bollo suizo por el que ellos pelean, somos nosotros.